El arca que protegía las voces en miel

Por Liliana Etlis.

Escuchá «El arca que protegía las voces en miel» acá.

Escuché un discurso que no me movilizó y otro que me conmovió…y comencé a construir en mi imaginación una cajita que luego con el correr de las horas se transformó en un arca semejante a las de los relatos infantiles donde quedaban adheridas historias de sueños, deseos, esperanzas sin esperas y huellas comprometidas con ideas del buen vivir.

Allí mismo, decía, guardaba además aromas exquisitos, sahumerios de palo santo, tres fotos color sepia, una de cada rama de la familia, imágenes descoloridas por los años, un abanico de mi abuela, un encendedor antiguo de cuando mi abuelo era joven y fumaba cigarros sin filtro, canciones de cuna, papelitos con palabras y su profundo significado de libertad , equidad y soberanía, conceptos copiados de libros doblados de tanta lectura por otras miradas, un anteojo de sol de mi padre, un colgante de mi madre y otros pequeños símbolos de mi historia singular.

En ese lugar guardaba un tesoro, parte de mi historia entretejida con otras y no necesitaba candados ni llaves de ninguna especie.

Con el paso del tiempo y con décadas sobre mi cuerpo armado de relatos, descubrí narraciones y verdades no oficiales, que contaban que había días de penumbras y estómagos vacíos cuando comenzaron a deshabitar nuestra cultura y territorializaron el andar en pegajoso e infernal espacio, dejando a un lado el lugar de las ideas perdidas.

 Se fundaron espacios de agujeros en el espíritu comenzando un proceso de dominio de apropiación asombrosa. Así se empezaron a guardar ya no en arcas de ensueño sino en cajas cerradas y selladas con candados, herraduras y llaves, la desdicha.

Llaves dentadas y alargadas como instrumento, confeccionadas con un metal muy oscuro como las sombras, se agregaban al infortunio.

Del arca abierta al mundo la idea se trasladó hacia una caja hermética de hierro. En la primera, el arca de ensueños, circulaba la cultura, las emociones y los afectos, en la caja cerrada a otras miradas solo una forma de ver el mundo, el poder de la mercancía.

Las relaciones sociales son siempre culturales y políticas, es por eso que sentipienso que el poder comenzó a cerrar con mucha astucia, el reconocimiento recíproco de diferentes culturas representando la desigualdad. Desde ese lugar se secuestra y desaparecen formas diferentes de reflexión del conocimiento eliminando contextos culturales y políticos de otras producciones teniendo consecuencias como la dominación del mundo moderno desde una perspectiva que favorecería el colonialismo actual y el capitalismo.

La universalidad se plasmó en la ciencia moderna gracias a la intervención militar, política y económica imponiendo a los pueblos que conservaban arcas de cristal con bellos colores y materiales, una única manera de ver el mundo, suprimiendo prácticas sociales de conocimiento bajo el proyecto de homogeneización. Las experiencias diversas fueron sepultadas y los saberes locales tratados como inferiores. Así operaron unilateralmente, como si hubiesen dividido el pluriverso en útiles y visibles y del otro lado de la línea en inútiles e invisibles olvidando que detrás de estos últimos estaban las otras representaciones y la construcción de conocimientos interculturales y ecológicos.

Me pregunto ¿encontraremos una alternancia para salir de esta encerrona trágica que el propio sistema de dominación nos ha impuesto?

Renunciar al eurocentrismo es el paso decisivo para redefinir una forma de estar en este mundo estando, sintiendo, apapachándonos en la urgencia de defender la vida.