El nuevo orden individual

Por Luciana Hidalgo Bartocci

Había una vez una realidad que se pretendía tapar permanentemente, en nombre de alguna causa noble. La única verdad, esa que vivimos a diario, es la que nos seguimos resistiendo a atender, mirar, transformar y finalmente, mejorar. De eso se supone que se trata el concepto de «política», algo que cada humano tiene la soberanía de ejercer desde cualquier ámbito.

Cuando Perón hablaba del bastón de mariscal que lleva cada uno en su mochila, se refería a eso. Tenemos la habilidad de crear el mundo en el que queremos vivir. Para que eso sea real hay que trabajar. Muchos dirán: – pero estamos en cuarentena, no podemos salir. Claro, y cuando no estábamos en cuarentena había otra excusa para ni siquiera llamar por teléfono a hermana. Otros dirán: – la odio a mi hermana. Bueno, ese es el ejemplo de la necesidad de trabajo que nos va a seguir esperando hasta que lo hagamos. Cada ser humano tiene su particularidad en su vivencia, nadie pretenderá que hagamos lo que no queremos, pero sí que nos permitamos sanar. Ese odio que no sanamos con alguien se traslada y se hace quiste en el corazón del Hombre.

Entonces mejor hablemos del mundo, del nuevo o del viejo, del orden o desorden del mundo, debatamos sobre taras generacionales que justifiquen seguir resentidos con nuestra historia para no transformar nuestro presente, hablemos de soros, del dólar, del déficit fiscal, de Evo, de Trump, China, Rusia y de cómo usan el twitter los políticos actuales.

Como eso tampoco alcanza para canalizar tanto sufrimiento a la existencia humana, sigamos con echar de los edificios a los empleados de la salud pública, digamos que está por delante la salud cuando hay gente que ni tiene agua potable en la casa, quejémonos de los aplausos a los médicos y de paso del cacerolazo también, profundicemos la división y el odio sin asumir la urgencia de tender puentes humanos con miradas integrales desde la justicia social.

La comunidad se organiza, como dice Evita en La Razón de mi vida: «Ese debe ser nuestro objetivo. Nada más que ganar el derecho de crear, junto al hombre, una humanidad mejor». Ese es el aporte que hace la mirada de la mujer, no el circo al que nos vienen exponiendo como sociedad. La sociedad tiende a asociarse, no a organizarse. Entonces nos asociamos según la vereda de rivalidad en la que nos encontremos dentro de esta masa.

¿Hasta cuándo nos vamos a seguir ignorando?

Ignorar lo que queremos y lo que no queremos. Ignorando nuestro cansancio ante la eterna lucha por absolutamente todo, es negarnos la paz para nosotras, para nuestra comunidad y para todos los pueblos del mundo.

«Hay que sanar el corazón del Hombre argentino» decía Perón, y ese sanar se da hablando de lo que nadie quiere hablar, de lo que pasa en nuestras casas, de lo que vivimos con nuestros hijos, amigos, compañeros de trabajo. Reanudando así el sentido de comunidad y el traspasamiento generacional.

Asumamos el compromiso de transitar los procesos de los cuales le habló el Papa a los movimientos sociales en Bolivia. Trabajemos en nosotros mismos para crear las familias sanas con las que soñamos, para edificar la tan anhelada comunidad organizada, porque si hay una oportunidad a nuestra permanente disposición, es la de cuidarnos y cuidar al que tenemos al lado, como decía el flaco Spinetta, entender por fin que: “ningún individuo se realiza en una comunidad que no se realiza”