El misterio de los jazmines que re-generaban la tierra en marzo con aroma a mujer en lucha

Por Liliana Etlis.

Mi padre presentificaba con jazmines para las mujeres de la casa, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y nos relataba trozos enmantecados de la historia facilitando la expansión de las ideas. Desde la genealogía familiar hasta el día actual donde las potencias femeninas familiares avanzan en una transversalidad, mi madre, mis tías, primas y hermanas han sido envueltas desde el silencioso  y latente devenir entre el aroma de jazmines que mi vecina regalaba a mi padre para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora entre las sucesivas dictaduras militares y luego, durante la conquista de la democracia.

Con el paso del tiempo, sabedoras de la rememoria nos uníamos al lugar aireado por los rituales atravesados en décadas pasadas. Allí mismo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora marcaba con fuego la historia en palabras dolorosas por cada mujer, cada familia, cada hijx que relataban el sabor amargo de la injusticia, quedando en mí señal latente de identidad profunda. La fecha se replicaba independientemente del lugar y del siglo.

¿Cómo amasaban potencia las mujeres que luchaban por salario digno, reducción de jornada laboral y mejores condiciones de vida? Con dignidad unían y mesclaban, mesclaban y unían ingredientes con una pisca de sal, otra de lucha reivindicatoria, la que incluía maternaje de otrxs hijxs, la que reparaba la tierra,  la que abrazando su vientre crecido con amor fantaseaba su rostro de luna llena.

 Seguramente en ese bello lugar de la política donde el intercambio de ideas y sentires se realizan también bajo el espanto de las condiciones laborales o en la orilla tenue de algún espacio acalambrando vientos, el misterioso orden desobediente atravesado por el deseo, fue silenciando un recorrido transparente para muchxs, para otrxs invisibilizados y para lxs que albergan el nido del sinuoso estar, construyeron hebras iluminadas por el sol.

En marzo, mes de los jazmines perfumados, un suceso marcó a fuego lento la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo en 1908.

129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton de Nueva York, EEUU, luego que se declarara la huelga  con permanencia en el lugar de trabajo por motivo muy claro, la reducción de la jornada laboral  que eran de 10 horas, un salario igual al que percibían los hombres que hacían las mismas actividades y las malas condiciones de trabajo que padecían. Eso reclamaban estas mujeres dignas. El dueño de la fábrica ordena cerrar las puertas del edificio para que ellas desistieran del pedido y abandonaran la lucha.

Dijeron NO. Pensaron NO. Sintieron NO. Murieron asfixiadas, quemadas. En 1910 por moción de Clara Zetkin líder socialista, cuando se debatía el Sufragio Universal, se proclama el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La memoria de parte de muchxs mujeres luchadoras es muy similar a las que vivenciaron y recuerdan los asesinatos del franquismo en el 39 o mis amigas durante el Terrorismo de Estado en los 70 que fueron desaparecidas y tantas otras que en el vivir cotidiano amasaban silenciosamente la potencia del querer un Buen Vivir.

A veces siento que hay laberintos muy armados entre los discursos y las prácticas. Desean felicidades en esta fecha tan violenta. Es como si estuviese andando por un estado de incomprensión el propio día, atravesado por otras ideas. Es el Neoliberalismo construyendo relatos falsos. Flores, alegría, formas que no tienen que ver con lo que ocurrió. Realidades poco transparentes de ensueño.

Otrxs  construyen con amuletos que fabrican con la tibieza del aliento soñador en un mundo sin crueldades  o talismanes con  brebajes de hierbas molidas con manos callosas y arrugadas para calmar los dolores del alma junto a pociones encantadas que guardaban el secreto de la unidad, la sal y el sudor.

Entre siembra, lucha y sangre se fueron cocinando en una gran olla de barro la tensa lucha.

Y entre bisagras de la mujer en la historia se reclamó el derecho a vivir y nos organizamos sin dejar de lado las pasiones y armamos afiches con colores de pueblo, tintinearon volantes al caer sobre el aire, desobedecimos al patriarcado.

El poder está en ese agujero oscuro de palabras e ideas tan desbordadas que solo las utopías pudieron dar luz de que no  podíamos seguir las órdenes de la crueldad. Y así nos fuimos juntando en una trama en agraciado telar las campesinas, las mujeres villeras, migrantes, afro, originarias, estudiantes, sindicalistas, añejas con plateados cabellos coloreados y  armamos una ola verde con  la tonalidad de la esperanza que venía desde lejos…..desde aquellos tantos 8 de marzo en los espirales de todxs los sentipensares del pluriverso aún en pandemia.

Y así, entre vientos, mareas y sueños en tiempos circulares se llega muy tempranito al siglo donde la vida de las mujeres se sigue reproduciendo sobre la base de la feminización de la pobreza, explotación, crueldad y violencias y continuamos peleando contra la politización de la reproducción de la vida, la medicalización, la patologización.

Seguiremos dando pasos ahora agigantados en los Encuentros Nacional de Mujeres, Ni una Menos, Paro internacional Feminista, Contra los despidos, Contra las violencias y feminicidios, concretando después de muchos años de reclamo el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, seguiremos desobedeciendo al Poder del Patriarcado que usa nuestros cuerpos como territorios de muerte, aprendiendo a organizarnos diferentes, por redes, asambleas, autoconvocadas algunas, con la palabra pero además con la emoción. La enumeración no sirve. Solo los relatos y la escucha.

Los jazmines siguen teniendo el aroma del tiempo en marzo.