El emparchado “viento de cola”

Por Julio De Vido (h).

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Esta semana algunos diarios de nuestro país destacaron las subas de precios internacionales que se dieron en las commodities agrícolas de alrededor un 8% en los últimos veinte días. Tal como anticipamos en la edición pasada de Identidad Colectiva, el riesgo de sufrir un fenómeno Niña se acrecienta y los operadores financieros tienen el ojo muy puesto en ese indicador además de fenómenos meteorológicos locales que se están dando en EE.UU., bajos stocks en Brasil, fuerte demanda de China y como también comentamos aquí la sequía que está golpeando a ciertas regiones de Argentina, aunque pareciera que la danza de la lluvia que realizamos el domingo pasado tuvo su resultado en forma bastante heterogénea en la región productiva centro y difícilmente se llegue a una campaña fina muy buena.

Volviendo a lo que comentamos al principio, desde un punto de vista ciertamente abstracto, algunos analistas políticos y económicos hablaban de “viento de cola” por la suba de precios de los productos agropecuarios intentando llevar esta suba, al menos por ahora, transitoria a lo sucedido en el primer gobierno de Néstor Kirchner quien asumiría con una tonelada de soja de 250 dólares en un ya claro sendero de crecimiento que llegaría hasta máximos de 630 en la previa de la crisis financiera de 2008 y en pleno conflicto con las patronales agropecuarias.

A mediados de 2010 se verificaría un nuevo sendero de crecimiento de precios que tendría su tope en agosto de 2012 para luego comenzar un camino “a la baja” que viendo la imagen completa se trataría de la búsqueda de un precio de equilibrio y la disminución de la actividad de actores especulativos en los mercados de cotizaciones agroalimentarias.

En definitiva, ciertamente los precios internacionales de los commodities fueron una interesante plataforma para el crecimiento logrado en el período de NCK y para poder encarar el plan de infraestructura más importante de la democracia reciente.

Sin embargo, con el diario del lunes, también llevó a generar uno de los conflictos políticos más importantes que tuvo el kirchnerismo como ser todo lo que surgió a partir de la resolución 125/08 y tampoco funcionó como plataforma de estabilización macroeconómica en el segundo período de CFK tras las correctas medidas contra cíclicas que se aplicaron para afrontar la crisis internacional de 2008 pero que años después derivaron en sostenidos déficits gemelos (contra los que tanto luchó NCK), aún con precios internacionales de commodities favorables, que generaron tendencias de precios al alza, incertidumbre cambiaria y atentaron contras las inversiones privadas, fenómenos que continuaron durante los cuatro años del macrismo agravados por el feroz endeudamiento externo orientado a financiar los gastos corrientes y no a un plan de desarrollo sostenible.

Situar solo en los precios internacionales de los productos agropecuarios la clave para la recuperación económica es simplificar las necesidades del entramado productivo argentino inclusive tratándose este del principal complejo exportador, mayor puerta de entrada de divisas y una de las importantes fuentes de recursos fiscales para un desfinanciado Estado que debe afrontar la pandemia política y económica heredada y la pandemia del coronavirus.

Es por ello que desde esta sección insistimos reiteradamente en la necesidad de apoyar, impulsar y ejecutar políticas de agregado de valor a las materias primas en todas sus dimensiones y en el verdadero desarrollo federal que hay atrás de estas.

Hace algunos días Martin Redrado se refirió a la necesidad de abandonar la política “del parche” en materia impositiva, esa afirmación se podría traspolar a muchas políticas que están siendo encaradas por el gobierno. Claro ejemplo de esto es la aplicación del “barril criollo”, oficializado en mayo de este año y en boga en estos días por el reclamo de las refinadores en que el mismo ya no se encuentra en vigencia por la suba del precio del petróleo. ¿Se puede desarrollar políticas que tengan como meta durar menos de cinco meses? ¿Cuánto le costó al Estado la aplicación del barril criollo por menos de cinco meses?

Mientras tanto, la Secretaría de Energía hace diez meses no actualiza el precio de los biocombustibles, tarea que tiene encargada como autoridad de aplicación de las leyes respectivas a biodiesel y bioetanol, en detrimento de los pequeños productores quienes encararon un plan de inversiones destinado al agregado de valor en origen y diversificación de la matriz energética y productiva a partir del espíritu original de la normativa impulsada por las cámaras y el Ministerio de Planificación y aprobada por inmensa mayoría en el Congreso y hoy por hoy son víctimas inmediatas de la cadena trófica de las petroleras, refinadoras y actores concentrados.