Denuncias compulsivas no casuales

Por Silvina Caputo.

Escuchá a Silvina Caputo en «Denuncias compulsivas no casuales» acá.

Denuncias compulsivas, raras, propias de épocas macristas debimos informar los últimos días los que, pese al asombro, no podemos dejar de contar lo que sucede, como si los tiempos no hubieran cambiado.

Afortunadamente algunas presentaciones se resolvieron más rápido que otras, tal como fue el caso de la  jueza federal María Eugenia Capuchetti quien rechazó el viernes pasado un planteo a través del cual el fiscal Carlos Stornelli había solicitado el dictado de una medida cautelar para impedir la puesta en marcha del observatorio Nodio, presentado por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual como un observatorio dedicado a registrar, analizar y prevenir el caudal de informaciones y contenidos maliciosos en los medios de comunicación masivos.

La magistrada entendió que en la presentación del fiscal «no se verifica de qué modo concreto la creación del organismo afectaría el derecho a la libertad de expresión protegido por la Constitución», según consta en la resolución.

En relación al pedido de indagatoria formulado por Stornelli contra la titular de la Defensoría, Miriam Lewin, la magistrada solicitó a ese organismo toda la documentación y normativa para la creación y la puesta en funcionamiento con el objetivo de analizar si se desprende de allí la comisión de algún delito.

Parece de locos, pero así fue.

Otra denuncia, surrealista por donde se la mire, es la que presentó la abogada obsesionada con Cristina, Silvina Martínez, quien no tuvo mejor idea que acusar de enriquecimiento ilícito al secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti, intentando ensuciar una historia que será imposible de enturbiar en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia de nuestro país.

Otros denunciados fueron los periodistas del Destape Radio, Roberto Navarro, Ari Lijalad, y Franco Mizrahi, por haberse atrevido a informar con detalle sobre el espionaje ilegal macrista.

Los denunciantes: los diputados Waldo Wolff, Fernando Iglesias, Álvaro de Lamadrid y Jorge Enríquez, quienes entienden que constituyó delito difundir información vinculada a un libro de Actas de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) sin proteger la identidad de los agentes, y lo más bizarro fue que ellos no pusieron los nombres de los mismos, sino que lo hizo el periodista de Clarín, Alejandro Alfie.

Las presentaciones tampoco faltaron en el mundo del espectáculo.

Dady Brieva fue denunciado por incitación a la violencia por haber dicho que cuando el lunes pasado vio la manifestación contra el gobierno, le dieron ganas de «agarrar un camión y jugar al bowling por la 9 de julio».

Como sea, pidieron allanar su vivienda para determinar si forma parte de una red de terroristas.

La creatividad, estuvo a cargo de un grupo de dirigentes del partido Mejorar, si no los conocen, ahora sí. Igual, si existen dudas, el inefable Yamil Santoro se ocupó de publicitarlos en las redes.

Y aquí volvemos al principio, a Nodio. ¿Quiénes son los que no quieren que otros hablen? ¿quiénes son los guardianes de las palabras, de la información que Navarro no debería haber publicado, de la moral que se pregona fácilmente embanderado, «como si la Patria fuera un pedazo de tela», según dijo Estela de Carlotto, también esta semana.

¿Quiénes son los elegidos, los guardianes de la República, los democráticos, los buenos?

En honor al 17 de octubre vivido, suena la voz del general Perón: «Hechos, no palabras».

Un buen ejercicio sería entonces, analizar las acciones, las medidas, las políticas de un sector y de otro.

De los que denuncian como si todavía la Justicia no se hubiera renovado -porque saben que no lo ha hecho y tienen la misma impunidad que tuvieron cuando fueron gobierno para perseguir a opositores-, y también es un buen momento para pensar las políticas que un gobierno popular, invitando a participar a Todes, puso en práctica en pocos meses y en plena pandemia.

Tal vez los argumentos sobren, como las ideologías de quienes no los tienen. Como los jueces amigos que todavía se resisten a la Constitución y lo hacen, con el aval de la Corte.

Y es ahí donde el absurdo cobra sentido, donde los señalamientos tienen voz y donde -como dijo esta semana el presidente-, caemos en el peor de los mundos.

Y lo hacemos bajo el sonido de voces viejas que vuelven a situarse en los medios de comunicación de siempre con un Macri que da clases de conducción política cuando ha destrozado el país en tiempo récord.

Será por eso que, aunque las denuncias parecen atemporales, no lo son. Siguen existiendo, siguen respirando, ensuciando aún más una Justicia que debería velar por el bien común y no por la campaña electoral de la derecha que espera volver, como sea.