¿Después de la pandemia del COVID 19 puede venir la hiperinflación?

Por Juan Valerdi.

Mucha gente que se ha quemado con leche en Argentina ve venir una vaca hiperinflacionaria en estos días, por eso llora… y compra dólares.

Pero la pregunta del millón es, ¿la vaca viene o muchos operadores mediáticos disfrazados de economistas o periodistas están gritando «guarda viene la vaca!» cuando no se ve nada claro que es lo que viene en el futuro económico argentino?

Esta semana participé de una charla virtual que solemos tener con algunos amigos economistas y uno de los temas obligados fue justamente ese, ¿vendrá una híper o no? (tenemos otras charlas más divertidas los economistas, pero no terminan en artículos publicables en general)

Las conclusiones no fueron unánimes entre los siete, pero si tuviera que sintetizarlas en una frase diría algo así: algunas condiciones para una híper están dadas y hay sectores políticos y del poder económico a los que les gustaría que llegue una híper para ‘resetear’ muchas variables económicas. Esos sectores van a hacer todo lo posible para dispararla o para no evitarla. Que la híper NO ocurra depende de la capacidad de cómo maneje el Gobierno Nacional las herramientas políticas y económicas del Estado.

Pero el problema es que evitar la híper es un objetivo muy loable que se puede lograr mediante medidas socialmente nada deseables como «secar de pesos la calle» y/o poner tasas de interés altísimas en el banco central y/o rifar miles de millones de dólares vendiéndolos a quienes tengan la suerte de tener con qué comprarlos. ¿Esas medidas les suenan conocidas? Acertaron, si vivían en Argentina durante la pandemia macrista habrán podido ver todas estas medidas en acción para luchar contra la inflación, sin éxito claro, ya que después de aplicarlas la inflación se duplicó y llegó a un valor del 54%, record que para encontrar la última vez que fue superado hay que ir a la … híper del año 1989.

Cabe destacarse que hay mucha discusión entre los economistas para definir cuándo se pasa de ‘alta inflación» a «hiperinflación» digamos que el valor que muchas veces se menciona como límite es el de un 50% de inflación… mensual. (Vaya a saber que grupo de economistas trasnochados definió ese número y bajo qué parámetros “técnicos», yo no logré averiguarlo). Si tomamos como válido ese valor podemos concluir que durante la pandemia sin cuarentena del Gobierno Macrista estuvimos bien lejos de una hiperinflación y aún lo estamos ya que la inflación ANUAL en abril llegó a un 48%.

El virus de Macri no se hubiera salvado de la híper si en vez de tomar ese 50% definido por «los economistas» adoptáramos el número límite que definen los contadores en su NIC 29 (1) (Norma Internacional de Contabilidad) que establece que con un 100% acumulado a lo largo de tres años se puede considerar que una economía está en hiperinflación y los balances de las empresas deben ajustarse a esa «realidad».

Es oportuno aclarar en este momento que a los contadores, primos lejanos de los economistas, la hiperinflación les preocupa fundamentalmente por el ajuste por inflación a los balances, a los economistas diría que les preocupa si son parte del gobierno al que le toca lidiar con ese traumático evento económico o si son economistas que tienen empatía con la gente (cosa poco habitual en la mayoría de los economistas, en especial en los neoliberales, libertarios o afines), a los demás economistas les da una curiosidad casi morbosa como supongo les pasa a los infectólogos con las pandemias.

Volviendo a la pandemia macrista, dada la definición de hiperinflación de nuestros primos contadores como acumulación de más de 100% de inflación en tres años, entonces el macrismo pandémico tuvo su híper sin duda en sus tres últimos años de gobierno, superando ampliamente esa barrera y acumulando más del 180% en tres años a pesar de haber usado toda la artillería pesada disponible para luchar contra la inflación.(2) Claro que esas armas fueron las disponibles según la visión de los monetaristas, los cuales miran la economía real muy de lejos desde los manuales que se escriben en las usinas de (de)formación profesional de USA e Inglaterra. En esos libros y teorías casi nunca se habla de combatir los monopolios y oligopolios formadores de precios en producción, distribución y comercialización, simplemente porque en ellos este tipo de problemas se consideran «accidentes» de la economía y no manifestaciones habituales y preponderantes como suelen presentarse en el capitalismo y en especial en los países que no se han enfrentado a los mismos con leyes, sanciones y organismos de control serios y poderosos, como es, lamentablemente, el caso de Argentina.

Entonces, volviendo a la Argentina actualmente «encuarentenada» por el COVID 19 y cada día más lejos de la pandemia macrista, pero no de sus consecuencias, ¿podemos estar en camino a una híper? Como vimos antes, desde el punto de vista contable ya lo estamos desde hace rato, ya que la inflación no ha aflojado y sigue acumulando más de 100% en los últimos tres años. Pero desde 1989 no hemos vivido una híper desde el punto de vista de los economistas, que es el que preocupa por sus consecuencias sociales y económicas, más allá del ajuste por inflación que piden para sus balances de las empresas los empresarios para evitar pagar impuestos «de más».

Para llegar a una híper una de las condiciones fundamentales que más miran los economistas operadores mediáticos y los teóricos de manual (importado) es un abultado déficit fiscal gubernamental y su financiamiento mediante la tan conocida «maquinita» de hacer billetes. Por eso estos personajes mercenarios o miopes están gritando a los cuatro vientos que se «viene la vaca» de la híper apelando a las cicatrices de las lenguas de los Argentinos, de los que tienen edad suficiente para recordar la de 1989 o de los que se la contaron cual relato de terror.

Las medidas paliativas de la cuarentena que ha implementado el Gobierno Nacional para salvar a personas de la pobreza e indigencia y a empresas de la quiebra es lo que ha disparado en estos meses el déficit fiscal gubernamental en todos sus niveles y si bien la maquinita de hacer billetes ha funcionado en sentido literal porque los billetes y monedas en poder del público son al cinco de mayo $1,21 billones y el día de inicio de la cuarentena (20 de marzo) eran $1,03 billones, es decir que subió en $180 mil millones, en realidad el financiamiento al tesoro nacional por parte del BCRA se da por un valor mucho mayor que está representado por las «utilidades» que le transfiere este organismo a su «dueño». Estas «ganancias» del BCRA entregadas al Gobierno Nacional han sido $420 mil millones durante los 50 días que van de cuarentena y todo hace prever que este ritmo difícilmente decaiga, teniendo en cuenta la caída actual y proyectable en la recaudación de la AFIP y las necesidades de sostenimiento de las medidas paliativas para personas y empresas además de la muy probable implementación de nuevas políticas activas relacionadas con la reactivación del mercado interno.

No quiero seguir abundando en números que marean y aburren, sobre todo por tratarse de billones y cientos de miles de millones, por eso vayamos a la clave sobre si viene la híper o no, para mí, esta no pasa por el dinero que el BCRA le facilita al Gobierno, aunque sea muchísimo, sino por cómo se controla a quienes definen la formación de precios de los alimentos incluidos en la canasta familiar, que es el corazón de la inflación. Adicionalmente existe un precio con una influencia importante en la evolución de la inflación que es el precio del dólar y obviamente hablamos del dólar en todas sus variantes, legales e ilegales, al menos mientras los valores de las variantes ilegales sigan siendo ampliamente difundidas por los medios masivos de comunicación.

El «dólar blue», ese eufemismo utilizado para poder publicar el valor del dólar ilegal, tiene un nivel de relevancia ínfimo, microscópico, en la economía si consideramos su volumen de operaciones comparado con el que se canaliza en el mercado oficial, sin embargo, dada la difusión que se hace de su valor y la historia económica argentina, combinados con los monopolios y oligopolios que definen los precios de alimentos y bebidas, entonces tenemos un combo complicado si el valor del dólar ilegal se dispara y el gobierno minimiza o niega su impacto psicológico y sobre la «cobertura» de los formadores de precios.

Por eso al final hay una sola cuestión que puede definir que vayamos a la híper o no, dadas las cartas que le han tocado al gobierno en esta crisis mundial económico/financiera detonada por la pandemia del COVID 19 pero gestada por décadas de descontrol financiero global, esa cuestión es que va a hacer el Gobierno Nacional para controlar a los formadores de precios, que medidas y sanciones concretas va a tomar con los que se abusen de su posición y la situación particular de la economía y finalmente cómo va a mantener a raya al dólar.

Si el Gobierno Nacional no «se pone las pilas» en estas dos cuestiones clave entonces cuánto trabaje o no la «maquinita» de hacer billetes, cuánto déficit tenga o no el gobierno y como lo financia, cuántos billetes y monedas (de pesos) esté dispuesto el público a tener en sus bolsillos y cuentas, todo esto no importa porque quienes tienen la vaca atada pueden una vez más quemarnos con leche y forzar una híper para ganar una vez más mucho dinero.

 

 

Notas al pie:

(1) Para quien quiera consultarla está disponible en este link del consejo profesional de Cs económicas.  http://www.facpce.org.ar:8080/miniportal/archivos/nic/NIC29.pdf

(2) Debe ser por eso que el macrismo permitió un ajuste por inflación de los balances de las empresas, ajuste que no se permitía desde la convertibilidad y que va en contra de los rezagos que aún quedan de la Ley de convertibilidad que básicamente prohíben la indexación de contratos. El ajuste por inflación les permite a las empresas pagar menos impuestos a la AFIP.