El necesario devenir

Por Liliana Etlis.

Estaba cerrando la noche y amparada por el recuerdo de aquellas marchas y recorridos donde cantar, reclamar, escuchar, reír eran una fiesta, fui encontrando lo que quedó guardado en mi memoria. 

Me sentía feliz, salimos por la vida, por parques, plazas, espacios verdes negando torres y cemento. Hoy anduvimos marchando para ganar la calle cuidándonos entre todxs, como decía el poeta Raúl Tuñón *Estamos en una encrucijada de caminos que parten, y caminos que vuelven, y nosotrxs estamos volviendo a ganar el aire*. 

Comenzamos a amucharnos en el Playón de Colegiales para reclamar que paren las obras de construcción de las torres y que el ruido llegue a los tímpanos del alcalde medieval, entre los millones de derechos que durante estos últimos años nos arrebataron en Capital. Las consignas se fueron armando a partir de letras sueltas en el aire con aroma a cambio, algunas palabras con profundo significado, frases que salían de gargantas secas de tanto pronunciarlas, cánticos a pesar de los dobles barbijos y distancias, intercambio de  ideas y luchas que vienen del fondo de la historia y que recorrieron momentos de andares; así retornaron lentamente y con fuerza el deseo de estar con más presencia  y de participar exigiendo derechos. 

Durante los meses de pandemia, a algunxs se les oprimieron ideas formando nudos en los hemisferios cerebrales entrando en confusiones severas y posterior atrofia, en otros se les produjo ceguera al ver la realidad deformada y recordé un libro que quiero mucho, Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, donde relata una epidemia en el mundo donde las personas se infectan, quedando un grupo en cuarentena en un asilo del ministerio de salud, incluida una persona que sí mantiene la visión.

Hago un paréntesis por la similitud de lo que vivimos y lo ficcional de la narración. En un recorrido hace referencia a que están ciegos pero viendo, ciegos que pueden ver, pero no ven. La función de la ceguera y su significado simbólico apunta a una crítica a la manera de concebir al mundo, la ceguera como representación de la crueldad y la deshumanización a la cual llegan los seres humanos al ser desprovisto del sentido de la vista como manifestación de la decadencia. Los miedos, temores a las incapacidades, la moral y las responsabilidades juegan un interesante interrogante sobre la comunidad y sus experiencias vividas. La tristeza emocional, los impactos socioeconómicos, el cansancio, las presiones sobre los trabajadores de atención médica y el sufrimiento social coinciden en gran medida con la novela ficcional. Lo asocié con los que salieron a la calle por la muerte y con el odio entre lenguas que se revuelcan en paladares envenenados.

Recordar es pensar en mañana, decía Alberto Szpunberg. Entrar en ese laberinto del andar junto a otrxs para construir es develar el lado interno de los ojos que daña y poder observar la potencia de las miradas como parte de una diferente perspectiva para poder comprender a la corporeidad como cuerpo político atravesado por sensaciones, memoria, presentificaciones, charlas con los que ya no están, pero siguen andando, oídos que guardan secretamente las reliquias de consignas que siguen vigentes.

Cuerpo político a descolonizar y generar una matriz facilitadora para potenciar lazos sociales, el pensamiento y habitar la experiencia del cuidado en común.