El día del abogado: Un buen día para pensar en el Estado de Derecho

Por Maximiliano Rusconi.

El 29 de agosto es el día del abogado y, por lo menos a mí, ello me genera la necesidad de pensar en cuan indispensable es vivir en comunidad bajo la protección de la dignidad de la persona humana que nos brinda el estado de derecho. 

Alguien podrá pensar que tamaña relación, sin solución de continuidad, es un tanto exagerada. Que recordar a los abogados implique recordar un modelo determinado de vida en sociedad puede parecer, a algún desprevenido, algo excesivo. Pero no lo es. 

Para negar que esto sea una banal exageración ya me alcanza con recordar que el día de abogadas y abogados, remite a la fecha de nacimiento de Juan Bautista Alberdi.

Alberdi (es cierto) fue muchas cosas más que abogado, pero, entre otras, fue el autor de la recordada e influyente obra “Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina” cuyos lineamientos fundamentales pudieron dar a  luz nuestra Constitución Nacional. 

Alberdi era un abogado que luchó por el estado de derecho. 

Es que (debo decirlo) no hay aporte más importante que un abogado pueda hacer, ya en su defensa de los derechos de una persona, en un litigio, que recordar que vivimos bajo un sistema de reglas, ser un celoso guardián del derecho y de cómo se aplica, elevar el tono del debate y forzar el intercambio de posiciones, cuestionar la lógica de los argumentos de la otra parte, evitar que se estigmatice a su defendido, intentar emparejar la debilidad inicial del poder de su representado frente a los otros, proponer siempre, incluso en escenarios no jurídicos (por ejemplo mediáticos) otra mirada sobre la establecida en letras de molde y ser un contrapeso para ciertas tendencias. 

En ese camino el buen abogado no transitará plácidamente. Cuanto mejor él haga su trabajo en mayor medida será expuesto a la crítica pública. 

Además de todas las razones que la crítica pública desarrolla por propia, en ocasiones, incomprensión de su rol, se sumarán las críticas que merezca o no la vida de las personas que represente. 

Se dará la rara paradoja, a veces, que cuanto más se critique su rol el abogado posiblemente mejor estará haciendo su trabajo. 

Pero cuando con más energía quien ejerce el derecho despliega su labor, la comunidad puede confiar que contra viento y marea hay alguien que lucha por las condiciones éticas básicas de la vida en sociedad y en el estado de derecho. 

No ha sido Alberdi, sino Rudolf von Ihering el que escribió en su obra más influyente, La lucha por el derecho, que: “Todo derecho en el mundo ha sido logrado por la lucha, todo precepto jurídico importante ha tenido primero que ser arrancado a aquéllos que le resisten, y todo derecho, tanto el derecho de un pueblo como el de un individuo, presupone la disposición constante para su afirmación. El derecho no es mero pensamiento, sino fuerza viviente. Por eso lleva la justicia en una mano la balanza con la que pesa el derecho, en la otra la espada, con la que lo mantiene. La espada sin balanza es la violencia bruta, la balanza sin la espada es la impotencia del derecho. Ambas van juntas, y un estado jurídico perfecto impera sólo allí donde la fuerza con que la justicia mantiene la espada, equivale a la pericia con que maneja la balanza”.

Los abogados nunca debemos perder nuestra ínsita vocación a luchar por el derecho. Ello nos mantiene vivos y colabora en mantener viva la república, porque, y vuelvo a Ihering, la lucha por el derecho es un deber para con uno mismo, pero también es un deber para con la comunidad. 

Feliz día.