El silencio no es mi idioma: En el día de ustedes: Estudiantes

Por Lucía Braggio.

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Por estos días, en tiempos “normales” (o, mejor digamos, de No pandemia), les maestres estaríamos chequeando si tenemos las galletitas y los vasos descartables, abrochando las tarjetas a los regalitos, repasando las consignas del juego, controlando que la compu y los parlantes funcionen. Algunos de ustedes estarían amasando y horneando varias docenas de medialunas. Nosotres, rogando que nos toque una guardia “copada” para ingresar todas las cosas, sobre todo las cocacolas, que tanto nos habría costado que autorizaran (porque no se puede), pero lo logramos.

Por estos días, en tiempos “normales” (o, mejor digamos, de No pandemia), estaríamos –juntes– organizándonos para que esté todo y no falte nada, deseando que no llueva, para celebrar, juntes, el día de ustedes… En el patio, un viernes (porque era el único día de la semana que no había visita).

El día del festejo, con un sol radiante y hermoso, nosotres habríamos llegado más temprano para inflar globos, desplegar guirnaldas, vestir las mesas y hacer malabares de cables para que sonaran unas buenas cumbias. Habríamos esperado, ansioses, un buen rato vuestra llegada, que habría sido de a poco y por pabellones. Nos saludaríamos con abrazos y recién cuando ¡al fin! estuvieran todos, comenzaríamos la tarde jugando juntes y muches intentaríamos, perdón, intentarían hacer trampa y nos reiríamos mucho. Luego vendría el momento de nombrar a cada uno y entregarles el regalito y aplaudirlos, para después brindar, compartir cosas ricas y tirar unos pasos, no sin antes habernos dedicado palabras lindas. En la instancia del brindis con la tan deseada cocacola, seguramente algunos de ustedes nos habrían dicho “¿Sabe hace cuánto que no tomo una coca, profe?”. Seguiría la música de fondo y se multiplicarían las charlas y las risas, hasta tener que despedirnos, nuevamente con abrazos como era costumbre.

Eso es, más o menos, lo que podría estar pasando por estos días, en tiempos de no pandemia.

Este año, el coronavirus nos arrasó: a todes y en todos los sentidos. Pero sé que a ustedes más. Por el riesgo que corren en el lugar en el que están y porque todo ahí se vuelve más difícil, siempre, con o sin pandemia y con pandemia más.  

En cuanto al lugar que nos “encuentra”, que es la escuela, el coronavirus no nos dio tiempo. No pudimos iniciar las clases; no pudimos reecontrarlos ni conocerlos; no pudimos saludar a quienes ya conocíamos de años anteriores ni presentarnos con los demás. No pudo ser la escuela que ustedes harían suya.  

Entre cuadernillos y llamados telefónicos, aún sabiendo que es imposible reemplazar la potencia de la presencialidad, vamos ensayando otros modos posibles de construir. Aún sin conocer nuestros rostros, vamos intentando sortear algunos de los obstáculos que nos impone la distancia y superar las limitaciones que, por su parte y al mismo tiempo, nos impone la cárcel. Sin celular, sin compu, sin conectividad, le seguimos buscando la vuelta para que se posible el (re)encuentro entre personas con mucho para aprendernos y enseñarnos.

Y ahí estamos, acompañando a Gustavo que conoce las letras, pero no sabe juntarlas, y dándole pistas a José que está convencido de que la tarea de las cartas y los números no se puede resolver. A Jorge le costó un poco lo de matemática pero al final le salió; y a Octavio, que nació en Venezuela, le gustó mucho la parte de historia argentina porque le sirvió para conocer más sobre este país. Y mientras Ariel nos cuenta que va haciendo las actividades con su hija, cuando la llama por teléfono, Cristian nos dice que algunos se reúnen, se ayudan y trabajan juntos.

Aunque no puedo dejar de imaginar la escuela que podríamos haber construido juntes en la presencialidad; probablemente, estas escenas sean la escuela “posible” por estos tiempos… y la hacen ustedes. A pesar de las dificultades, los obstáculos y las limitaciones.

Feliz Día Estudiantes