El Clavel del Aire

Por Liliana Etlis.

(…) “La historia avanza hacia atrás”, se asombra el poeta

tras recorrer toda la calle y volver al punto de partida,

y se lleva las manos a la cabeza donde reconoce

el aleteo de una sombra que lo saludó esta madrugada.

Aún chispean en la noche las herraduras del caballo

que hace un rato pasó por el cielo rumbo a casa.

No en la palabra la ternura, sino en las manos,

ni la justicia en la ley sino en lo que damos y tomamos,

como el clavel del aire echa raíces en la nada:

yo me pongo al final de la cola y me desentiendo:

no desconfío de la urgencia de quien me antecede

y estoy dispuesto: empecemos de nuevo hasta lograrlo. (…)

                                                                               El clavel del aire, de Alberto Szpunberg

Desde hace tiempo quiero relatar la incertidumbre desde un lugar no académico sino desde la cotidianeidad de lo viviente, cómo se manifiesta, cómo la siento en momentos de turbulencia emocional. Atravesé aquel lugar y sentí que el clavel del aire era la fiel expresión de mis adentros.

Supe que vive suspendido, vuela sin raíces desde la tierra hasta el libre espacio. Sus nutrientes son soplos de huellas que la atmósfera brinda tras la lluvia. Sobrevive compartiendo los troncos leñosos de árboles. Dicen algunxs que es muy importante a nivel energético porque purifica ambientes despertando armonía.

Son generadores.

Sin embargo, también están los botánicxs que opinan distinto, que los claveles del aire utilizan microbios y hongos para nutrirse deteriorando árboles y arbustos. Relatan algunos artículos que es una planta invasora adherida a rugosidades y que rebrotan en algún momento del año.

Son Invasivas.

Otrxs consideran que no es dependiente de ninguna otra especie, negando ser parásito ya que no extrae ninguna sustancia de la planta anfitriona, siendo independiente nutricionalmente del árbol en que se hospeda, tomando del medio ambiente la humedad y otros elementos.

Él traducía toxicidades y usos medicinales entre gestos y palabras, mostrándome el nacimiento de esta planta en ese balcón porteño de San Telmo, una de las ramas que colgaba como hilos que descendían de las nubes.

El relato del poeta llenaba ese vacío interno.

Nos preguntábamos, minutos antes de observar detenidamente las raíces, si la memoria funcionaba de la misma forma, con toxicidades y lugares que favorecerían el bienestar del alma cuestionando al mundo.