Disquisiciones sobre Doctrina Peronista, Socialdemocracia, Tercera vía y Doctrina Social de la Iglesia

Por Víctor Hortel

En una entrevista reciente, nuestro Presidente Alberto Fernández, ante una pregunta del periodista Jorge Fontevecchia, sobre si “, ¿se podría decir que usted es socialdemócrata? Respondió: “—Sí. Los peronistas me van a odiar por decir esto. […]. El peronismo tranquilamente podría calificarse como socialdemócrata”[1].

Disculpen mi ignorancia, pero me hace ruido eso de, “los peronistas me van a odiar por decir esto”.

Intentando elucubrar algún pensamiento, recuerdo (por citar un ejemplo de dos Estado-monárquico imperial uno y republicano federal el otro, ambos bien distintos y lejanos a nuestro país), que hacia fines de la década de los 90, más precisamente, el 8 de junio de 1999, el Primer Ministro de Inglaterra, y líder del Partido Laborista, Anthony Charles Lynton Blair y el Canciller alemán Gerhard Schröder, firmaron el informe conocido como “Europa La Tercera Vía”.[2]

En ese momento, dicho documento afirmaba que la socialdemocracia había encontrado una nueva aceptación, pero solamente debido, a que, si bien seguía conservando sus valores tradicionales, al mismo tiempo había comenzado a renovar sus ideas y modernizar sus programas en forma creíble.

Se sostenía entonces, que la nueva aceptación de la socialdemocracia se fundamentaba en la defensa de la “justicia social”, en el dinamismo económico y en el desencadenamiento de la creatividad y la innovación.

Básicamente, la Tercera Vía promovía la profundización de la democracia y enfatiza el desarrollo tecnológico, la educación, y los mecanismos de competencia regulada, a fin de lograr el progreso, desarrollo económico, desarrollo social.

Las filosofías de la Tercera Vía, generalmente son descriptas como una “síntesis” del capitalismo y el socialismo.[3]

Luego, si por “social-democracia” se entiende ideología política, social y económica, que busca apoyar las intervenciones económicas y sociales para promover la justicia social  en el marco de una economía capitalista, así como un régimen de política que implica un compromiso con la democracia, medidas para la redistribución del ingreso  y regulación de la economía en las disposiciones de interés general y el “Estado de Bienestar”; que tiene como objetivo crear las condiciones para que el capitalismo conduzca a mayores resultados democráticos, igualitarios y solidarios. Entonces no entiendo porque “los peronistas” se irían a enojar por las expresiones del Presidente.

Puede entenderse que el nacionalismo popular en Argentina mire con alguna reserva a los movimientos socialdemócratas europeos; luego, que el Presidente Alberto Fernández intente una orientación socialdemócrata no significa que tenga la misma historia que la socialdemocracia, que por otro lado ni siquiera en Europa tienen la misma historia entre sí.

Tengo presente también que el nacionalismo popular en Argentina y la socialdemocracia europea coincidieron en la crítica a las estrategias propiciadas por el Fondo Monetario Internacional basadas en el fundamentalismo de mercado.

En esa inteligencia, y frente al fracaso de las políticas económicas del gobierno macrista –siempre apoyado por el FMI-, es entendible que nuestro Presidente presente una alternativa bien distinta basada en la expansión de las fuerzas productivas, reservando para el Estado el rol de regulador del sistema capitalista.

Luego, y parafraseando al informe “Europa la Tercera Vía”, se me ocurre, que el Presidente Alberto Fernández, busca “una nueva aceptación” del peronismo, que “conservando sus valores tradicionales”, comience a “renovar sus ideas y modernizar sus programas en forma creíble”.

En “Conducción Política”[4], el general Perón sostenía que: “Las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario ir adaptándola a los tiempos, al progreso y a las necesidades. Todo ello influye en la propia doctrina, y una verdad que hoy (nos) parece a nosotros incontrovertible, quizá dentro de pocos años resultará una cosa totalmente fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de circunstancias.”

Tal afirmación me lleva a pensar que la orientación “socialdemócrata” del peronismo del Presidente Alberto Fernández, sea una “vuelta de rosca”, “una corrección de rumbo” o una “actualización” del peronismo nacional y popular.

Y me permito pensar, que durante el año pasado, el peronismo nacional y popular, tal vez aplicando las enseñanzas del General Perón, expuestas en: “Actualización Política y Doctrinaria para la Toma del Poder[5], convocó o eligió el peronismo socialdemócrata de Alberto Fernández; considerando que en función de los fundamentales puntos estructurales de coincidencia, los matices o colores distintivos funcionarían como complementarios, logrando así una mayor base de sustentación electoral que permitiera ganar las elecciones presidenciales de ese año; algo que finalmente se consiguió.

Y me pregunto hoy, si los tonos eventualmente diferenciales entre el peronismo nacional y popular y la orientación “socialdemócrata” del Presidente Alberto Fernández, tienen sentido o pueden mantenerse, en tiempos –que como dijéramos[6]– de una Pandemia que viene a cambiar los paradigmas civilizatorios.

Para el Peronismo estas ideas, de “Tercera Posición”, “Justicia Social”, “Desarrollo Social”, “Progreso”, “Desarrollo Económico” –por citar solo algunas- no solo son conocidas, sino que forman parte de su ADN.

El General Perón, en la política exterior se posiciono tanto alejado del capitalismo liberal de los EEUU, como del comunismo marxista de la entonces Unión Soviética[7]; desarrollando una “Economía Social de Mercado”[8].

El 27 de noviembre de 1946, en el Teatro Colon, sedirigió a los industriales y en la parte medular de su discurso señaló la marcha de “un mundo en su cruda evolución hacia nuevas formas”. Y manifestó: “Parecería que una tercera concepción pudiera conformar una solución aceptable, por la cual no se llegaría al absolutismo estatal, ni se podría volver al individualismo absoluto del régimen anterior. Será una combinación armónica y equilibrada de las fuerzas que representan al Estado moderno para evitar la lucha y el aniquilamiento de una de esas fuerzas, tratando de conciliarlas, de unirlas y de ponerlas en marcha paralela para poder conformar un Estado en el cual, armónicamente, el Estado, las fuerzas del capital y las fuerzas del trabajo, combinadas inteligente y armoniosamente, se pusieran a construir el destino común con beneficio para las tres fuerzas y sin perjuicio para ninguna de ellas”.[9]

Luego, el Presidente Eduardo Duhalde propuso volver a esas pautas, las que definitivamente fueron –con tonalidades- características esenciales de la “Década Ganada” durante los mandatos del Presidente Néstor Kirchner y la Presidenta Cristina Fernández.

Desde otro ángulo, no se me escapa que tanto la Presidenta Cristina Fernández, como el actual Presidente Alberto Fernández, coinciden en la circunstancia del estrecho vínculo con el Papa Francisco; y ello –según mi humilde opinión- es por las fuertes coincidencias existente, entre las convicciones políticas por como entienden el peronismo nuestros referentes políticos y las enseñanzas y/o posiciones de la Doctrina Social de la Iglesia.

Dando por hecho, que, de un modo u otro, tenemos información de la “Doctrina Peronista”, me detendré unos párrafos en la Doctrina Social de la Iglesia, con la humilde pretensión de explicar -al menos de modo embrionario- esta sintonía entre nuestros Fernández y el Vaticano.

Desde finales del siglo XIX – a partir de la Encíclica Rerum Novarum[10] de León XIII (1891)-, la Iglesia católica ha venido construyendo una doctrina social, que articula el pensamiento de la intelectualidad y de los teólogos de la Iglesia para interpretar una realidad que trascendió el plano religioso para abarcar la cuestión social en términos de equidad y de justicia.[11]

Como bien señala López[12] : “La Doctrina Social de la Iglesia ha pasado a ser una reflexión de carácter político, económico y social, emanada desde las Encíclicas de los Papas, documentos de los Concilios o Conferencias Episcopales. En las mismas se articulan los problemas fundamentales de determinado periodo histórico vistos desde la perspectiva de la visión humanística cristiana, en donde se “…asigna un lugar preponderante a la dignidad del hombre y señala con precisión el papel del Estado, de los patronos, trabajadores y de la Iglesia en las relaciones económicas y sociales”.

Como se dijo, el Papa León XIII (1891) mediante su Encíclica Rerum Novarum, sentó las bases de análisis desde la Iglesia de los temas de relevancia social del siglo XIX y de las consecuencias que estas “nuevas cuestiones” tuvieron sobre la sociedad; posteriormente Pío XI emplearía el término “Doctrina Social” para hacer mención a un orden sistematizado, a un corpus doctrinal relativo a estos temas (S.S. Pío XI, 1931) y el cual se ha venido desarrollando a través del magisterio de los Romanos Pontífices y de los Obispos (S.S. Juan Pablo II, 1981; 1991; 1998; S.S. Juan XXIII, 1961).[13]

Partiendo de la cuestión obrera, la Doctrina Social de la Iglesia, conforme a los tiempos se ha venido ampliando a otras situaciones sociales universales. Temas como la agricultura, los modelos de desarrollo, la ordenación social, la demografía, el ambiente y la globalización, se han ido incorporando a la promesa de que la sociedad, su estructura y su desarrollo tienen como finalidad la consolidación del desarrollo de la persona humana.

Como también se ha venido proponiendo y consolidando la distinción entre progreso y desarrollo -S.S. Juan Pablo II[14] – en el sentido de que éste último no puede medirse por el aumento en la producción de bienes y servicios en determinados sistemas económicos, es necesario comprenderlo en su dimensión moral, como aquel que contribuye a la dignificación del ser humano, a la plenitud de su ser.

Según la Doctrina Social de la Iglesia, el protagonista de la vida social es el hombre, la persona humana, detentador de una trascendente e inalienable dignidad e interpretado desde su realidad histórico-concreta. Ahora bien, la persona humana no puede ser reducida a un sujeto individual nucleada en el “sí mismo”, ni tampoco puede serlo como una célula dentro de un sistema que le otorga algunas funciones dentro de la organización social. En efecto, el hombre es un ser complejo con diversas dimensiones en las cuales se condensan y retroalimentan a la vez su condición personal y el hecho de ser un ente comunitario y social. En este sentido, el orden social justo es el que permite la dignificación de la persona humana. Acá es donde se impone que los gobiernos tengan en cuenta a la hora de diseñar sus programas de gestión una elaboración conforme a “…a la conciencia del primado de cada ser humano” (Catecismo de la Iglesia católica)[15].

Existen principios generales originarios y principios derivados en la Doctrina Social de la Iglesia, los segundos emanan de los primeros, los principios originarios son: a) el principio teológico: Dios existe, ha creado el universo y el hombre; Dios es la causa primera, el fundamento último y la finalidad de toda forma social; b) el principio cristológico: Jesucristo es Dios y en consecuencia se asume la divinidad de Jesús de Nazaret, con lo cual el diálogo ecuménico adquiere relevancia; c) el principio antropológico: el hombre tiene primacía total sobre el orden material, y en toda forma y ámbito de la convivencia humana conforme a la dignidad ontológica que posee; d) el principio Ius Naturalista: la naturaleza y el orden natural existen y tienen origen divino, en 7 consecuencia, existen normas del derecho natural que la regulan y también regulan a la humanidad. Siguiendo este orden de ideas podemos decir quelos principios generales o derivados son varios: a) el principio de solidaridad: como expresión social de la radical fraternidad humana; b) el principio de convergencia o de colaboración: de todos en el bien común; c) el principio de subsidiariedad: que afecta directa y permanentemente a la autoridad social; d) el principio de participación: propio de los gobernados; e) el principio de la concepción: orgánica de la vida social; f) el principio de la justicia social.

Así, para la Doctrina Social de la Iglesia, en torno a la comunidad política, la autoridad y la democracia, la comunidad política es una realidad connatural al hombre, su fin es el desarrollo pleno de los individuos y la persecución del bien común, el reconocimiento y respeto de la dignidad humana y la promoción y tutela de los derechos fundamentales e inalienables del hombre. A este respecto se requiere de una autoridad política, la cual debe dirigir y ordenar la actividad de las personas y los grupos hacia la realización del bien común.

En lo que va del Siglo XXI, la Iglesia ha sido liderada por dos Pontífices que asumieron los nombres de Benedicto XVI y Francisco, respectivamente.

Durante el Pontificado de Benedicto XVI, se destacan Las Encíclicas Deus Caritas Est[16] y Caritas in Veritate[17].

En el caso del Papa Francisco, durante el año 2015 dicta su segunda encíclica titulada Laudato Si, mi Signore,[18] sobre el cuidado de la casa común. Este documento, dividido en varios capítulos en los cuales se abordan infinidad de temáticas, está unido por un eje central que es la ecología y el ambiente. Se parte de una idea que ya habían venido desarrollando pontífices anteriores como lo fueron Juan XXIII y Pablo XVI, cuando formularon críticas a la manera en que el ser humano se ha relacionado con la naturaleza, produciéndole daño y degradándola, llamando la atención sobre el hecho de que los modelos económicos y el afán de crecimiento económico no siempre son acompañados de progreso social y moral.

El Papa Francisco enuncia algunos principios de la Doctrina Social de la Iglesia, tales como el bien común, la justicia, la solidaridad, la subsidiariedad; y es a partir precisamente del principio del bien común que se plantea la necesidad de que la política y la economía se interrelacionen al servicio de la vida en general y particularmente de la vida humana.

Sostiene que es imposible justificar una economía sin política, una sana política debería ser capaz de integrar a los excluidos, frágiles y empobrecidos. El santo padre llega afirmar “una sana política debería ser capaz de asumir este desafío”. Es más, esta relación entre política y economía termina por producir un debate sobre quién es el culpable por la pobreza y por la degradación del ambiente, si quienes se desesperan sólo por el rédito económico o aquellos que se obsesionan sólo por conservar o acrecentar el poder.

La exclusión producto de la inequidad de los modelos económicos, afecta la raíz misma de la pertenencia a la sociedad en la que se vive, ya no se trata sólo de la explotación del hombre por el hombre y de su consiguiente opresión; así como lo afirma S.S. Francisco: “…los excluidos no son explotados sino desechos sobrantes”. Estos sobrantes son un espectáculo que como indica el santo padre generan “…una globalización de la indiferencia…”, “…esas vidas truncadas por faltas de posibilidades parecen un espectáculo de que ninguno nos altera”.

Las palabras justicia, bien común y solidaridad, resultan claves, tanto en la Doctrina Peronista, como en la Doctrina Social de la Iglesia; en tanto ambas doctrinas nos convocan a sustentar y defender los derechos humanos, que se afianzan en la dignidad de los humanos, pilar, de la convivencia expresada en términos de solidaridad con el prójimo y como fin último de la sociedad y de organización política.

En este punto, regreso un tanto al inicio de esta nota y en relación a la “Europa La Tercera Vía” o la “Tercera Posición Peronista”, destaco, que el Papa Francisco en el discurso a la clase dirigente de Brasil del 27 de ju­lio de 2013, dice que entre la indiferencia egoísta y la protesta violen­ta siempre hay una opción: el diálogo, sin ideologías, ni marxistas ni liberales.

No extraña entonces la foto entre el Presidente Fernández y los sacerdotes de la opción por los pobres.[19]

El pe­ronismo, como tercera posición, sos­tuvo que la liberación de la pobreza es un proceso de movilidad social ascen­dente que se logra mediante el traba­jo; quizás esto explique por qué, para la Teología del Pueblo, el camino del ascenso no es ni la espiritualidad, ni la revolución, sino la justicia social.

Y aquí, corresponde explicar que la Teología del Pue­blo, privilegia el análi­sis histórico-cultural y considera como pueblo solo a una parte de él, los tra­bajadores pobres.

La Teología del Pueblo –que es la Teología que de­sarrolla la categoría de pobreza sobre la que gira el discurso del Papa Francisco-, surge con los procesos políticos por la democracia entre los años 1964 y 1976.

La Teología de la Liberación, tal como se desarrolla en el resto de los países de la región, traza su rumbo re­cién en 1968 en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano rea­lizada en Medellín y hace su «opción preferencial por los pobres» en la Con­ferencia General del Episcopado Lati­noamericano de Puebla en 1976, año en que la Teología del Pueblo es silen­ciada por la dictadura cívico-militar

Y este punto me pregunto –y solo me pregunto pues mi saber en el tema es escaso-, ¿si existen contactos entre la Teología de la Liberación y el discurso del Papa Francisco? A quien resulte interesado en saber más sobre el tema, recomiendo el trabajo de la brillante teóloga argentina Emilce Cuda, “Teología y política en el discurso del papa Francisco ¿Dónde está el pueblo?”[20].

Por último, entiendo que Alberto Fernández, se ha puesto al hombro la tarea de jerarquizar “la política”, luego de cuatro años de experiencia macrista.

Si en algún momento de nuestra historia el “conservadorismo” fue una expresión del capitalismo naciente, entonces  el “macrismo” es expresión del capitalismo financiero[21].

El “capitalismo” en la Argentina, aposto en contra de la democracia durante cincuenta años. En la actualidad si bien parece haber comprendido que es más redituable convivir con ella, no termina de aceptar al peronismo al rechaza de modo terminante o cuanto menos lo considera “un mal necesario”.

Luego, el capitalismo como degradante de la ideología, se encuentra más consustanciado con la desvalorización de la democracia y el “pensamiento único” desarrollado por la filosofía norteamericana alrededor de la tesis de Fukuyama[22].

Como peronista, el Presidente sabe que la democracia también se legitima con su ejercicio. Y que la democracia no solo sirve para elegir, sino también para vivir todas las libertades, constituyendo la más eficaz y eficiente forma de gobierno.

Por ello Alberto Fernández, encara –en mi opinión- la jerarquización de la política; de la política –en tanto democracia- asociada a la confrontación de ideas, dado que, si no existe confrontación y debate de ideas, no hay política.

Los problemas que han surgido, exigen capacidad y prudencia para decidir y una firme voluntad política de avanzar y no retroceder. El Presidente lo sabe.

Es hora que como peronistas honremos la sexta de las “20 Verdades Peronistas[23]”, y hagamos fe de eso que “Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista[24]

Es nuestra obligación apoyar –sin duda alguna- la gestión del Presidente Fernández –con su tonalidad socialdemócrata-, para construir entre todos y sin especulaciones, una Patria más justa, más solidaria, propendiendo a la unidad, la integración, con el compromiso imprescindible de lograr la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación.

 

[1]https://www.perfil.com/noticias/periodismopuro/alberto-fernandez-soy-mas-hijo-de-la-cultura-hippie-que-de-las-veinte-verdades-peronistas.phtml

[2]http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-4/fuentes/i.-la-crisis-en-el-ambito-capitalista/europa-la-tercera-via.

[3]ver, por ejemplo: "40 años de experiencia con la economía social de mercado" por Willi Noack. en: «Copia archivada». Archivado desde el original el 9 de junio de 2007. Consultado el 18 de febrero de 2008.

[4]http://www.labaldrich.com.ar/wp-content/uploads/2013/03/Conducci%C3%B3n-Pol%C3%ADtica-Juan-Domingo-Per%C3%B3n.pdf

[5]https://www.youtube.com/watch?v=K5qj3y9D1EM

[6]https://www.identidadcolectiva.com.ar/victor-hortel.compromiso-conviccones-y-pandemia/.

[7]https://www.youtube.com/watch?v=N9qGN3kdywE

[8]La expresión se basa en Alfred Müller Armak, quien combino en este modelo elementos del neoliberalismo alemán (es especial el ordoliberalismo, liberalismo sociológico) y la visión social cristiana.  Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_social_de_mercado.

[9]http://elbibliote.com/resources/Temas/historia/051_060_hist_arg_jmrosa_la_tercera_posicion.pdf

[10]http://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_lxiii_enc_15051891_rerum-novarum.html

[11] Parra Contreras, R. (2016). Ideas Socialistas y Antisocialismo en el Siglo XXI venezolano.

[12] López Zurini, M. (1986). Nociones de Historia de Derecho Político. Buenos Aires: Depalma.

[13] Respecto a lo anteriormente planteado, pueden traerse a colación los siguientes documentos: S.S. Pablo VI, Carta Apostólica Octogésima Adveniens, (14 de mayo de 1971): AAS 63 (1971), Roma-Italia; S.S. Pablo VI (1967), Carta Encíclica Popularum Progressio, 65 AAS 59 (26 de marzo de 1967), Roma-Italia. Pontificio Consejo, Justicia y Paz (2004), Doctrina Social de la Iglesia. S.S. León XIII (1891), Carta Encíclica Rerum Novarum, Acta Leones XIII, Roma-Italia. Juan Pablo II (1981), Carta Encíclica Laborem Exercen, Roma-Italia. S.S. Juan Pablo II (1987), Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, Roma-Italia. S.S. Pío XI (1931), Carta Encíclica Quadragèsimo Anno, Roma-Italia. S.S. Juan XXIII (1961), Carta Encíclica Mater et Magistra, Roma-Italia. S.S. Juan Pablo II (1991), Carta Encíclica Centesimus Annus, Roma-Italia.

[14]http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/messages/communications/documents/hf_jp-ii_mes_24011991_world-communications-day.html

[15]http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html

[16]http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

[17]http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html

[18]http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[19]https://www.pagina12.com.ar/255976-alberto-fernandez-recibio-en-olivos-a-los-curas-en-opcion-po

[20]https://www.nuso.org/media/articles/downloads/3987_1.pdf

[21]http://www.motoreconomico.com.ar/opinion/el-peligro-para-la-democracia-del-capitalismo-financiero

[22]Fukuyama es conocido sobre todo por haber escrito el controvertido libro “El fin de la Historia y el último hombre” de 1992, en el que defiende la teoría de que la historia humana como lucha entre ideologías ha concluido, ha dado inicio a un mundo basado en la política y economía de libre mercado. Inspirado en Hegel sostiene que la única opción viable es el liberalismo democrático, constituyendo así en el llamado pensamiento único: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la Economía.

[23]https://www.elhistoriador.com.ar/movimiento-peronista-consejo-superior-las-20-verdades-peronistas/

[24]https://www.youtube.com/watch?v=lOZWj20PiM0