Echarse un cloro en vivo

Por Pablo Rizzi.

Es de noche, la cena ya pasó y también un último café. Me siento, cómodo, en el piso del living frente al televisor. Viene mi gato, Bowie, se para sobre mis piernas, refriega su cabeza de peluche dorado en mi cuello, se acuesta, se duerme.

Se me duerme una pierna. Duele. Levanto al gato y lo acomodo en el sillón. Me arrastro con la pierna dolorida, y me acuesto en el mismo sillón, a su lado, esperando que deje de doler. Otra vez Bowie recuesta su cabeza, está vez sobre mi brazo. Y ronronea

En la tele se repiten los programas de la noche anterior. Vuelvo a ver las noticias como un deja vu fallado, esperando que algo cambie. Con la esperanza de que algo cambie.

Una mujer bromea en cámara. En el contexto de una pandemia mundial, aislados de nuestros contactos cercanos y mientras los contagios superan los 7000 enfermos diarios una mujer bromea en cámara, o yo necesito creer que bromea.

La conductora de programas de puterio de la farándula, Viviana Canosa, tiene la función diaria de convertir a la política en un puterío espectacular del cual escandalizarse, reírse, y descartar como medio de transformación de la realidad.

El programa invita a aceptar que todo es lo mismo, que no hay esperanza, y que sólo resta ponerse del lado de la soberbia irresponsabilidad brutal de la conductora, para sentirse parte de una mirada crítica tan de cartón como la escenografía de Mirtha, indiferente como risa de Susana e improductiva como cualquier acto de consumo masturbatorio.

Viviana Canosa decidió tomar dióxido de cloro en vivo en el contexto de una pandemia mundial que aún no tiene vacuna. El dióxido de cloro puede causar irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, entre otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales.

Necesito creer que bromea, esta realidad necesita ser tomada en broma.

«Viviana Canosa está echándose un cloro en vivo» y es el mejor ejemplo que encuentro de haber dejado el país durante cuatro años bajo la irresponsabilidad de un psicópata; de vivir la incertidumbre de un lavado de estómago, la clase media votando a Macri y tirándose un tiro en el pié, hay que estar mal para estar mejor y poner en riesgo la vida.  La tonta tv macrista en toda su expresión sigue siendo una grotesca metáfora de esa ideología medieval, cruzada por creencias nunca fundamentadas pero el más grande marketing jamás usado hasta ahora.

Arrolla la seeeed… Paso de los Forros.

Anda a saber igual si realmente está bebiendo dióxido de cloro, es medio amarillento, como el periodismo que hace.

¿Será Gatorade de manzana? ¿Orina? ¿Orinoterapia? Nos mean y la prensa dice que llueve. Hay gente que toma su orina, y hasta periodistas que se comen su propio pescado podrido, no me digas que Viviana se lleva cualquier cosa en la boca porque le agarró el síndrome Marley.

La triste aceptación del radiador consiste en comerse todos los bichos, y mirá si nos habremos comido sapos.

La estupidez programada contagia más que el Covid19 …🤔. Mañana por ahí vemos a Viviana Canosa quejarse del dolor de panza, mintiendo dignidad y denunciando entre lágrimas falsas: «Señor inodoro, no me llame más».

Necesito tomarme la realidad en broma por unos minutos. Solo por unos minutos, porque el humor idiota genera adicción, pega más que el paco y eso es lo que persiguen programas como el de Canosa, que todo se vuelva una broma, una estúpida broma que oculte la realidad del poder real.

Bowie ahora ronronea.

Parece como el motor Audi de un gacel del 87; lo sé porque tuve uno y una vez yendo a un ensayo una corista me preguntó si todo lo hacía tan suave como ese rebaje ronroneante que nos sacaba de la panamericana.

Todo no. ¿O sí? No sé.

Todos tendemos a pensar alguna vez que estamos parados en un centro, ni muy suaves ni muy duros, ni muy altos ni muy bajos, ni muy despiertos ni muy dormidos; aunque todos intuimos que alguien nos duerme.

Desde ese mentiroso centro de coherencia y razón medimos al mundo y eso nos tranquiliza a todos; salvo a Viviana Canosa, ese monstruo mediático nacido en una noche de tormenta en las oscuridades de un castillo, tras la caída de un rayo de puterío espectacular. Ojalá algún día vuelva a ese castillo de la farándula de donde nunca debió haber salido. No creo que lo haga.

En el sillón, Bowie se duerme solo, aunque todos intuimos que alguien nos duerme.

La cama está ahora demasiado lejos.

El control remoto está demasiado lejos.

La mañana está demasiado lejos.

Mejor esperar que la mañana llegue, abrazar al gato peluche y cerrar los ojos.