¿Dónde queda Buenos Aires?

Por Nicolás Graciano, Licenciado en Historia UBA.

Hace unas semanas, el matutino dominical del diario La Nación nos ofrecía una columna escrita por Pablo Sirvén que, bajo un título muy poco original, generó la polémica de muchas personas y figuras, tanto políticas como intelectuales, por los dichos sostenidos en dicha presentación.

Para quien no lo haya leído, la nota no es más que una arenga y un reclamo a las figuras de Juntos por el Cambio para que se organicen y ganen La madre de todas las batallas electorales, es decir, poder sacarle al peronismo, nuevamente, el triunfo en la Provincia de Buenos Aires. Sin
embargo, lo polémico no fue que el periodista haya utilizado la plataforma de un medio “independiente” para fines claramente partidarios sino su poco feliz comparación del conurbano bonaerense con la inviabilidad africana.

En tres líneas, Sirven desplegó toda una catarata de discursos que sostiene la línea editorial del diario y que representa fielmente el imaginario no solo de la elite porteña sino también, y es central que se lo tenga en cuenta, de toda una capa de los sectores medios pequeño-burgueses que ven en el conurbano una extensión de la miseria, la ignorancia y la inviabilidad, que serían propias del continente africano, el cual no solo es culpable de su propia miseria sino que también lo es de los males del país entero. Pero no es solo eso lo que le molesta al periodista, su mayor reclamo, aunque lo diga solapadamente, es que esta población del conurbano, la africanizada,
la que pareciera que no es de su país tiene en sus manos la llave para ganar cualquier elección y, por lo tanto, los destinos de la patria, de su patria.

Mas allá de esta controversia, que ya es noticia vieja y aunque causo gran indignación en la sociedad no vino a revelarnos nada que ya no supiéramos sobre cómo piensa la elite terrateniente de nuestro país, la pregunta que creo que se despliega es la siguiente: ¿Dónde quedan geográficamente las Buenos Aires, ciudad y provincia? Pero antes de intentar responder esta pregunta creo que es menester hacer algunas aclaraciones sobre África y su inviabilidad.

Imágenes africanizadas

Es interesante notar que, entre las reacciones a la funesta comparación del periodista mencionado, el núcleo de las críticas giró en torno al claro componente racial del comentario y de lo malicioso que implica comparar el conurbano bonaerense con las realidades africanas. No obstante, poco se cuestionó en estas críticas la naturalidad con la que se asocia a África con la idea de inviabilidad. Tácitamente muchos de los discursos no cuestionaban la idea de un continente africano imposible de gobernar, el problema era que el periodista considere que esa realidad sea similar en el conurbano. Esta situación nos tiene que llevar a pensar entonces: ¿Qué sabemos del continente africano como para dar por hecho su inviabilidad?

La realidad es que sabemos poco y nada de lo que sucede del otro lado del Atlántico. Porque si, no solo está Europa mas allá, existen otros continentes. Para las generaciones que crecieron bajo el paraguas cinematográfico de Disney las primeras imágenes que consumimos como sociedad sobre África fueron, tal vez, las de Tarzán: un bebe blanco que por un infortunio se
encuentra abandonado en el corazón del África negra y que, aun sin tener una edad para auto preservarse, culmina siendo el Rey de la selva y de los animales que en ella habitan. Es decir, si nuestro acercamiento como sociedad empieza con este tipo de historias donde un blanco, a pesar de todas las adversidades, tiene asegurado su lugar natural dominante frente a la población animalizada del continente, es claro que el componente etnocentrista de este tipo de relatos va a permear en la sociedad bombardeada por producciones culturales que empezamos a interiorizar desde nuestra más tierna infancia.

Con esto no se quiere decir que todo es culpa de la productora de contenidos animados, mas bien, es solo un ejemplo de una extensa lista de los discursos que se despliegan en nuestro imaginario sobre la vida en el continente africano. Y debemos notar una cuestión importante: la mayoría de estos discursos son producidos en los países del norte, los mismos que colonizaron y despojaron de sus riquezas (y sus personas) al continente africano. Por otro lado, si observamos nuestros planes de estudio escolares de Historia, África solo aparece al momento de la colonización y como un apartado secundario de la historia verdaderamente importante, la europea. Como si la historia solo empezase cuando el hombre blanco entra en escena, casi toda la historia de un continente es borrada, por omisión, en un solo movimiento.

Estas imágenes, colonizadas y reveladoras del ideal supremacista que históricamente llevó al hombre occidental a creerse amo y señor de los destinos del mundo, son las percepciones que tienen en la cabeza nuestras elites locales. No existe para ellos otro África, con voz propia. Es inviable porque así lo dicta su naturaleza, basta ver cómo, lograda la independencia de estos países (independencia que estos mismos discursos omiten que fueron conquistadas a fuego y sangre y no, como a veces se intenta mostrar, brindadas por gracia de las potencias europeas) cayeron rápidamente en manos de tiranuelos oportunistas que llevaron a la ruina al continente. De la Neocolonización y el extractivismo imperantes ambos escondidos, y no tanto, en tratados bilaterales entre ex metrópoli y ex colonia, nada se dice.

En definitiva, nuestras elites no dejan de ser reproductoras de los discursos sostenidos por occidente que intentan poner en África y su gente el lugar de la inviabilidad, la pobreza y la ignorancia. Poblaciones que solo pueden ser víctimas de reyezuelos con ropajes democráticos que logran entronizarse en el poder perpetuamente y/o fanáticos religiosos que rompen cualquier tipo de norma civilizada de paz y cooperación propuesta por occidente. ¿Acaso no suena a críticas que se hacían y hacen en nuestro país de un sector/partido político a otro?

La historia y desarrollo socio político de África no puede ser resumido en algunas líneas ni dar respuestas axiomáticas que apliquen invariablemente en todo África en cualquier momento histórico del que hablemos. Pero si hay algo que si podemos afirmar: hay una historia muy rica que debemos recuperar y esta no puede ser la contada por occidente, debemos escuchar las mismas voces africanas.

La construcción de una ciudad

Pasada la mitad del S. XX la geografía recibió, principalmente de mano de Milton Santos, una renovación total de su campo de estudio. A la idea de un mundo basado en la División Internacional del Trabajo donde países como el nuestro (al igual que África) tienen la tarea de producir materias primas para el centro hegemónico occidental, la geografía crítica agregó una complejidad que nos puede servir para entender el problema de las Buenos Aires. Para esta nueva visión, que ya mira en un mundo cada vez más globalizado, ya no se trata solo de Nortes ricos e industriales y Sures pobres y productores de materias primas sino mas bien de un entramado mas complejo de ciudades globalizadas y transnacionales que organizan y sostienen la producción capitalista en cada territorio.

Dicho de manera más amena, lo que se propone es pensar que todos los Nortes tienen sus Sures y todos los Sures tienen sus Nortes. Aplicado a nuestro caso entonces, la Ciudad de Buenos Aires y su elite representa el Norte de nuestro país, lugar geográfico desde el cual se dictan las directrices económicas, se organiza la producción y está en franca consonancia con las necesidades del capital internacional. Frente a esta Ciudad norte globalizada, cruzando el riachuelo o la Au. General Paz, se encuentra el Sur empobrecido.

Esto nos lleva a pensar en algo que Sirvén no se anima a decir, pero se lee entre líneas. Si el conurbano es África, la Ciudad de Buenos Aires no es más que una hermana de las ciudades europeas. Nuestra élite burguesa-ganadera, insuflada por viejos epítetos adjudicados en nuestro pasado como Granero del Mundo (“La París del Plata” o “La Atenas del Plata”), gobierna los destinos de nuestro país de espalda al mismo, mirando a Europa, deseando ser ellos. En definitiva, gobiernan un país al que no quieren, pero necesitan. Sin el Sur, sin el Conurbano “africanizado” y por extensión el resto del interior, la Ciudad de Buenos Aires no sería lo que es.

Desde el inicio de los tiempos independentistas en nuestro actual territorio argentino, la ciudad de Buenos Aires ha sido la punta de lanza del capital extranjero para la explotación de nuestros recursos naturales. Basta con ver la red de trenes de nuestro país para dar cuenta como gran parte de sus trazas se concentran principalmente en el puerto de Buenos Aires y, en menor medida, en el de Rosario. Ambos puertos de exportación de granos. Si ampliamos un poco mas la mirada, para dar cuenta que no es algo que solo pasa en nuestro país, sino que responde a lógicas mas profundas e internacionales, vemos que la gran mayoría de las grandes ciudades
latinoamericanas son puertos de exportación, muchas de ellas también capitales de sus respectivos países. Nuestras economías están pensadas y diseñadas históricamente primarizadas y con fines extractivistas y para que este sistema funcione se necesita de elites locales dispuestas a negociar con el capital internacional. ¿Acaso nada de esto nos resuena en la actual puja con los sectores concentrados del campo para fijar precios acordes a la realidad que vivimos?

Para ir finalizando quisiera volver a una idea que me parece central y no fue del todo explicada. Nuestra elite detesta el conurbano, pero lo necesita. En este mundo de ciudades transnacionalizadas, donde los puestos de trabajos disponibles tienden en dos direcciones contradictorias, la súper especialización o la marginalización, se necesita un gran ejercito de reserva laboral que esté dispuesto a trabajar en los puestos precarios que necesita la Ciudad para su sostenimiento. El mundo post moderno ya no se trata de países ricos frente a países pobres sino mas bien a ciudades ricas inmersas en un mundo cada vez mas empobrecido. Lo que Sirvén, oculta, pero sabe, es que necesita de ese mundo empobrecido para tener el lugar que tiene dentro de nuestro sistema social.


Entonces ¿Somos africanos o europeos?

Efectivamente la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires viven dos realidades materiales distintas y en algún punto asimétricas y parte de las representaciones simbólicas que cada población hace si misma depende, en gran medida, de estas condiciones materiales de existencia. Sin embargo si hay algo que nos enseñó la pandemia que estamos atravesando, es que tanto la Ciudad como el Conurbano son parte de una misma ciudad y que como tal, como si fueran dos polos opuestos, un Norte y un Sur, se complementan para su funcionamiento. Es esta la forma en que se estructuran hoy en día las grandes formaciones urbanas en casi todo el mundo, incluida África.

No obstante, tal vez haciéndole un guiño a favor del cuestionado periodista, no debemos perder de vista que realmente hay sectores del conurbano bonaerense que hasta el día de hoy vive en condiciones casi infrahumanas y no podemos, ni debemos, escudarnos solamente en la inviabilidad o en lo complejo que es la gobernabilidad de una ciudad que crece constantemente. Siendo francos hay una gran responsabilidad política, principalmente del peronismo (en todas sus versiones) siendo el partido que mas gobernó el conurbano, al no diseñar políticas de urbanidad o de desarrollo productivo por fuera del cordón urbano del AMBA.

Entonces, ¿qué tan lejos estamos de África? Si uno mira indicadores como el Índice de Desarrollo Humano (IDH) o el PBI per Cápita, podríamos inferir que Buenos Aires, pensada como un conjunto, está más cerca de Europa que del continente africano. Sin embargo, hacer este tipo de apreciaciones son absurdas y carente de sentido. Aunque es real que nuestro país y,
principalmente, Buenos Aires tienen niveles de vida nada despreciables y cercanos a los niveles occidentales, nuestra realidad está mucho mas cerca de África que de Europa.

Pensemos en este ejemplo para concluir, la compra de vacunas en el marco de la Pandemia. Se ha visto que Europa y EEUU principalmente han cooptado casi toda la compra de vacunas contra la Covid-19 al punto de ya tener aseguradas compras para la totalidad de su población. Si bien Argentina es uno de los países más avanzados en este tema es real que estamos lejos de esa situación de tranquilidad con respecto al reservorio de dosis para nuestra población.

Buenos Aires no es ni europea ni africana, es todo caso es latina y como tal, por mas de que le duela a la imaginación de nuestra elite, comparte una historia en común con África mas que con Europa. Ambos continentes, aun con las amplias diferencias que existen, comparten el mismo lugar dentro del gran sistema de producción de este mundo globalizado, entregar materias primas en forma de Commodities y mano de obra lo mas barato posible al mercado internacional. En ese sentido, sí señor Sirvén, tal vez el conurbano este africanizado. Pero solo en ese sentido, el que le da usted, es puro racismo solamente.