Desvaneciendo nubes.

Por Liliana Etlis.

Se despertó como todos los días con las mismas sensaciones y estados del ánimo: con mal humor y sentía frío en los pies, calor en el rostro. Fruncía el entrecejo antes de colocarse los anteojos para comprender su realidad. Se levantó suavemente sostenida por el aire y con gestos bruscos fue vistiéndose con la ropa que tenía del día anterior. Llamaba la atención que la atmósfera sostuviese su cuerpo en momentos de brusquedad.

Dependía de alguna idea más que por sus sentimientos. Soportaba padecimientos en muchas partes del cuerpo, donde su carne se distribuía en forma armónica, principalmente en los muslos, cadera y glúteos. No tenía necesidad de bañarse porque el dolor de lumbares seguía insistiendo y no era muy amiga del agua. El desgano se acentuaba durante la mañana, se le paralizaban algunos dedos de las manos por segundos y luego las sacudía para continuar con los rituales antes del desayuno.

Fue al baño y se detuvo en su cara envejecida, el cabello anunciaba sus abundantes canas.

Quedó frente a su espejo. Imaginó un amor que acariciaba su piel
o le hiciese el amor después de tantos años
o que sonara el timbre y que alguien le deseara feliz cumpleaños
o que el celular esté lleno de mensajes que transmitieran afecto
o una caricia, un beso, una palabra…

Decidió elegir, le costaba hacerlo, estaba acostumbrada a que lxs demás hablaran por ella, la dejaban muda, sin soles.

Frente al espejo comenzó a acariciar su boca, estiró sus labios masajeando las comisuras, no acostumbraba movilizar con grandes movimientos su mandíbula para charlar, su falta de dentadura le provocaba vergüenza y desencadenaba timidez. Fue por una crema de coca y cannabis, la esparció por la zona, conocía por experiencia que la ayudaría a mantener flexibilidad en los músculos del rostro.

Tarareó una canción de cuna que su abuela le cantaba cuando tenía dos años, solo recuerda que era sobre la vida de un gato y que buscaba la felicidad saltando; no registró palabras porque vocalizaba otro idioma, aun así, le quedó en mente la melodía.

Mientras desayunaba fue en busca de un cuaderno y un lápiz, escribió lo que sentía con esa música que no olvidó y frente al espejo visitó sus sentipensares pretéritos.

Quiso darle otra forma a su historia: le puso letra que podía comprender y comenzó a entonarla.
Su vida, acostumbrada al sufrimiento por tener poca expresión en sus emociones, según las miradas de los de afuera, era un calvario, pero en sus adentros la realidad le golpeaba en forma diferente, desconocía la causa.

Supuso que por ser excluida en espacios públicos y el que hablaran siempre en su nombre, haya afectado su ánimo en la vida.

Caminó hacia el living, abrió la puerta y salió de su casa después de mucho tiempo. La acompañaba una sonrisa tímida y esperanzadora.

Sintió nuevos aromas, descubrió un color diferente en el cielo muy azul. Sintió su cabello desanudarse con el viento.

Sonrió nuevamente y comenzó a andar entre un haz de luminosidad.

Chica frente al espejo de P. Picasso.

Lili Etlis- https://lilianaetlis.wordpress.com/