Educar en geopolítica

Por Nicolás Graciano.

Al cumplirse un año del inicio de la pandemia del Sars-Cov2 en nuestro país, el tiempo transcurrido desde ese momento a la actualidad nos dio una muestra clara de la importancia que tiene para nuestras vidas cotidianas la geopolítica. Sin que nadie pudiera prevenirlo de manera certera [1] , el mundo se encontró sumido por primera vez en la historia de la humanidad en un confinamiento mundial que nos permitió hasta dudar de la pervivencia del capitalismo tal y como lo conocíamos al momento. A la par, se inició una carrera farmacológica de escala planetaria en un intento de dar con la vacuna que ponga fin a la catástrofe sanitaria-económica que asola, hasta al día de hoy, al mundo en su totalidad.

 Es en este contexto, que nuestro país, y la actual administración Fernández, se vio inmerso en la búsqueda desesperada de las dosis suficientes para dar fin con la escalada de contagios y muertes que produce esta enfermedad. No vamos a ahondar en las negociaciones con las distintas potencias pues es de público conocimiento que la política llevada adelante por el actual gobierno buscó diversificar la compra a la mayor cantidad de proveedores sin distinción de origen y/o afinidad politica, siendo resultado de esta gestión el cierre de un primer contrato con el laboratorio Astra-Zeneca; posteriormente, con el estado ruso para la adquisición de la Sputnik V y, por último, con el laboratorio chino Sinopharm.

Un nuevo tablero geopolítico se extendió en el mundo. Con Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, China y la India a la cabeza, las relaciones internacionales tomaron un protagonismo propio de una guerra de escala planetaria. Es en este punto, donde confluyen los intereses de las grandes potencias, de corporaciones farmacéuticas y del gobierno nacional intentando equilibrar una política sanitaria que pueda hacer frente a los requerimientos de la pandemia y los de una economía asfixiada por el desorden macroeconómico heredado y las complicaciones propias del contexto, es que los sectores de la oposición de derecha, sumados a los medios de comunicación hegemónicos, desplegaron una batería de discursos falaces y carentes de todo tipo de lógica posible en un intento de desprestigiar el proceso de vacunación y particularmente la adquisición de la vacuna Sputnik V.

Teniendo en cuenta lo dicho debemos pensar, entonces, como la construcción de discursos basados en el sentido común invade nuestros medios y constantemente nos viven educando en una visión específica del mundo y la geopolítica. El ataque hacia la vacuna rusa nos invita a pensar un poco más a fondo. ¿De dónde salen estos sentidos comunes? ¿Cómo se construyen? Y, tal vez, lo más importante, ¿Cómo se combaten?

Un mundo lleno de sentidos comunes

En la realidad súper compleja como la que vivimos, donde existe una sobreproducción de información y de marcos de interpretación del mundo que nos rodea, a la par de que crece de manera sostenida la tasa de explotación de los sectores trabajadores recortando cada vez más el tiempo de ocio y esparcimiento, grandes franjas de población se transforman en consumidoras (con todo el peso de significados que tiene la palabra “consumo”) de informaciones que están pensadas a la medida de “sus necesidades e intereses”. Por otro lado, el exceso de información termina generando una sensación de incertidumbre y desasosiego ante la complejidad que se presenta como imposible de comprender.

Para hacer frente a este sentimiento de angustia, y en un intento de poner un orden donde no existe, la sociedad crea y reproduce estereotipos sociales. En si mismo, estos estereotipos no son del todo nocivos para la convivencia social, porque de alguna manera, incluso inconsciente, ordenamos mentalmente la información que se nos presenta frente a nosotros. El problema real, parafraseando a Ezequiel Kopel en su libro Medio oriente, lugar común, es que estos estereotipos lejos de presentarse como un punto de inicio de una mayor profundización de la naturaleza de lo que queremos observar se terminar convirtiendo en verdades absolutas que no son cuestionadas y que clausuran todo tipo de análisis superador. Sumado a esto, estas imágenes son alimentadas por diversos canales que en muchos casos tienen una intencionalidad política que no es comprendida o no se le es mostrada a nuestro consumidor/ciudadano.

Con escasa posibilidad de reprocesar esa información brindada como producto, estas poblaciones terminan haciendo suyos discursos propuestos por los grandes medios de comunicación masiva que, a la vez, suelen estar alineados con los intereses socio políticos de las grandes potencias de occidente. Entiéndase que esta limitación de reprocesamiento de información no viene dada por falencias de la persona/ciudadano que consume dicho producto (aunque los sectores conservadores nos quieran hacer entender que las poblaciones de escaso recursos no pueden pensar por sí mismas), sino porque, por un lado, la información/producto se presenta como un paquete cerrado, no hay discusión con el lector/consumidor y, por otro, hay una tendencia de estos mismos sectores a “delegar” el procesamiento de información directamente en los medios ya sea por confianza en los medios o simplemente desinterés.

Es por esto mismo que desde el anuncio realizado el 11 de agosto pasado por el Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, los medios de comunicación hegemónicos locales iniciaron una campaña de desprestigio hacia la vacuna Sputnik V que pareció tener gran acogida en ciertos sectores sociales que no necesariamente se identifican políticamente con las elites dominantes. Los medios han demostrado, nuevamente, que no tienen ningún tapujo en jugar con el miedo y la inseguridad de la gente. Con noticias falsas, titulares tendenciosos y/o información sesgada han logrado que personas que jamás habían valorado la ciencia rusa hayan reproducido discursos como “yo en la vacuna rusa no creo” a la vez que se clamaba por un cierre de contrato con Pfizer. Pero bueno, si es estadounidense es más confiable ¿No?

Con la caída del Muro de Berlín y del bloque soviético, se impuso una visión de la realidad y de la historia que hizo ilusionar a occidente con la idea de un mundo unipolar, la homogenización total de todas las experiencias sociales/culturales bajo la vara de occidental. Pretensión que viene deseando desde el mismo momento en que se inició allá por el S XV la expansión ultramarina europea y que quedo consagrada en un título de un excelente libro de Eric Wolf en el que analiza el despliegue europeo por los mares, Europa y la gente sin historia iii.

El auge del neoliberalismo y el posterior triunfo del occidente capitalista desplegaron a través de distintos canales de información las imágenes que les eran funcionales a los intereses de reproducción del capital transnacional. Así comprendimos que, después del 2001 principalmente, los árabes son gente irracional que pone bombas (sin hacer una clara distinción entre árabes y musulmanes, entre otras cosas), que los africanos son inferiores y violentos por lo que no pueden gobernarse a sí mismos, que los chinos (y acá se incluyen a todas las demás nacionalidades orientales) quieren silenciosamente invadir el mundo, etc. Efectivamente algo de real tienen estas informaciones, es real que quienes derribaron las Torres Gemelas practicaban el islam, es real que los países africanos viven una especie de inestabilidad politica crónica y que sus gobernantes no son grandes símbolos a seguir, es real que China planea lentamente disputar el lugar de Estados Unidos en el concierto internacional. Ahora las preguntas son: ¿Es trasladable la responsabilidad del atentado del 11 de septiembre a toda región y a una religión? ¿A quién beneficia esa presunción esencialista de creer que todos los integrantes de cierta cultura o religión se comportan de tal manera? ¿Occidente no tiene ningún tipo de responsabilidad ante lo sucedido? Entre otras tantas preguntas que se nos pueden ocurrir.

En fin, pensemos ahora en la realidad de los trabajadores y las trabajadoras cuyas jornadas laborales pueden superar fácilmente las 10 horas diarias. Y sumemos a eso, toda esta nueva filosofía de este último tiempo, muy propia del neoliberalismo también, que propicia el cuidado individual y “de los tuyos” rompiendo todo tipo de lazo comunitario posible. ¿Dónde queda la posibilidad y el interés de amplios sectores de nuestra población de discutir la información brindada por los grandes medios de comunicación?

Volviendo a la cuestión de la vacuna Sputnik V, los medios se encargaron de defenestrar, por momentos de manera efectiva, la adquisición de esta vacuna por que tuvieron a mano y supieron explotar toda una gama de preconceptos e ideas que históricamente son parte del tejido social argentino. Fueron un claro remanente de la politica de los 70s las distintas acusaciones contra la “Vacuna rusa” por la cual “el gobierno nos quiere controlar”. Como se construye esta imagen colonizada es la base del problema. Intentare dar algunos ejemplos de análisis a continuación.

Hollywood y la politica cultural estadounidense

Bien es sabido que una de las mayores herramientas de colonización que tiene en sus manos Estados Unidos es su prolífera industria cultural. Hollywood es un gigante comercial cuyos productos se consumen en todo el mundo y cuyo poder político lo hemos visto, en su versión más descarnada, en el apoyo incondicional a la candidatura de Joe Biden en las últimas elecciones en aquel país.

Históricamente la industria cinematográfica les ha proporcionado a los gobiernos norteamericanos una base de comunicación masiva desde la cual expandir su visión de la realidad y de cual el enemigo a combatir. Primero el indio americano, luego el soviético, el árabe, el norcoreano llegando al latino, el cine ha permitido unificar en la visión de la población de occidente cuales son los males que aquejan a su estilo de vida. La muestra máxima de esta conjunción de industria, cultura e intencionalidad política se puede ver en el cine propaganda propio de la segunda guerra mundial, con Prelude to war como mayor exponente, en el cual se incitaba a los soldados primero y luego a toda la población estadounidense a tener una actitud positiva de la guerra.

 Sumado a esto, a partir de la administración Reagan hubo un cambio en la politica cultural estadounidense que desfinanció a gran parte del arte sin fines de lucro a la vez que priorizaba indirectamente las producciones comerciales. Consecuencia de esto, las producciones beneficiadas fueron las que tenían como sustrato las tradiciones puramente occidentales en desmedro de otras influencias culturales propias del gran mosaico cultural que es Estados Unidos. iv Por lo tanto, la politica cultural de Reagan fue claramente neoliberal al propiciar discursos proyectaba al mundo imágenes y marcos de aprehensión de la realidad que eran funcionales a los intereses propios de la hegemonía norteamericana. En estas políticas están encuadradas la mayoría de las producciones cinematográficas que nosotros consumimos en nuestro país. ¿Acaso eran inocentes las nacionalidades de algunos de los “enemigos” de Rambo o Rocky Balboa?

Las enseñanzas y nuevas propuestas

Una de las conclusiones que nos deja esta pandemia es que las políticas exteriores que lleva adelante el país no pueden basarse en sentidos comunes. Habiendo diversificado la compra de vacunas a distintos laboratorios y priorizando la autorización de la Sputnik V se dio una muestra de que la decisión de llevar adelante relaciones multipolares fue acertada. En términos geopolíticos, Argentina decidió acercarse más a Rusia y a China sin embargo eso no generó ni el envenenamiento que clamaba la oposición ni la cerrazón del mundo occidental. Todo lo contrario, los países europeos siguen apoyando al país en sus negociaciones con el FMI y lo hicieron en su momento con la restructuración de la deuda privada. Los sentidos comunes no ganaron esta vez, pero nada nos asegura que no vuelvan a embestir contra el bienestar de los y las argentinas.

Es por esto que debemos pensar cómo combatir estos discursos de odio. Desde la profesión de quien escribe, historiador y docente, se propone educar en geopolítica. ¿Qué seria esto? Dar sustento a las decisiones estatales (y entiéndase que se dice estatal y no gubernamental) a partir de una educación que platee a una Argentina conectada al mundo y a su continente. Tenemos un Parlasur y tuvimos una Unasur, pero no logramos que nuestra población entienda para que están. Por eso mismo (entre otras causas) cayeron o siguen existiendo de manera casi decorativa. Tuvimos que soportar como sociedad, todo tipo de acusaciones sin ningún fundamento contra países simplemente porque no gustaba a la elite que se compre vacunas a ese país y no a otro. Algo similar paso hace años atrás, en la gestión de Cristina Kirchner y el inicio de relaciones comerciales con países africanos, particularmente Angola. ¿Cómo podemos seguir tolerando que la única política exterior posible para nuestra elite sea con occidente y sus satélites? ¿Cómo puede ser que la única opción sea estar alineado geopolíticamente con Estados Unidos? Para superar esto necesitamos una educación pública y científica fuerte que esté descolonizada (y entiéndase que hablamos de descolonizar, no de cambiar un colonizador por otro) y que tenga una fuerte impronta popular, democrática, plural y, por supuesto, latinoamericana. Como llevar adelante esto ya es tema para otra entrega.

i Vale aclarar que cuando el autor habla de lo no prevenido está hablando del impacto profundo y la crisis global que generó la pandemia. Esta, como tal, viene siendo advertida por la Comunidad científica hace años sin que ninguno de los estados o instancias supranacionales le hayan dado la importancia necesaria.

ii Kopel, Ezequiel. (2020) Medio oriente, lugar común: siete mitos sobre la región más caliente del mundo. Buenos Aires, Ciudad Intelectual.

iii Wolf, Eric (1982). Europa y la gente sin historia. México, Fondo de Cultura Económica. iv Cocke, Dudley, Art in a Democracy, The Drama Review 48, 3, Fall 2004

iv Cocke, Dudley, Art in a Democracy, The Drama Review 48, 3, Fall 2004