El primero de mayo

Por Julio De Vido (h).

El día del trabajador es uno de los días festivos que más me agradan, sin nunca dejar de recordar y conmemorar el mismo día trágico de 1886 en el que se desató la revuelta de Haymarket en la que un número desconocido de obreros murieron luchando por mejores condiciones laborales y una treintena de ellos fueron injustamente condenados y algunos llevados a la horca sin fundamentos ni pruebas más que cierta pertenencia política.

¿Qué me agrada, se preguntarán? Es una fecha que uno la va viviendo muy distinto con el pasar de los años, de niño ve a los adultos decirse feliz día sin saber muy bien porque, de adolescente ya estando enterado disfruta un día sin ir al colegio, hasta que llega el momento que uno ya empieza a querer que también le digan feliz día, sentir esa satisfacción de la tarea realizada, la obligación cumplida y el aporte más directo que se le puede hacer a su país, trabajar.

Este día del trabajador que pasó pinta ser uno de los más oscuros de nuestra historia, cientos de miles de comercios e industrias cerrados, la incertidumbre de los trabajadores de esos lugares que se apodera de ellos entre las paredes de su casa sin saber que viene, cuándo se retoma la actividad ni en qué condiciones. Algunos ya saben que les van a quitar el 25% de su salario, algunos seguramente ni cobraron marzo y muchos otros ya deben dar por hecho que el lugar donde trabajaban difícilmente vuelvan a abrir sus puertas, acá no hay ley ni DNU anti-despidos que evite este proceso.

Pero como en este espacio nos gusta hablar de la actividad agraria argentina y del mundo rural, vamos a hacer un breve repaso sobre que abarca el sector primario y parte del secundario en el espectro laboral argentino.

El producto bruto interno básicamente implica la suma de lo que todos trabajamos y producimos en nuestro país, sin ir más lejos, el aporte directo del agro a este es del 9,9%, de forma indirecta hay cálculos que hablan de un 34%. Un ejemplo de esto último es que el 85% de la producción granaria se transporta en camión, esto implica que a lo largo de toda la cadena se realizan aproximadamente 4,4 millones de viajes, es decir, un campo en producción, un camión, un camionero, repuestos y servicios, estaciones de servicio, etc.

Según datos del INDEC en el año 2018 de 17 millones de empleos privados, 3,7 corresponden a aquellos empleados directamente en las cadenas agroalimentarias, el eslabón primario concentra 1,4 millones y de estos el 32% corresponde a economías regionales, es decir, estas son la principal fuente de trabajos dentro de la actividad primaria, son trabajos con fuerte arraigo local y de gran sentido federal al estar distribuidos por todo el país en los ámbitos de mayor ruralidad. El eslabón industrial del agro emplea a 826 mil trabajadores, unos 25 mil de estos lo hacen en el complejo aceitero que año a año registra junto a los trabajadores bancarios las mejores paritarias a nivel nacional.

Claro que hay factores a corregir, mejorar y legislar, aproximadamente un 30% del empleo es informal y la característica que en la mayoría de los casos se trate de actividades de carácter temporario genera que las corrientes de migraciones internas de los trabajadores para estos momentos clave junto malas prácticas empresarias desarrollen ambientes de pésimas condiciones laborales, trabajo infantil incluido, y desapego a las normas laborales agrarias vigentes por ley 26.727 y aplicadas por la Comisión Nacional de Trabajo Agrario en la cual están representados todos los sectores de la actividad.