El oenegeismo como herramienta del poder hegemónico

Por Alessandra Minnicelli.

Parece un tema tabú pero hoy en nuestro país es una realidad, se trata de la cooptación de los movimientos sociales por parte del oenegeismo promovido por la derecha en los países en vías de desarrollo y en el nuestro fuertemente instalado por la ex Ministra Stanley durante el gobierno macrista.

Si hacemos un poco de Historia geopolítica vemos que desde los sectores más conservadores de la administración Reagan se denominó reversibilidad histórica a la ola de movimientos de liberación nacional (Barry, 1989), así es que EEUU se propone –luego de la derrota en la península de Indochina- no perder ningún otro país de su órbita de dominación. 

Para ello se buscó instalar la idea de que el derrumbe de los gobiernos democráticos por las dictaduras militares se producía por incompetencia interna y a partir de la década del 70 Estados Unidos comienza a apoyar a la oposición política a través de “ayuda humanitaria” para desarticular todo movimiento social que buscara soberanía política e independencia económica el objetivo era –y es – generar caos social y el desmantelamiento del componente social del Estado.

Un proceso silente que se traduciría más temprano que tarde en “afasia política” (Bilbao, 1995) o incapacidad de expresar en términos políticos las cuestiones sociales una suerte de concepción liberal de la ciudadanía. Sobre todo, a aquellos sectores que se encuentran en situación de desarraigo social. En aquellos contextos socioeconómicos donde las carencias humanas son elevadas, la pretensión buscada es la de revelarse contra las instituciones democráticas porque las estructuras e instituciones formales del Estado no llegan a la población o no resuelven sus carencias.

Muchos autores lo han descripto más eufemísticamente como de entrada en la “sociedad del riesgo”: aquella en que se desmoronan las certidumbres y los marcos de protección colectivos, son reemplazados por opciones individuales, autorreferentes.

Estas organizaciones – y los consecuentes movimientos, al estilo de la llamada “revolución de color “-, hacen énfasis especial en las operaciones psicológicas a través de la diseminación de información antigubernamentales entre la población como propaganda. 

Hay autores que explican o recrean el concepto de revolución de colores y advierto que los vectores empleados sirven de herramienta al oenegeismo instalado en los movimientos sociales de nuestro País. 

Entre ellos la diseminación de noticias falsas, creadas con anticipación, representa el núcleo de estas operaciones, donde además de los medios de comunicación tradicionales empiezan a jugar un papel importante las diferentes redes sociales. 

En la primera etapa, se promueven acciones no violentas que logren generar un clima de malestar en la sociedad, la herramienta de las denuncias de corrupción y divulgaciones de rumores infundados resulta facilitadora para ello.

La segunda etapa lleva el disfraz de la “defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos”, que están acompañadas de acusaciones contra los gobiernos que si buscan con acciones positivas darles dimensión y virtualidad a esos derechos. 

La tercera etapa involucra reivindicaciones políticas y sociales valiéndose para ello de la manipulación de colectivos desprotegidos y vulnerables que buscan manifestarse de forma más violentas contra las instituciones. 

Para la cuarta etapa, se necesita de ONG.s, contrarias al interés nacional que mediante operaciones psicológicas puedan crear un clima de ingobernabilidad. Parten de suponer que este oenegeismo, esta forma encubierta de sociedad “civil”, es la que corregirá las disfunciones del Estado y del Mercado.

Perón hablaba de las organizaciones libres del pueblo y Gramsci (1980) concebía a principios de siglo XX a la sociedad civil como un proyecto en continua construcción, como un componente esencial de la hegemonía: espacio donde se producen y difunden las representaciones ideológicas, donde se fabrica el consenso

Bueno, nada de esto está ocurriendo con la irrupción de esta forma nueva de modelar a la sociedad civil que es el Oenegeismo financiado bajo forma de ayuda humanitaria.

Para Gramsci la sociedad civil es también Estado, pues éste, en contra de la doctrina liberal que lo ve sólo como aparato institucional de gobierno, es el resultado de las relaciones de fuerza y poder mantenidas al interior de la sociedad. Pero por eso mismo la sociedad civil puede ser también lugar de contestación, “escenario legítimo de confrontación de aspiraciones, deseos, objetivos, imágenes, creencias, identidades, proyectos, que expresan la diversidad constituyente de lo social” (Acanda, 1997). 

Sin embargo, la habilidad de la clase detentadora del poder “radica no en intentar impedir las manifestaciones de esta diversidad, sino en cooptar todas ellas dentro de su proyecto de construcción global del entramado social” que no responden a una concepción propia sino a la impuesta por estas ONG´s financiadas por gobiernos extranjeros –imperiales- que buscan no perder hegemonía en nuestra región.

Y que espacios se abandonaron para que esta penetración del oenegeismo en los movimientos sociales, sea posible. Encuentro dos razones de peso: 1) El colapso del movimiento obrero y su alejamiento de la protección diaria de los derechos sociales de los trabajadores y 2) el abandono del territorio, el corrimiento de referente Intendentes como herramienta institucional para procurar solucionar los problemas de los vecinos.  La caída del empuje de ambos tipos de movimientos y el espacio ganado por el oenegeismo es lo que redunda hoy, por ejemplo, en la despolitización de la vida cotidiana.

En la tarea de privatización de aquellos “derechos sociales” que llevan adelante estas ONG.s , con el consiguiente retroceso de la ciudadanía para buena parte de la población , se generaliza la mutilación de sus prerrogativas para el conjunto social y se abandona la idea de sociedad civil organizada dentro del Estado y el respeto a las Instituciones , menguando así la idea de ciudadanía , la idea de tejido asociativo popular constituido en aras de conseguir objetivos económicos y sociales comunes.

El proceso hegemónico de las oligarquías que tan bien describe Gramsci, obtiene de esta forma, la impunidad y la inmunidad necesaria en su afán de lograr una mayor concentración de la riqueza.