Desigualdad sociocultural y diagnósticos colonizantes

Por Liliana Etlis.

Con la aparición de nuevas formas de pobreza, se imponen dispositivos que regulan la dominación y la explotación en aquellos sectores vulnerados por el sistema de atención sanitaria dando paso a una política del sufrimiento desde el padecimiento psíquico, un dolor moral como diría alguna vez Fassin D., dejando su impronta en la mente además de una visión de la persona como sufriente crónica.

Durante el siglo XX, se acentuaron problemas del comportamiento y de anormalidad social desde una perspectiva médica, el control social desde la medicalización de la anormalidad. ¿A qué me refiero con la intervención médica como forma de control social? a limitar, modificar, regular, aislar o eliminar en nombre de la salud, aquellas formas de comportamiento humano. La transformación de la maldad a la enfermedad y la adopción del modelo médico incluye la construcción de la enfermedad como la condición de estar afectado por algo que existe “ahí afuera” como los virus y los gérmenes, incluyendo solo a los órganos que funcionan mal desde una mirada positivista.

Varias nociones inundan el tema atravesado por la medicalización, el control y el disciplinamiento subjetivo. 

La mayoría de los trastornos mentales son etiquetados por clasificaciones eurocéntricas, hay grupos de médicxs que solo observan síntomas y signos haciendo hincapié en los mecanismos asociando los mismos con la enfermedad, redefiniendo la misma como un estado fisiológico lo que viene “de afuera” y la enfermedad como un estado social. Otros tienen una perspectiva no positivista, definiendo la enfermedad por la cultura y las adaptaciones al medio ambiente. Si observamos desde un enfoque diferente analizando la enfermedad como construcción social y humana, serán juicios, construcciones hipotéticas.

 Casi todos los trastornos mentales carecen de evidencias científicas según Conrad P., desde su visión psiquiátrica crítica, donde puntualiza que en las sociedades occidentales, carecen de base biofisiológica. Señala Parsons T., tanto la criminalidad como la enfermedad son formas de designar comportamientos anormales, debido a la amenaza existente para la estabilidad de un sistema social porque en cierta medida atribuye a la violación de las normas pudiendo romper la vida social y sus atribuciones. La anormalidad que aparece como intencionada tiende a ser definida como delito y cuando no lo es, como enfermedad durante mucho tiempo, vinculando la criminalidad y la enfermedad como formas de nombrar la anormalidad relacionada a los mecanismos de control social. De este modo las sanciones a la anormalidad pasaron durante el siglo XX a ser reprimidas o castigadas a ser tratadas como restitutivas, caso el alcoholismo, que ha sido definida primero como pecado, debilidad moral, crimen y luego enfermedad. 

Con el prestigio de la medicina en el control de las enfermedades contagiosas, estos comienzan a tener el derecho a determinar quién es enfermo del que no lo es, siendo además el hospital el que sustituirá a la iglesia en la sociedad occidental, señalados en el tratamiento de la jurisdicción médica el alcoholismo, adicción de drogas, niños hiperactivos, suicidio, obesidad, delincuencia, violencia, corrupción de menores y problemas de aprendizaje. Continuando con la mirada de Conrad P., para que el comportamiento sea considerado como anormal es necesario que sea visto por toda la sociedad, problemas que necesitan un remedio, como el caso de la homosexualidad, el síndrome hiperactivo y otros.

Durante estas últimas décadas, las corporaciones farmacéuticas, promotoras de la medicalización, tratan los problemas de la condición humana como la angustia, el nerviosismo, la depresión y otros, con tranquilizantes, conformando una industria ligada a médicxs.

En “Las Ansiedades de la Globalización”, Lakoff A. hace referencia en su investigación antropológica llevada a cabo en Argentina, en agosto del 2001, al surgimiento de notas sobre la semana de los desórdenes de ansiedad, una campaña de información llevada a cabo por los medios de comunicación y publicidad, destinada a que las personas acudieran a los hospitales ante ataques de pánico y fobias principalmente, influenciados por sensaciones de inseguridad respecto del futuro, el desempleo, el riesgo país. Ayudaron a una campaña financiada por la empresa Bagó, productora de Tranquilil. La alternativa era hacer crecer el mercado logrando que los pacientes y los médicxs clínicos percibieran la enfermedad. Dos meses después Clarín informaba el crecimiento del consumo del psicofármaco. La crisis crecía, pero más rápido las ventas de la medicación aumentaban y NO eran por la crisis económica solamente sino por los dispositivos creados por el mercado farmacéutico y el rol del visitador médico para favorecer las grandes ganancias. De esta manera el caso argentino “arroja luz sobre una controversia en la biomedicina norteamericana y europea: si la oferta y promoción de medicaciones psicotrópicas produce ilegítimamente la enfermedad que pretende tratar” según Lakoff en su investigación sobre el mercado de psicofármacos en la Argentina.

La cultura de los profesionales por medio de la academia y los laboratorios con su bagaje de visitadores médicos y las empresas farmacéuticas, en un contexto epistemológico están orientados a los modelos explicativos sociales y psíquicos neoliberales. El crecimiento de los antidepresivos en la población argentina se daba por la prescripción de medicamentos en combinación con las presiones del mercado y el incremento en el diagnóstico de depresión más el deterioro de las condiciones de vida y sorprendentemente la ausencia de un desorden biológico localizado en los pacientes.

Las decisiones sobre las prescripciones era una forma de control, siendo los vendedores de productos farmacéuticos los que controlaban las decisiones médicas favoreciendo el éxito del ciclo de vida de cualquier producto.

Otras formas de colonizar nuestras vidas en estos temas, se visibilizan por las prácticas en la utilización de los manuales diagnósticos: el norteamericano DSM ( Manual de diagnósticos y estadísticos de los Trastornos Mentales) y el europeo, CIE ( Clasificación Internacional de las Enfermedades y Trastornos relacionados con la Salud Mental  ) ,desconociendo muchos profesionales las clasificaciones latinoamericanas del 2003 ,revisada en el 2012 ( con la participación de Perú, Argentina, Cuba, Venezuela, Costa Rica, Chile) donde formulan un modelo diagnóstico integral centrado en la realidad, la cultura y las necesidades latinoamericanas para recuperar la Soberanía Sanitaria en parte.

La medicalización es un encuentro con las nociones neoliberales, un proceso donde la vida se patologiza y psiquiatriza, naturalizando dichos fenómenos como problemas de salud a características biológicas que no existen. Un cambio profundo y significativo es considerar las desigualdades y dependencias y transformarlas desde la raiz en Nuestramérica. Patria o Colonia sigue siendo una consigna prioritaria también en el campo de la Salud.

Bibliografía: La Guía Latinoamericana de Diagnóstico Psiquiátrico, Versión Revisada 2012. (GLADPVR) /Las Ansiedades de la Globalización de Lakoff A./Psiquiatria critica. La política de la salud mental de P.Conrad/La patetización del mundo de Fassin D.