Democracia real o dictadura digital

Por Daniel Prassel.

En el discazo de 1987, “Un Baion Para El Ojo Idiota”, los Redondos en su canción “Todo un Palo” nos decían que el futuro había llegado hace rato, y vaya que hoy, ya mediando el 2020 si algún día me encontrase al Indio le diría cuánta razón tuvo en afirmar tal consideración hace ya más de 30 años, hoy vamos a meternos en un tema que puede definirse de varias formas, interesante o atrapante, necesario o complementario, en fin, depende quien sea el interlocutor la valoración que tendremos del mismo, ahora bien de una manera u otra es un tema que nos transversaliza a todas y todos, hoy vamos a reflexionar sobre los desafíos que nos propone esta era digital que avanza como una aplanadora hacia nosotrxs.

Aclaro con total honestidad, es un tema medular en la vida de la humanidad por lo que es imposible llegar en una nota a propuestas acabadas o acciones concretas, es más creo como bien me dijo algún compañero una vez, que para estos asuntos es impostergable la creación de las agencias gubernamentales necesarias que se ocupen específicamente de todo esto, intentaremos entonces como cada domingo sembrar las mentes para que empecemos a reflexionar y dimensionar el volumen de lo que viene.

Empecemos, solo en 2018 la cantidad de suscripciones a teléfonos móviles supero ampliamente a la cantidad de habitantes del planeta, eso quiere decir que tenemos más celulares que población, si miramos la cuestión desde la conectividad advertimos que las potencias y países desarrollados (EEUU – Europa) cuentan con un acceso a internet de su población del 95% hacia arriba, mientras que en los lugares más postergados del mundo (África), menos del 10% de su gente puede acceder al uso de internet, como vemos las desigualdades no desaparecen en la virtualidad, sino que se agudizan dejando a millones de personas fuera de este “futuro” y por ende, convirtiéndolos en analfabetos digitales.

Ahora bien, la era digital además de sostener esas desigualdades históricas no se trata sólo de computadoras, teléfonos móviles e internet, que están omnipresentes en cada momento de nuestra vida, sino que favorece la acumulación masiva de datos sobre las personas y sus interacciones económicas, sociales, políticas por parte de unas cuantas empresas trasnacionales, además del mapeo y digitalización de la información sobre toda la naturaleza y recursos materiales explotables o no, como vemos no es una boludez conocer y por sobre todo comprender este tiempo que estamos viviendo, donde una empresa sabe más que tu propia familia sobre vos.

Todo este combo además conlleva graves impactos ambientales y en la salud, ya que la producción de aparatos y la basura que estos generan, como la inmensa infraestructura para conexión y la capilaridad de sus radiaciones electromagnéticas, deben ser tratadas como una cuestión de estado y no permanecer solo en manos de inmensas corporaciones, que además de solo pensar en sus acciones, ganancias y dividendos, pretenden inmiscuirse en cuestiones políticas para gravitar en los gobiernos de cada pueblo y no ver jamás amenazados sus inconfesables intereses.

La expresión dictadura asociada a cualquier palabra pudiese parecer exagerada, pero pensemos un momento en lo que represento el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, y me pregunto en qué lugar queda la democracia ante un hecho de tal magnitud, donde quien debe resguardar los datos que acumula no solo los usufructúa sino que además cercena la libertad de elección de un vasto sector de un electorado, que fue prácticamente engañado en su acto soberano de votar por un proyecto cuando en realidad esos votos estaban operados y direccionados claramente desde las usinas de estas empresas.

Que debemos hacer con esas inmensas plataformas digitales, que no pagan impuestos ni son controladas por ninguna regulación ni supervisión efectiva, como Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, Twitter, WhatsApp, Telegram y otras, cuya influencia en la vida, relaciones y opciones de la mayoría de la población mundial, tampoco tiene precedentes. Si bien casi siempre cedemos los datos de manera voluntaria, tal es el volumen de los mismos que es imposible que podamos monitorear realmente que es lo que hacen con ellos o siquiera opinar.

En términos de regulación muy paulatinamente se empieza a pensar en tímidas medidas como para manejar este alud de información que se va acumulando.

Creo que el paradigma y ejemplo perfecto para comprender en parte, el poder gigantesco que estamos enfrentando es Facebook, que reiteradamente es multado por los usos polémicos de datos de usuarios que maneja, pero que sin importar los montos con los que es sancionado, en 2019 por citar un caso tuvo que pagar 5.000 millones de dólares (casi el 12% de nuestras reservas), puede pagar sin chistar y seguir funcionando, imagínate que cada vez que paga una multa sus acciones suben de precio, ya que cuando los empresarios atentos y voraces observan que posee la capacidad de lidiar con esos conflictos, invertir en esa plataforma es sinónimo de rentabilidad asegurada, traducido al criollo, Zuckerberg la tiene más larga que varios gobiernos del mundo.

Cerrando este artículo de hoy donde nos enfocamos en aspectos que podrían decirse negativos, el derecho a la conectividad se va convirtiendo cada vez más en algo de lo que nadie podrá prescindir en breve, situación que nos obliga a ir desandando los caminos que sean necesarios para dar una respuesta que priorice el uso positivo de los avances tecnológicos, que regule este universo para evitar perder soberanía nacional y que indefectiblemente garantice el acceso a las grandes mayorías populares en pos de seguir combatiendo esas desigualdades estructurales que nos siguen interpelando diariamente.

Hay que resguardar la democracia, forma de gobierno que aun con deudas y facturas vencidas, sigue siendo nuestra herramienta para incidir en el rumbo de nuestra vida como comunidad y Pueblo soberano.

La masa no será detenida con consignas sino con la satisfacción de las necesidades.”

Compañero John William Cooke

Más Estado, Más Solidaridad, Más Comunidad, como nuestrxs 30.000 nos enseñaron.