Discontinuidades entre la escucha de las redes territoriales y su destino: Una experiencia comunitaria, colectiva y participatia

Por Liliana Etlis.

Escribo para personas de carne y hueso y no a un público generalmente abstracto. Es como si estuviesen delante las personas que conozco e imagino las que tienen una escucha hacia mis adentros. Algunas metáforas están descansando, necesitan un lugar retirado del espectro cotidiano para relucirse con más fuerza en momentos de oscuridades latentes. La alegría difícil de descubrir, me acercó cada vez más a Icaria.  

Sin quererme conmovida por el torrencial de ayer, quedé quieta un rato. También con un respiro quieto, agudo, sorprendente momento del decir. 

Estando con algunas verdades recorriendo mi cuerpo, advertí que resonaban las que se dijeron durante la semana en un Conversatorio donde participaron compañeros de hueso y carne, de esos que se embarran junto a la militancia territorial con una potencia similar a la germinación de los triunfos. También dieron su palabra referente del campo popular que nunca dudan su presencia en estas propuestas. Fueron expresiones notorias hermanadas, iluminando la solidaridad y los esfuerzos. 

Para llegar a acuerdos de encuentro necesariamente tuvo que haber puntos en común, este fue *Larreta no nos cuida* y coordinados por Familiares y Compañerxs de los 12  de la Santa Cruz, sumando el espacio de Primero la Patria se llevó a cabo el Conversatorio. 

Se relataron experiencias durante el año pasado pandémico incluidas las que nos erizaban la piel y la salud desde la perspectiva de los Derechos Humanos y desde un lugar político actual con geopolítica mediante, porque la salud desde esta mirada, no sufre la enfermedad nefasta de la neutralidad del neoliberalismo.

Historias y propuestas de las redes territoriales ante la pandemia, fue un entramado donde los acuerdos y  la lucha por la dignidad se transformaban en un trabajo meticuloso y sentipensado con el cuidado del respeto, a pesar de los sinsabores de la incertidumbre principalmente durante los últimos momentos de fin de año donde fragmentos del tiempo espiralado estaban adheridos a los contagios positivos. 

Este encuentro importante de escucha, tuvo su historia en la comuna. 

Interrogando mi mundo como expresaba en el comienzo, lo que experienciamos hace muchos meses atrás, con la presencia y participación de  muchas organizaciones como Abuelas, investigadores, vecinos, ollas populares, clubes, profesionales, Hospital Ramos Mejía, Cesac, Defensoría, y otras importantes nombradas en mis primeros escritos en este espacio, insistíamos en la aplicación de la cuarentena *intermitente*, pero pareciera ser que a pesar de todo, la palabra tan mágica, se transformó en una *comunicación intermitente* entre la red comunal y algunxs dirigentes y así, de este modo, quedaron testimonios de conversatorios lúcidos en rectángulos de pantallas donde amanecen los abrazos virtuales y las nostalgias de los debates mirándonos a los ojos con profundas miradas teñidas de vida. La incomunicación también es un virus, como una galería de sombras acumuladas por el tiempo.  

Este tipo de incomunicación se transmite por las ondas sonoras en el aire y hay quienes producen un movimiento para ser recibidas con emoción para ser escuchadas, comprendidas, reflexionadas y debatidas y quienes reciben las mismas ondas  y no pudieron escuchar, relacionadxs más a la no vida, a la no escucha, al negacionismo, a la carencia de aceptar de que se piensa diferente y que podemos acordar, al maltrato del sonido y las palabras ante la experiencia de la militancia territorial que peleaba por estar todxs vivxs. 

La intermitencia relacionada a cómo salir de la incertidumbre  peligrosa del virus  SARS COV2 y de la enfermedad que producía: el Covid19, fue debatida en muchos lugares y espacios.  

Las prácticas en espacios como el Observatorio de Derechos Humanos de la comuna 3, Comités de emergencia, el Grupo de Salud, son lugares donde aparecieron ¿aparecieron? tramas sociales como la desigualdad que existía antes de la pandemia, principalmente en  hoteles, pensiones y casas comunitarias donde vivían muchas personas sin poder cumplir con el aislamiento por las condiciones infrahumanas a  pocas cuadras de Congreso. El Plan Detectar, la comisión de salud Mental, la ayuda en alimentación, estrategias para resolver documentaciones urgentes de vecinos que no podían esperar y otras fueron germen del Conversatorio de la semana.

Donde les cuento que estuvo mi cuerpo presente fue en el asombro al sentipensar prácticas territoriales y su planificación a través de redes proponiendo soluciones concretas. La intermitencia era una de ellas.

Comprendí que la solemnidad ritualiza incomprensiones y la convierte en ofrenda. La intimidad de lo que existe, la imagen adherida a mis párpados traza un punto misterioso y oscuro, además de lo gestual y sus huellas dibujan alrededor mi vida. 

Mi parte más profunda quiere continuar fortaleciendo lazos para un Buen Vivir donde la justicia social, la equidad, las soberanías en sus diversas formas sea en función de disfrutar un mundo mejor. 

Utopía descolonizada y pluriversal siempre.