El reloj de arena

Por Liliana Etlis.

Hace un tiempo que estoy pensando en el problema matemático irresoluble de la Cuadratura del círculo, teorema que se discutía mucho cuando tenía edad donde se sumaban al debate la antimateria, los números cuánticos, los viajes a través del tiempo y otras fascinaciones del alma que me llevaban al otro lado del aire, allí donde todo se lentifica incluida la respiración.

Para muchxs que venimos andando en terrenos de encuentros azarosos y múltiples formas de recorrer caminos desdibujados y fértiles, circular por el mundo desde Rayuela para sentipensar y atravesar la vida como la Maga, bohemia, rebelde, transgresora, era además percibir tomando el cielo por asalto en una ensoñación profunda.

Con el correr del tiempo en uno de esos cumpleaños donde una desea y no desea atravesar la década porque es como entrar un poco más a ese submundo de intenso diálogo interno, recibo como regalo Ficciones de Borges y comencé a entregarme a esa vida fantástica donde la complicidad de sus palabras me hacía partícipe del Jardín de los senderos que se bifurcan, visitar cada tanto a Funes el memorioso y otras hexagonales coincidencias imaginarias hasta aquel idioma de Tlön, laberinto destinado a que lo descifren los hombres, donde el contacto y el hábito desintegraban el mundo, tal vez un párrafo que hubiese anhelado sostenerlo en mis huesos siempre.

En mi bitácora llevo un registro detallado de los símbolos que afectan mi sensibilidad, las máscaras de diferentes lugares, referentes culturales que son jactanciosos por el paso del tiempo, las costumbres y la historia.

También afectan mi sensibilidad palabras que encierran conceptos.

Anticuarentena.

Viene de una cadena asociativa que podemos construir: necropolítica, capitalismo, patriarcado, colonialidad, explotación, racismo, xenofobia, esclavitud, secuestro, desaparición, desigualdad, mercado, corporaciones, industria farmacéutica, insolidaridad, delirios, zombies.

Así se ira conformando una construcción extraña, donde algunos países y laboratorios no garantizan casi nada por fuera del mercado ya sea por problemas de patentes y corporaciones farmacéuticas, poniendo en evidencia que los únicos derechos no son los humanos y la naturaleza sino los de la producción de daños, sufrimiento, padecimiento, sin tener en cuenta que hay personas que habitan el submundo de la desigualdad, los sin techo, los nadie para el neoliberalismo. Conforman una nube de incertidumbre la falta de garantía en el cuidado personalizado, sumando la falta de coordinación sobre los derechos de las personas.

El modelo fracasa continuando con la desigualdad a pesar de todo. No es el modelo de vigilancia sino el derrumbe de un modelo de sociedad. El capitalismo. La matriz generativa se construye desde un discurso de guerra donde el enemigo es un virus. Una construcción patriarcal, esclavista, imperial donde los parámetros es negar la vida en común, favoreciendo el discurso neoliberal y la apropiación de lo público, corporaciones, capitalismo predador y la industrialización del campo, la destrucción de los ecosistemas del planeta, las mega granjas, destrucción de bosques y selvas, mega minería y otrxs, bajo un discurso de la excelencia de productividad como organizador de la vida, con la idea de la superación siendo el problema gastar menos en salud para colocar en la balanza como fundamental el exceso  de eficiencia. Explotación.

Sobre la base de que lo fundamental es la vida, comprendiendo que el mutuo cuidado, el trabajo colectivo, comunitario, interdisciplinario son indispensables para la construcción de un futuro, se fueron vivenciando experiencias como las gestiones comunitarias, desarrollos solidarios en  redes, organizaciones sociales junto a las parroquias, ollas populares, docentes, cooperativas de alimentos y otras, residentes y concurrentes de hospitales públicos, vecinos voluntarios, madres y padres de escuelas, grupos convivientes, organizaciones sindicales y políticas, personal de salud de todo el arco del sistema sanitario y otrxs, que frente a la indiferencia del sistema se sensibilizaron hasta la actualidad dando un marco de experiencias positivas, preservando la vida y sumando una ética en función del respeto a la dignidad humana, la justicia, el reconocimiento de los derechos humanos y la dignidad soberana.

Colocar la vida en el centro siendo la misma no solo los seres vivos sino una producción saliendo del mecanicismo, es pensar en la complejidad como trama, conectada a la naturaleza como producto en términos de matriz generativa. La convivencia, la ayuda mutua como mecanismo central, empezar a salir y construir encuentros con los cuidados que incluye la conversación, la relación de armonía generativa, espacios de equilibrio tenso que se nutre de la diversidad y el conflicto es futuro.

En el reloj de arena todo fluye, nada permanece.

Hoy más que nunca tenemos que impedir que los zombis se reproduzcan y las imágenes en los espejos se dupliquen en la transparencia.