El hilo rojo

Por Oscar Rodríguez.

Cuenta una leyenda oriental que un hilo rojo invisible conecta aquello que está destinado a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias.

El hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper.

Indefectiblemente en algún momento se va a acortar y lo que esté en cada uno de sus extremos se encontrará.

Si algo está predestinado a pasar, pasará.

Una vieja leyenda occidental cuenta que un ente poderoso y bien intencionado ató un hilo rojo en dos destinos que irremediablemente algún día se van a encontrar.

Uno de esos destinos estaba representado por un trípode basado en la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, el otro destino era el pueblo.

Lo singular de esta leyenda está dado, en que ese hilo rojo, en algunos momentos se acortó muchísimo, en otros se alejó muchísimo y en otros tantos momentos estuvo confusamente enredado, pero jamás se rompió, por más que lo hayan estirado.

Los comienzos de la conformación de un país no es tarea fácil y máxime si no hay consenso de que modelo se va a seguir.

Si tomamos el modelo económico que se comenzó a implementar, un modelo de dependencia, donde se producía materia prima y se compraban productos manufacturados, nos decían que éramos el “granero del mundo”, pero en realidad se estaba tensando el hilo rojo y alejando sus extremos, se pensaba un país para una elite, se pensaba en un país de exclusión.

Ya desde los comienzos de nuestra patria se pueden visualizar intereses muy diferentes, por un lado, el centralismo de BsAs y por el otro una representación más popular que reclama un sistema representativo federal.

La primera cuña en el terruño que genera una “grieta” alejando cada vez más los extremos del hilo rojo.

La dualidad se dirimía con violencia, Lavalle-Dorrego, para que vamos a agregar más detalles. ¿No?

“Se nos habla de gauchos… la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”

Y así podemos seguir mencionando a los que fueron haciendo cada vez más largo y enredado el hilo rojo.

Estos son los generadores de la “grieta” implementan el odio, poniendo los intereses personales y los intereses de los grupos de elite por sobre el pueblo.

A medida que el hilo rojo se hacía cada vez más enredado, había claros posicionamientos de un lado y del otro de la “grieta”, la elite por un lado y el pueblo por el otro.

“Venceremos no con la violencia, sino con la inteligencia y la organización”

A partir de esta frase el hilo rojo empezaba a recogerse acercando rápidamente cada uno de los extremos.

Comenzaba una fuerte promoción de la industria por sustitución de importaciones, se expandía el mercado interno, la sindicalización de los trabajadores hacía que se lograrán mejoras en las condiciones laborales.

Se estableció el sufragio femenino. Se nacionalizaron los ferrocarriles, se creó SOMISA entre otros emprendimientos económicos con participación del estado.

Se estableció la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, la reforma constitucional del 49 incorpora derechos humanos de segunda generación de la niñez y la ancianidad y establece un sistema económico basado en la función social de la propiedad.

Como nunca ambos extremos de ese hilo rojo estuvieron muy cerca, pero no llegaron a encontrarse.

Un arreo de la bandera nacional y posterior quema, llevó a organizar un acto de desagravio, con un desfile aéreo alrededor de la Catedral metropolitana.

Era una fiesta, el pueblo se congregaba en la plaza de mayo para participar del homenaje al General San Martín.

El momento donde el hilo rojo era más corto que nunca.

Pero…

Estaba la clase dominante, agazapada con la firme decisión de no dejar que los extremos se junten. 

Tenían que actuar, no podían permitir que el deseo de construcción de un país para pocos les fuera arrebatado. 

14 toneladas de bombas lanzadas en contra de un pueblo indefenso, sellarían a sangre la dicotomía entre dos modelos de país, daban continuidad al ciclo genocida iniciado por Mitre.

El ruido y la destrucción de las bombas, separó los extremos del hilo rojo y profundizó una “grieta” que quedaría marcada definitivamente, por un lado, los anhelos de soberanía e igualdad del pueblo argentino y por otro, la codicia y la violencia del país liberal que quiso instaurar Mitre y que encontró continuidad en la unión democrática, siendo estos la antesala del terror sistemático de la junta militar que derivó en el Macrismo. 

El relato de la historia oficial generaría un sentido común y una subjetividad que confundieron los extremos de la “grieta”, el pueblo está siempre del mismo lado, y si lo pensamos de acuerdo a como nos vendieron el cuento, somos la barbarie.

Ahora del otro lado está la “civilización”, la de Mitre, la de la sangre de los gauchos para abono y la de las bombas caídas en la plaza de mayo.

Está la civilización de Videla con 30 mil desaparecidos y por último está la civilización de Macri que dejó un 40,8% de pobreza, “Una inflación alta es la incapacidad para gobernar”

Bueno la “civilización” de Macri llevó la inflación de 27,5 a 50,5% y sin pandemia.

Decía Cristina Fernández de Kirchner, “Hay que hacerse cargo”.

La “civilización” Macrista nos llevó de un salario en dólares de 580 en el 2015 a 240 en el 2019.

Nos dejó un endeudamiento externo de 98 mil millones de dólares.

Hay que hacerse cargo, discutir qué país queremos ¿el de la “civilización” o el de la “barbarie”?

Pero antes tenemos que definir dónde está la civilización y donde está la barbarie.

Resignificar el sentido común que nos impusieron.

Tenemos que hacernos cargo y tratar de unir definitivamente los extremos del hilo rojo.