El muerto

De Pablo Rizzi.

Mi personaje favorito nació en Almagro pero viaja por toda esta bolita cósmica llamada tierra, y es tanto la muerte en persona como el más inmortal de los mortales. Una vez se lo dije, creyéndome ingenioso, y se enojó.

Me contó cómo murió en una noche nevada tras recibir un disparo, y caer del resbaladizo techo de un vagón del Expreso de Oriente. Y al día siguiente volvió a morir, arrollado por el mismo tren mientras pretendía cruzar por las vías de un puente en los Cárpatos.

—Soy como un Jesucristo boludo, o un vampiro, ¿cuál es la diferencia? un dibujito animado con sonrisa idiota saliendo de abajo de un piano, rodeado de pajaritos que orbitan. Cuando se separaron los Zeppelin sentí que era una señal, me habían cerrado la escalera al cielo.

—Pero se juntaron.

—¿Sin Bonham? ¿En serio?

Mi personaje favorito trabaja en las películas. Todos lo vimos alguna vez y es tan bueno en lo suyo que ha recorrido el mundo recibiendo hachazos o estacas en el pecho. No es un doble de riesgo, es simplemente, el muerto. Pero el puto amo, el mejor muerto que viste en tu vida.

Es ese que muere en la escalera de El Padrino, es el punto que cae en el horizonte en la última de Nicolás Cage, es el cuerpo dentro de la segunda bolsa en la morgue de Hollywood. El hombre que mejor muere en el mundo es argentino y está ahora está ahí, sentado, tomando un mate frente a la PC, después de 15 minutos de probar micrófonos, auriculares y cámara para una vídeollamada que intuyo, es un muerto al llegar.

Volvió repatriado escapando de la pandemia en el peor momento de Europa.

¿En serio acá hay gente anticuarentena que sale a contagiarse voluntariamente?— pregunta.

Me da vergüenza contestar —¿Dónde estuviste?

—En San Andrés de Teixido— dice— donde el océano Atlántico se abraza al Cantábrico en la frente de esa mujer triste que es España, y sentí ganas de volver, terror de no poder volver Pablo!

—¿A Baires?

—A Baires, la capital de ese país que siempre está al borde de la muerte y zafa. ¿Cómo no voy a ser el mejor? Incluso cuando las cosas andan bien, acá la gente vota suicidándose. En cambio allá para esquivar la muerte dicen «Fui de vivo a San Andrés de Teixido», y se mueren igual; hay una capilla frente al cementerio y sobre las nubes, en donde se escucha el romper de las olas.

¡Y no las ves Pablo! Ves un mar, pero un mar blanco de nubes que cubre todo debajo tuyo. Y ahí están los acantilados, ocultos bajo la alfombra

Para algunos eso es la muerte, un paseo eterno sobre un mar de nubes.

—La muerte sos vos— le digo.

—Yo soy la vida eterna— me contestó.

—Provida?

—Ni en pedo. Para morir primero hay que haber vivido, Pablo; y el mundo está lleno de gente que nunca vivió, y de cagadores que viven su día como si fuera el último.