El algoritmo que nos domina

Por Oscar Rodríguez.

Dime qué medios consumes y te diré cómo piensas.

Es indudable que los medios hegemónicos de comunicación se han convertido en actores importantes en la generación de sentido y en la conformación de opinión pública.

La imposición de la agenda mediática arrastra a todos los actores sociales detrás de aseverar o desmentir la noticia que es impuesta.

Ahora bien. ¿Está mal que los medios sean subjetivos?

NO

Está mal, que sean maliciosos, y tergiversen los hechos.

La realidad comunicacional en nuestro país, a partir de la derogación de la ley de medios, profundizó el monopolio mediático que ostenta el grupo Clarín.

La ciudadanía, ¿logra ser crítica de los medios que tergiversan la información?

NO

Entonces, lo que sucede es que estamos ante la reproducción de un pensamiento único e imposibilitados de recrear nuevas ideas.

La pluralidad de voces disminuye el riesgo de perpetuar ese pensamiento único, entender qué medios dan prioridad a los hechos y cuáles están diseñados como burbujas ideológicas, también.

Ustedes dirán que podemos restarle importancia a la influencia de los medios hegemónicos a partir del cambio de era que se avecina.

En realidad, NO.

La colonización de las redes por parte del poder mediático y el poder económico ya ha sido lograda, es más, con el uso de la tecnología poseen más y mejores herramientas para profundizar el pensamiento único.

La tecnología y las redes sociales nos han dejado la puerta abierta hacia un cambio de era que modifica los hábitos de consumo de información.

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Esta nueva tendencia de consumo de información disminuye la generación de pensamiento crítico.

Los algoritmos y la utilización de big data se han convertido en los nuevos paradigmas en el proceso de comunicación.

Nuestro camino como internautas va dando pistas de lo que consumimos en las redes sociales generando un microclima que es propicio para confirmar nuestra visión del mundo.

Algoritmos inteligentes proporcionan un contenido preparado para nosotros.

O sea que, contrariamente a lo que podíamos pensar los entusiastas de la democratización de la información, este cambio vino a complicar aún más la posibilidad de eludir el pensamiento único.

Inconscientemente nuestra mente comienza a buscar información que respalde los puntos de vista que ya han sido elaborados, siendo aceptada fácilmente la información que confirma nuestra subjetividad y desechada con la misma rapidez aquella información que contrasta nuestro pensamiento.

Se va generando una burbuja donde lo que nos rodea nos es afín, y sentimos una falsa sensación de autoridad moral.

“Es así porque todos piensan como yo”

No importa si la información que estamos recibiendo es falsa, importa que confirme mi creencia.

El debate no se genera para fortalecer nuestro punto de vista, si no para demostrar que tenemos razón, se desacredita todo aquello que nos contradiga.

Los algoritmos nos van construyendo un mundo ideal, donde se nos proporciona solo lo que queremos ver.

Ahora bien, el armado de estos algoritmos no es inocente, presentan sesgos que son diagramados intencionalmente.

El acceso a internet en nuestro país (INDEC,2020) es de un 79,9%, según la consultora COMSCORE en el 2020 se incorporaron 6 millones de argentinos al consumo de medios digitales. Un total de 33 millones de usuarios consumieron noticias desde internet siendo un 95% de los conectados.

Los grupos mediáticos que penetraron este mercado son: Clarín, La Nación e Infobae.

Este dato muestra una clara tendencia a la concentración que se está dando, también en el consumo de información en internet.

El lanzamiento de Google News Showcase en Argentina profundiza el afianzamiento del monopolio, han cerrado una alianza para aportar contenidos a esta plataforma, Clarín, La Nación y Perfil.

Las corporaciones continúan detentando la propiedad de los medios y a partir de eso enuncian la “realidad”.

Venimos insistiendo en que los medios hegemónicos son parte del poder real y participan como herramienta fundamental en la construcción del discurso dominante.

Hay que tener muy presente en que manos queda la construcción de sentido y subjetividad, qué intereses persiguen y a quien representan.

Ante este panorama es necesario recrear una ley de medios que regule el mercado de la comunicación.

Abriendo voces. multiplicando opiniones, rompiendo subjetividades y creando un pensamiento crítico que nos permita construir un país más libre, justo y soberano.