El mundo en bloques

Por Julio de Vido (h).

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El Mundo se encuentra en una situación de intensa incertidumbre tras la irrupción de la pandemia ocasionada por el Covid-19 y la desordenada transición presidencial en la que hasta ahora está sumida la principal potencia política, económica y militar, Estados Unidos.

La primera cuestión parece ir viendo la luz al final del túnel al sucederse los anuncios de los laboratorios participantes en la carrera por obtener la vacuna que genere la tan buscada inmunización, casi que diariamente observamos en las principales portadas los porcentajes de efectividad que logran, o al menos anuncian, dichas compañías. Aunque por otro lado se suceden cifras record de contagios y muertes en lo que se trata de la segunda ola o brote en el hemisferio norte.

Sobre lo segundo, aun con los reiterados tweets del presidente Trump acusando fraude en las elecciones, importantes miembros del Partido Republicano buscan poner paños fríos para no inmiscuirse institucionalmente en la cruzada asumida por el presidente y buscar una salida “políticamente correcta” aun teniendo, o habiendo tenido, Donald Trump niveles record de aprobación en el seno del Partido Republicano.

La condición geográfica de América Latina como “patio trasero” de los EE.UU., reflejada en los distintos procesos políticos de la región, condicionando sus democracias y soberanías, tiene como consecuencia la débil integración regional del bloque que ha minado el multilateralismo y la coordinación de políticas comerciales orientadas a la inserción inteligente en los flujos de comercio internacional.

La irrupción de China en todo el transcurso del siglo XXI, posicionándose esta como principal demandante e importadora de productos latinoamericanos, derivados fundamentalmente de sus recursos naturales, erosionó de forma relativa la importancia de EE.UU. como socio comercial de los países aun manteniéndose como la principal fuente de inversiones extranjeras directas, al menos en el caso de Argentina.

Algunos países no han abandonado su alineamiento con Washington, aunque no por ello hayan prescindido de ampliar su ventanilla de atención con China, tal es el caso de Chile con sus diferentes gestiones de los últimos años tanto de Piñera como de Bachelet, como de Brasil fundamentalmente bajo el gobierno de Bolsonaro.

En términos de aumento de los volúmenes de comercio internacional, el mundo fue el gran beneficiado de la estrategia de crecimiento y desarrollo del gobierno central chino, sacando este a ochocientas millones de personas de la pobreza en los últimos cuarenta años.

Dentro del mundo también se pueden distinguir particularmente una serie de países muy beneficiados, casualmente cercanos geográficamente al gigante asiático, la región del sudeste asiático (esta es la de mayor crecimiento económico en el globo), Australia y Nueva Zelanda.

Si se analizara puntualmente el desarrollo individual de cada país del sudeste asiático, más de un liberaloide saldría espantado de ver que justamente la apertura comercial y económica no ha sido la matriz del crecimiento, sino todo lo contrario, economías fuertemente protegidas y con manejos muy férreos en sus conducciones, en algunos casos, lejanas al sistema democrático pero que aun no siendo el fin mismo, se permitieron derivar en procesos de apertura gradual.

Claro ejemplo de esto es la firma que se dio de forma virtual el 15 de noviembre entre quince países del tratado de libre comercio más importante del Mundo (Australia, Brunei, Camboya, China, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam), la Asociación Económica Regional Integral concentra el 30% de la población mundial y el 30% del PBI, haciendo a este bloque más significativo tanto de la Unión Europea como del bloque Canadá-EE.UU.-México. Claramente el rol de China como eje de la región es preponderante.

Obviando muchos factores que refieren a la cuestión diplomática, en materia agropecuaria este bloque tiene verdaderos pequeños gigantes que han aprovechado el contexto para tener saltos cualitativos y cuantitativos en sus producciones, tal es el caso por ejemplo de Nueva Zelanda que con una superficie de cuarenta mil kilómetros cuadrados menor a la de la provincia de Buenos Aires (307.000 vs 268.000) se posiciona como el octavo productor mundial de productos lácteos del mundo, orientando un tercio de su producción a China.

Resaltando lo dicho anteriormente de que se trata de la región con el mayor dinamismo económico en el mundo evidencia la ventaja competitiva de tener a la locomotora china a miles de kilómetros menos que nuestras pampas o nuestras reservas de litio o nuestros viñedos. Es por ello que en este artículo quería destacar la importancia de la integración regional como medio para un aumento sostenido tanto en materia de producción como de intercambio comercial.

Evidentemente no son procesos simples ni rápidos ni menos aún exentos de tensiones políticas por los intereses nacionales que cada país debe defender, la AERI se negoció durante casi diez años y se sucedió con eventos como el retiro de India de las rondas, aun así dejándole una silla en la mesa para cuando resuelva los motivos por lo que prefirió no firmar en esta oportunidad.

Nuestro país tiene las bases sentadas con la estructura del MERCOSUR que a pesar de sus vaivenes se mantiene como la principal alianza regional, seguramente en el cortísimo plazo según las intenciones del gobierno y los gobernadores se tenga que avanzar en un acuerdo bilateral integral con Chile para facilitar la salida de distintas producciones fundamentalmente de Cuyo y del oeste de Argentina por los puertos chilenos para achicar las distancias con los destinos asiáticos.

La agenda y las prioridades son dinámicas y lejos están de tener que estar atravesadas en todos sus frentes por el coronavirus, aun habiéndose encontrado el Estado con el deterioro de los años macristas y la posterior caída económica de la caída misma, la agenda del futuro se construye día a día y depende fundamentalmente del rumbo que se determine lo antes posible y claro, de funcionarios que funcionen.