El hilo negro que une a la derecha y a bonaerense con la CIA

Por Mariela Montiel.

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El pasado 9 de septiembre, los bonaerenses hemos vivido momentos de mucha inquietud, con algo de angustia y a quienes nos apasiona la historia y/o militamos dentro del campo nacional, nos ha sido inevitable traer a la memoria episodios antidemocráticos y desestabilizantes, también caras de personajes y grupos que trabajan fuertemente de sol a sol operando para derrocar gobiernos de rasgos populares.

Ya se ha tratado el tema y se ha debatido en casi todos los medios y ámbitos de nuestras vidas, existe unanimidad en calificar como justo el pedido de recomposición salarial de los trabajadores. Sin embargo, donde no existe tanto acuerdo es en roturar por un lado, si ha sido “una mala elección” el reclamar con armas y patrulleros rodeando la Casa Presidencial, sosteniendo una actitud soberbia al exigir que el Presidente Alberto Fernández salga a la vereda a hablar con ellos ( cuando ya había rechazado la invitación al diálogo ofrecida por el mandatario) y por otro, si fue una clásica maniobra destituyente y antidemocrática enmarcada dentro de la coyuntura tan particular latinoamericana, imposible de tolerar.

Intentaremos despejar ciertas cuestiones relacionadas con lo antes dicho, pero analizaremos el origen, las múltiples causas que hacen que los policías (en general, no solo la bonaerense) deban reclamar por salario y al hacerlo se los escuche “desconectados” de lo nacional. Finalmente, encontraremos un hilo negro entre esta coyuntura actual y los planes de la CIA para derrocar a Maduro.

Por compromiso político, social y militante debemos repudiar fuertemente el modo en que se llevó adelante la protesta. Y esto lo digo con cada célula latinoamericana y peroncha y por los 30 mil, terrorismo de estado y dictaduras genocidas, Nunca Más.

Aquí no vamos a abordar el análisis desde las posiciones que han tomado los funcionarios al defender la vida democrática o, por el contrario, a poner foco únicamente en el reclamo para hacerse los boludos y apoyar la desestabilización y generar más caos en medio de una pandemia mundial, recesión generalizada de las economías del mundo y en un contexto latinoamericano de derrocamiento de gobiernos “progresistas”, lo haré desde lo único irrefutable, la historia de los pueblos. Porque la única verdad, es la realidad.

Seguramente muchos están dubitativos entre decir “fue solo un reclamo al que agitaron de más” o “che, esto fue un intento de golpe de estado”. Y si estás en esta disyuntiva, es porque tenés memoria y plena conciencia política.

Imagino que el intento de golpe de estado del 28 de septiembre de 1951, liderado por el gorila de Menéndez para derrocar al gobierno popular y democrático de Juan Domingo Perón habrá despertado la misma sensación entre los compañeros, el bombardeo tres meses antes del golpe de estado del 55, más aún sabiendo que en Brasil ya se había suicidado el 24 de agosto del 54, Getulio Vargas, por no poder hacer política soberana y de desarrollo en su nación. De igual manera habrá corrido la angustia en 1976. Si bien existen marcadas diferencias en cuanto a los métodos que utilizan las oligarquías y los grupos imperialistas, es posible encontrar similitudes a nivel geopolítico en la agenda norteamericana para nuestro continente y su fidelidad a la famosa doctrina Monroe y su Corolario “América para los norteamericanos” de principio de siglo XX.

Bien, no caben dudas de que desde el primer golpe de estado en Honduras en 2009 hasta el último contra el pueblo hermano de Bolivia el pasado 10 de noviembre, hay un cumplimiento tajante de la política nacional norteamericana. Por medio del Lawfare, el monopolio de los aparatos culturales (medios, cine, ong) y la presión corrupta de los grupos financieros globales nos han fragmentado, empobrecido y en muchos casos se nos ha proscripto.

Retomemos ¿Qué rol asumen las fuerzas de seguridad en este marco? Primer punto es imposible no asumirnos víctimas del liberalismo económico y de las democracias liberales en donde los principales pilares necesarios para construir las condiciones materiales y subjetivas para la liberación nacional, son desestimados, precarizados y atacados por la sociedad civil, llámese educación, salud, FFAA y de Seguridad. Un pueblo sin trabajo, no es feliz y pocas ganas de defender lo nacional tendrá. Un sistema educativo que defiende las instituciones por sobre la soberanía, no es nacional. Las FFAA pegadas constantemente a las consecuencias nefastas de la última dictadura cívico militar y respondiendo a la doctrina yanqui, es difícil de ensamblar en un pueblo sin formación política e histórica. Por último una policía que desarrolla su labor en un marco dónde aún “el enemigo es interno”, atacando a los civiles de la misma manera que los atacan sus superiores a ellos o cuando portan un arma carecen o olvidan del valor de la vida porque la mayoría de sus integrantes provienen de barrios vulnerados y de contextos familiares donde la violencia es cotidiana y encima perciben salarios por debajo del valor de una canasta básica, es obvio que serán siempre cómplices del narcotráfico, la trata de personas y el crimen organizado. Reitero que no justifico ni tolero el modo en que se expresaron. Pero habiendo expuesto esto, daremos cuenta que son carnada de sectores de derecha que tienen vínculo muy cercano con la CIA.

En 2018, nuestra querida compañera Stella Caloni, sacó a la luz un documento de la inteligencia norteamericana dónde se detallan los pasos a ejecutar para alcanzar el llamado “Golpe Maestro” contra Venezuela. (Plan to overthrow the Venezuelan Dictatorship “Masterstroke”by Kurt W. Tidd) Allí se describe cómo han llevado al caos social, político y económico para poner fin a la Revolución Bolivariana iniciada por el Comandante Hugo Chávez y desactivar el rol dentro de la geopolítica latinoamericana que ha tenido este país en la UNASUR y la CELAC. Se esboza la agenda profunda de la guerra contra Venezuela, que en su etapa más avanzada prevé una operación multinacional llevada adelante desde Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador, mientras que los países vecinos deberán apoyar la maniobra. El documento enumera pasos para destruir a Nicolás Maduro, entre otros se llama a desabastecer el mercado interno, impedir el manejo de cuentas nacionales, ridiculizar su persona, minimizar geopolíticamente su importancia regional, desestabilizar el gobierno y crear caos social. (Algo de eso sabemos los argentinos, ¿no?)

Dentro de la planificación, observamos que el pasado 11 de septiembre de 2019, once países de las Américas (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana) resolvieron convocar una reunión del TIAR (Tratado Inter Americano de Asistencia Recíproca), con el argumento de que la situación actual en Venezuela tiene un «impacto desestabilizador» y plantea una «amenaza para la paz y la seguridad en el Hemisferio». Recordemos que este tratado no ha sido respetado frente a la ocupación británica en las Islas Malvinas Argentinas.

Entonces, si en pleno anuncio del gobierno nacional y provincial de un Plan de Seguridad para mejorar las condiciones laborales, capacitaciones e inversiones de la policía bonaerense, se decide llevar adelante un reclamo en las casas familiares de Alberto y Axel, se escucha entre tanta desorganización y falta de conducción a un vocero decir “que está en desacuerdo con la domiciliaria de Lázaro Báez”, minutos después dice ser ajeno a la política y 24 hs. más tarde se retracta y asume su error en mezclar la política en medio de su reclamo, está claro que ni ellos sabían el objeto de la reunión. Sumado al apoyo recibido por funcionarios de Cambiemos, es difícil no tender un” hilo negro”.

Ojalá solo sea un hecho aislado, de lo contrario quedó claro que hay un pueblo decidido a defender la democracia y al gobierno elegido por el voto popular.

(…) Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.”

Último discurso pronunciado por el compañero Salvador Allende antes de su muerte. A 47 años de su desaparición física.