El gesto que vivía siempre aún en momentos de incertidumbre

Por Liliana Etlis.

La recuerdo vivenciando con aquella mano izquierda levantada hacia el aire recorriendo con la yema de los dedos la otra, en un lugar en donde se inserta el músculo del pulgar de la zurda en un enjambre carnoso que llega hasta la muñeca de la misma mano. Mi madre pronunciaba su gesto, lo hacía sensible y eterno. Ella, con la sabiduría de las personas que viven intensamente la vida, decía que había que ponerse en la piel de lxs demás para comprenderlos. Agregaba entre mis adentros de intercambios de ideas, que la mirada binocular tenía que provocar un efecto estereoscópico, inmenso, de colores entramados, como una fiesta hacia lo desconocido y que para transformar la realidad había que conocer más, siendo que no alcanzaba la enunciación, no era un tema que tenía que ver solo con la voluntad. Conocer.

 Mi padre cuando volvía de la fábrica se sentaba a leer a pesar de todo el cansancio del mundo sobre sus hombros, leía y estudiaba, quería conocer el por qué tantas condiciones miserables daban existencia al taller metalúrgico con una trama racista en las prácticas. Una vez observé otro gesto diferente que también era cotidiano, giraba los músculos de su mejilla hacia un lado y otro cada vez que daba vuelta una página y su mirada quedaba en un lugar interrogando entre el aire que lo rodeaba y el que estaba arriba de la mesa de la cocina, eran dos aires diferentes, uno donde se percibía el cansancio y el otro quedaba impregnado en el ambiente respecto de la comida del mediodía. Los dos se juntaban en un gesto sentipensante.

Los retornos de los discursos del racismo, los períodos de silencios embotellados en damajuanas de cristal y ámbar, las letras desparramadas en calles en una épocas de adoquines dando sensación de historia y bandoneón, formaban un puente que me llevaba a la inexplicable soledad  analizando Imaginarios y procesos de clasificación social, ligados profundamente con las desigualdades y produciendo  efectos, tensiones y disputas que se generaban en mis ideas, relación con las luchas por el reconocimiento a los largo de la historia familiar, principalmente los compañeros que venían de sectores racializados y los de mayor edad.

Este recuerdo me trajo a la idea de un presente con tragedia similares a las vividas.

A pesar de que Nación había logrado colocar en el centro de la vida política la Salud, se comenzaron a formar primero grupos antivacunas y luego una sistematización de construcción de conceptos negacionistas respecto a la aplicación de la misma cualquiera sea su origen. Las falsedades de intelectuales hacían el derrumbe de las palabras y de los sentidos, conformaron confusiones. Dirigidos por intelectuales del campo académico, oposición, neoliberalismo, racismo y discursos de los medios, esos que entre letra y letra colocan una fracción de pensamiento vacío, como si fuese un pequeño pero profundo signo de interrogación donde en algunas personas esos vacíos eran hechos de nada, se convierten en algo así como gelatina pegajosa donde en el cerebro pareciera ser que se pegotean algunas neuronas, células del sistema nervioso, y parece que las dobla en cuatro partes y se destruyen y así los que leen a estos intelectuales y escuchan a estos medios de comunicación, quedan con un cerebro un poco más pequeño digamos más pequeño que antes a medida que pasa el tiempo, hasta que dejan de reflexionar y pensar y soñar beneficiando a los que quieren más crueldad.

Muchxs olvidaron las nociones de soberanía, solidaridad, sufrimiento ajeno, vínculos humanos, quién produce la riqueza ni cómo se produce. Pasaron a hablar de cómo pasaron debajo de la mesa vacunas…. Sí, aunque cuesta creer o no creer la situación se transformó en un hecho político como tantos otros. Lo miserable y canallesco siempre tiene una articulación con la crueldad.

Como diría el sociólogo Ramón Grosfoguel: El racismo no es un tema de prejuicios y estereotipos, es siempre institucional y estructurado, y es imposible pensar que se reduzca a esos dos conceptos, porque es más profundo, complicado y complejo de cómo lo alcanzamos a percibir, ya que es siempre institucional. Explicó alguna vez, que el prejuicio y el estereotipo no son suficientes para que surja el racismo. Para que exista tiene que haber una institución social que esté afectando negativamente, de manera significativa, la vida de quienes viven en una sociedad. “El tema es que, si fuera sólo un problema de prejuicios y estereotipos, no sería un problema tan grave. El conflicto es que las instituciones ejercen prácticas que privilegian a un grupo sobre otro”.
Entre sus conceptos alerta sobre la existencia de un solo racismo con muchos marcadores como la identidad étnica, la lengua y la religión junto a otros factores. Agrega más adelante “No es un tema de discriminación étnica, es más profundo, es otra cosa. Si fuera eso, sería más manejable. La modernidad se funda sobre estructuras racistas, sexistas y de dominación racial y patriarcal. Para Frantz Fanon el racismo es una estructura de dominación de superioridad-inferioridad sobre la línea de lo humano” agregaba.

Continuando esta línea de reflexión, los hechos del lunes cuando se vacunarían a nuestros mayores en el Luna Park, se observa la práctica genocida, la misma que se practica en muchos países cuando quieren aniquilar a una parte de la población. Hay varias formas de aniquilar. Es una política sistemática que ya fue utilizada en Brasil y denunciada en varias oportunidades. Se ejerce la violencia en un grupo que puede ser etario, vulnerado, racializado, con el fin de destruir identidades nacionales.

Violencia es no vacunar. Violencia es la no intervención del estado porteño para planificar y concretar turnos en territorio del Gobierno de la Ciudad de Bs.As. Violencia es negarnos la soberanía territorial, ideológica, política, cultural. Violencia es colonizar nuestras raíces.

Tendremos que seguir interrogándonos ¿qué nos ha traído a este lugar? ¿Qué pasó? dónde nos equivocamos? Para comprender, conocer, saber y no retornar a los discursos de la crueldad que no son los del odio sino los más complejos, los racistas que abren la puerta a oscuras tragedias, tendremos que seguir sentipensando para no volver al mismo lugar y tal vez colocarse en la piel de los que están con el campo popular para comprender un poco más esta realidad y transformarla.