Dime de quién es Crimea y te diré quién eres (2ª parte)

Por Christian Lamesa.

Cuando el Presidente Vladímir Vladímirovich Putin llegó a la presidencia de la Federación de Rusia, primero de forma interina, tras la renuncia de Boris Yeltsin a su cargo, el último día del año 1999; y luego de las elecciones del 26 de marzo de 2000, habiendo ganado ampliamente por el 52,99% de los votos; el nuevo presidente debió enfrentarse a problemas muy graves y variados que amenazaban inclusive la existencia misma del país, tal y como lo conocemos.

Cuatro meses antes de que Putin asumiera la primera magistratura de la federación, había estallado la segunda guerra de Chechenia; Moscú y otras regiones del país sufrían atentados terroristas de una violencia inusitada, la economía nacional estaba en un estado ruinoso y había una clase empresarial corrupta, los oligarcas, que construyeron su poder y riqueza, a costa del saqueo y la apropiación a precio de remate, de la industria soviética y los recursos energéticos privatizados. Las jubilaciones y los sueldos de las fuerzas armadas del país sufrían retrasos de hasta seis meses en sus pagos, por solo enumerar algunas de las situaciones acuciantes que se vivían en la nación euroasiática, por aquel entonces. A todo esto había que sumarle el acoso del que era objeto Rusia por parte de EEUU, país que a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), financiaba y entrenaba a los grupos terroristas internacionales, vinculados con Al Qaeda, que operaban en Chechenia y atentaban contra la población civil; o la política de la OTAN y la Unión Europea avanzando sobre los países del espacio postsoviético, como vimos en el artículo anterior.

En esta situación crítica, Vladímir Putin debió priorizar la solución de los problemas más urgentes y peligrosos para el país y así los fue resolviendo, poniendo en marcha la economía y recuperando los sectores estratégicos que debían estar bajo el control y la organización estatal. También era prioritario desarmar las redes del crimen organizado que asolaban a Rusia, muchas de ellas vinculadas a oligarcas que fueron enjuiciados y hallados culpables, como en el caso de Mijaíl Jodorkovski. Del mismo modo logró fortalecer nuevamente a las fuerzas armadas para la defensa del país y de su pueblo y derrotando al terrorismo internacional en territorio ruso.

Una vez conseguidos estos importantes objetivos, el presidente ruso se enfocó en el nuevo papel que debía desempeñar su país en el mapa geopolítico y así se los comunicó claramente a los líderes políticos y militares de la OTAN, el 10 de febrero de 2007 en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Fue grande la sorpresa de los altos mandos congregados en la ciudad alemana, cuando le toco tomar la palabra a Vladímir Putin y pronunció un profético discurso, por el devenir de los acontecimientos en los años venideros y además, no pidió permiso, sino que expresó claramente cómo sería la posición de su país en el mapa mundial a partir de ese momento. Esto era un verdadero terremoto en el corazón del imperio otaniano y así lo dejaban ver, los rostros de la canciller alemana Angela Merkel, el senador republicano John McCain o el español Javier Solana, por aquel entonces Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común, entre otros asistentes. Cabe recordar que Solana, político del Partido Socialista Obrero Español, era el secretario general de la OTAN en 1999, durante la Operación Fuerza Aliada, en la cual la alianza militar bombardeo por casi tres meses a la República Federal de Yugoslavia, especialmente a su capital, Belgrado, causando miles de muertos entre la población, atacando edificios residenciales, canales de televisión, escuelas, hospitales y hasta jardines de infantes. El 38% de todos los objetivos eran civiles. Esta acción militar nunca contó con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo tanto era ilegal según las leyes del derecho internacional. La excusa era apoyar a la población albanokosovar, eufemismo para terminar el desmembramiento de lo que quedaba de la antigua Yugoslavia y de Serbia, arrebatándole el ancestral territorio serbio de Kosovo.    

A continuación, enumeraré los puntos más relevantes que abordó el mandatario ruso y sus reflexiones al respecto, las cuales marcarían de manera determinante el futuro de las relaciones entre el bloque militar occidental y la nación eurasiática.

Mundo unipolar:

¿Pero qué es un mundo unipolar? Por mucho que se intente adornar ese término, en la práctica ello tiene una única significación: la existencia de un solo centro del poder, de un solo centro de fuerza y un solo centro de toma de decisiones. Es un mundo en el que hay un solo dueño, un solo soberano. Al fin y al cabo, ello resulta pernicioso no solo para aquellos que se encuentran dentro de los marcos de tal sistema, sino también para el propio soberano, pues ese sistema lo destruye desde dentro. Además, tal estado de cosas no tiene nada que ver con la democracia. Porque la democracia, como es sabido, es el poder de la mayoría en el que se consideran los intereses y las opiniones de la minoría”.

Política exterior rusa:

Rusia es un país con más de mil años de historia y casi siempre ha aprovechado el privilegio de llevar a cabo una política exterior independiente. No vamos a cambiar esta tradición hoy en día“.   

Expansión de la OTAN:

Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la propia alianza o con la garantía de la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una seria provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos el derecho a preguntar: ¿contra quién está dirigida esta expansión?

Acciones militares unilaterales:

Las acciones unilaterales y con frecuencia ilegítimas no han resuelto ningún problema. Es más, han provocado nuevas tragedias humanas y tensiones“.

Militarización del espacio exterior:

La militarización del espacio exterior, en opinión de Rusia, podría tener consecuencias impredecibles para la comunidad internacional, no menores que las que tuvo el comienzo de la era nuclear“.

Respeto al funcionamiento de la ONU:

El uso de la fuerza solo se puede considerar legítimo si la decisión es tomada sobre la base de y en el marco de la ONU. Y no se pueden reemplazar las Naciones Unidas por la OTAN o la Unión Europea“.

El presidente Putin no hizo más que describir un estado de cosas y plantear una posición de respeto e igualdad entre los estados, pero claro, sus socios europeos y americanos, como gusta nombrar Putin a los mandatarios de los países integrantes de la alianza atlántica, no estaban acostumbrados a estos planteos pidiendo un mundo multipolar, sino más bien a la genuflexión con la que Boris Yeltsin se les dirigía en los años noventa; pero los tiempos habían cambiado y Rusia ya estaba de pie. Nadie debería haberse ofendido por esto; pero sin embargo fue así.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, manifestó luego del discurso del presidente ruso, sentirse muy decepcionado y lamentó que Putin tuviese una imagen tan errónea de la organización y señaló que: “Nadie debería sentirse amenazado con la proximidad a sus fronteras del multilateralismo y la democracia”. Resulta difícil imaginar mayor cinismo, cuando los “valores occidentales” vienen acompañados de ojivas nucleares, bombarderos, escudos antimisiles y bases militares; y todo eso apuntando a tu territorio.      

Seguramente el motivo de disgusto de los líderes occidentales se debía a que el discurso de Vladímir Putin era, en sí mismo una declaración de principios y eso no iba a quedar así, ya que para la Unión Europea y para sus jefes en Washington, no hay lugar en el mundo para gobiernos que consideren que todos los países tienen los mismos derechos y merecen el mismo respeto.           

Tan solo un año y medio después llegaría la respuesta de la organización atlántica con su velado apoyo al ataque de las fuerzas militares georgianas a la región de Osetia del Sur.

Georgia era gobernada desde 2004 por Mijeíl Saakashvili, quien había sido un año antes, el líder de la primera revolución de colores (eufemismo de la CIA con pretensiones poéticas para denominar golpes de estado en países del espacio postsoviético, entre otros territorios). Saakashvili tenía muchos vínculos con los EEUU, habiendo completado sus estudios de abogacía en las universidades George Washington y Columbia. Era el hombre del Departamento de Estado en la ex república soviética.

En abril de 2008 se realizó la cumbre de la OTAN en Bucarest, durante la cual los miembros de la alianza militar, declararon su beneplácito al ingreso en la organización de Ucrania y Georgia, sin aun establecer una fecha concreta para la unión. Esto significaba una nueva provocación a Rusia equiparable a la que hicieron el 2004 con la incorporación de los tres estados bálticos, al tratarse al igual que estos, de dos países que integraban la URSS y por otro lado, justamente esta era una de las políticas agresivas del bloque occidental que Putin había señalados pocos meses atrás, en Múnich.

Seguramente sintiéndose respaldado por la OTAN o inclusive, instigado por ésta, el presidente pronorteamericano de Georgia le ordenó al ejército de su país atacar la región de Osetia del Sur, la cual mantiene la independencia de facto desde la disolución de la Unión Soviética, cuando Georgia invocando la autodeterminación se independiza pacíficamente de la URSS, mientras que les deniega ese mismo derecho por la fuerza a las regiones de Abjasia y Osetia del Sur, provocando una guerra, luego de la cual y tras un acuerdo entre Moscú y Tiflis, se mantuvo un cuerpo de paz con tropas rusas, georgianas y osetias, que habían logrado su objetivo exitosamente.

En la noche del 7 de agosto de 2008 comienza la invasión de la región independentista con un bombardeo indiscriminado a la capital Tsjinval, la cual fue prácticamente arrasada por el fuego de artillería, causando unos mil quinientos muertos civiles a lo largo de los nueve días que duró la guerra. Entre los objetivos de los bombardeos georgianos estaba el único hospital de la ciudad y el edificio del parlamento de Osetia del Sur. También los soldados rusos y osetios de las fuerzas de paz, fueron atacados sin previo aviso por los integrantes georgianos de ese mismo cuerpo. Ante esta situación, en la cual estaba claro que el blanco del ataque era la población osetia, el presidente Dmitri Medvédev (Vladímir Putin fue primer ministro durante el periodo 2008-2012), ordenó el inmediato despliegue de las fuerzas armadas rusas en respuesta a la agresión ordenada por Saakashvili, el cual ya pedía la intervención norteamericana. La fuerte y decidida respuesta de Moscú logró ganar la guerra en solo nueve días y llevó los tanques rusos a tan solo treinta kilómetros de la capital Tiflis, abortando los planes del presidente georgiano que incluían operaciones del mismo tipo contra la población de Abjasia, la otra región independentista y por supuesto, también hizo repensar a la OTAN el riesgo de involucrarse de forma directa como pedía Mijeíl Saakashvili, quien en la actualidad tiene pedido de captura internacional de la justicia georgiana por cargos que van desde corrupción y malversación de fondos públicos, hasta la sistematización de la tortura en el sistema carcelario durante su gobierno, así como el asesinato de políticos opositores, periodistas y altos mandos militares.

Sin duda el presidente Putin se refería a no tolerar más este tipo de agresiones y amenazas y así lo demostró protegiendo a la población de Osetia del Sur y de Abjasia de un intento de genocidio, tal como lo denunció Rusia ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya y también se definió una política de “líneas rojas”, las cuales no se permitiría que volvieran a ser cruzadas; y esto implicaba que Moscú protegería los derechos y la vida de las minorías rusas en donde se vieran amenazadas, del mismo modo que a los países amigos, tal como lo hace en Siria, a pedido del gobierno legítimo de ese país y nunca volvería a permitir que suceda nuevamente algo similar a lo que hizo la OTAN en Serbia.  

Parte de esta nueva posición de Rusia en la geopolítica es el fortalecimiento de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva, alianza militar que mantiene con Armenia, Bielorrusia, Kirguistán y Tayiquistán; y Serbia y Afganistán en calidad de observadores. Parte de esta misma estrategia es la consolidación de las relaciones comerciales y militares, además de los lazos de amistad con la República Popular China.  

La siguiente fase de la ofensiva de los Estados Unidos y la Unión Europea contra Moscú iba a llegar a finales del año 2013 con la operación de inteligencia llamada “Euromaidán” y el posterior derrocamiento del gobierno legítimo de Viktor Yanukovich en Ucrania, país estratégico debido a su extensa frontera con Rusia, y sus abundantes recursos naturales, siendo estos algunos de los motivos por los que la OTAN desea instalarse en ese territorio.