El Golpista y la Bufona

Por Claudio Posse.

Cuando se relata la historia se suele identificar con hechos fundacionales, o terminales, pero siempre se le pone una fecha determinada.  En la historia argentina, siguiendo esta lógica, a partir del 6 de septiembre de 1930 comenzó un proceso, más o menos, estable de lo que se denominó, para la jerga local, “Golpe de estado”. Esto es la interrupción de la construcción institucional democrática a manos de un grupo de personas (podríamos llamarla elite) que decide tomar los poderes del Estado y conducirlos para sus propios beneficios.

Esta forma de llegar al poder no es de origen argentino y, menos aún, solamente recurrente en nuestro país, ha pasado en todo el mundo, con diferentes métodos y diferentes actores. Pero quiero que pensemos juntos en lo que seguro comparten esos golpes de estado, dos cuestiones centrales:

  1. son conducidos por una minoría poderosa.
  2. argumentan un supuesto consenso social a través del manejo de los medios de comunicación.

Crecí escuchando algunos de esos relatos, construidos a través del tiempo, vemos un par de  ejemplos: “A Yrigoyen le fabricaban un diario para engañarlo”, “Yo no puedo ser peronista porque Perón metió preso a mi abuelo”, “en el 76 todos querían un golpe” y lluvia de etcéteras para todos los gustos.

Hace algunos números de Identidad Colectiva escribí una editorial que esbozaba la idea que estaba en marcha un proceso de desestabilización al gobierno que conducen Alberto Fernández y Cristina Fernández. Algunos compañeres me cuestionaban alguna exageración de mi parte. Pero, veamos que pasó estas últimas semanas.

El gobierno decidió avanzar para solucionar el grandísimo problema que generó la quiebra de hecho de Vicentín, realizada por unos tránsfugas que son parte de aquellas minorías que mencione un par de párrafos arriba. ¿Qué hicieron los medios? Decirnos por todos lados que existe un “consenso en la sociedad” para que no se expropie. Detengámonos un poco acá y pensemos palabras claves que se utilizaron: Propiedad, Privada, Dueños, Comunismo, Dictadura, y, obvio, Venezuela (Cuba está un tanto en desuso). Luego, en el medio de una Pandemia inusitada se fustigó la cuarentena como herramienta de protección de la vida de los argentinos, se machaco hasta el hartazgo lo equivocado de esta decisión, el gobierno decide dar un paso y cambia de fase y, ahora, se lamentan de los infectados y las muertes producto del Covid. Una más nuevita, el gobierno de la provincia de Buenos Aires decide otorgar un subsidio de 500 pesos diarios a aquellos que tengan Covid positivo para que se aíslen y, de esta forma, descomprimir los contagios por hacinamiento, cito a Etchecopar (Baby): “les dan 500 pesos para que se enfermen”.
Así podríamos estar caracteres y caracteres escribiendo. Pero no es el horror de los lectores lo que estoy buscando. Por el contrario, no estamos hablando de gente desquiciada que busca algún tipo de rédito y punto. No estoy hablando de la “clase media” que no comprende los procesos populares y no le gustan los negritos (como el que escribe). Porque sino estaríamos ante un problema menor y listo. Hablo de un mecanismo aceitado desde los inicios mismos de nuestra historia. Digo, ellos tuvieron siempre un plan sistemático de apropiación y conducción del Estado para beneficio de sus intereses. Esa sistematización tiene, más o menos, las mismas herramientas, con desarrollo tecnológico a su favor, obviamente. Cómo no lo van a tener si son los dueños de todas las cosas. Eu, de todas, de las tuyas también. Hasta pueden ser los dueños de tus gustos, tus fantasías, tus deseos, tus objetivos. Son los dueños de todo y de todos/as/es.

¿Cómo lo hacen? ¿Somos todos estupidez? Claro que no. En principio son más básicos de lo que nosotros pensamos. Su eje principal es la división del otro, en tantas partes como pueda. Después, bajar lo más posible el nivel de discusión, por último estigmatizarte. Quedas solo, sin pertenencia social y salís a buscarla, con urgencia para “pertenecer”.

Ese es un proceso de acumulación permanente, de esa elite que describía en el primer punto. Acumulación que tiene su punto máximo en el deterioro político y económico de los gobiernos populares, en Argentina siempre conducidos por el peronismo, pero también en el limamiento permanente de su base cultural y de sus símbolos. Porque eso es parte del proceso de segmentación.

Cuando está todo listo efectúan el zarpazo final, que es el que estudiamos en los libros de historia, tal día, tal fecha, le hicieron un golpe a tal presidente. Pero es el punto máximo de desgaste de nuestro espacio producido por la elite. No es que un día se levantó Uriburu y dijo: “Che, hoy lo echo al peludo”.

Sin querer ser denso con esta cuestión, les propongo que analizamos que pasa entre el gobierno y estos sectores. Los sectores reaccionarios no se deprimen nunca, no se cuestionan a ellos mismos ni a sus políticas ni a sus acciones. Ellos van. Avanzan permanentemente. Fíjense como después del desastre que dejó Macri en nuestro país, después de perder la reelección por paliza, después de todo lo que sabemos, va y va y va. Es que no le importa lo que pensemos nosotros. Es verdad, nunca están urgidos como los sectores populares. Ellos tienen la vida individual resuelta. Nosotros y nosotras debemos juntarnos, no permitir esa segmentación y división que permanentemente buscan, no nos podemos permitir esa licencia. Nosotros debemos estar unidos. Por eso el peronismo es eterno, por eso Evita nos emociona intergeneracionalmente. En la entrevista que le realicé hoy a Roberto Feletti me dice: “Evita es el sueño de pibe”. Esa es nuestra herramienta: el amor, por nosotres mismo, en colectivo.

Entonces, cuando aparece el Golpista, Mauricio Macri (como representante estrella de esa elite) diciendo  el 9 de julio, después de generar la movilización más irresponsable de la historia argentina, “seamos libres” y un par de semana después la periodista Viviana Canosa abre su programa de TV dirigiéndose a nuestro presidente, Alberto Fernández, diciendo: quiero ser libre presidente; mirémonos para los costados y sepamos que vienen por nosotros, porque ellos siempre quieren lo mismo, controlar el Estado para su beneficio sectorial en detrimento de las grandes mayorías.

Lo que no saben, ni el golpista ni su bufona, que esa mágia del peronismo sigue viva y justo hoy 26 de julio seguiremos diciendo, como dijo Evita:

No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano».

Eva Perón

En eso andamos…