Del Ministerio de Colonias a la búsqueda de una verdadera integración latinoamericana

Por Diego Gutierrez y Ezequiel Agustin Vega.

Desde hace varios años la OEA viene teniendo comportamientos muy disruptivos. Si bien siempre fue una herramienta de los EEUU para imponer sus intereses en América Latina y el Caribe, desde que fue elegido Luis Almagro como su Sec. Gral., el injerencismo de esta organización en los países de los gobiernos nacional populares de la región ha alcanzado niveles escandalosos. El ex canciller uruguayo ha jugado abiertamente a conspirar en contra de aquellos países señalados EEUU como autoritarios o antidemocráticos, una agenda escrita en el Departamento de Estado.

No es casualidad su apodo, el “ministerio de colonias”, que ha jugado y juega un rol fundamental en la desestabilización de países como Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba. Estos cuatro países han sufrido en carne propia las acciones destituyentes de Almagro, quien se muestra desvergonzadamente contrario a estos gobiernos. El reconocimiento a Juan Guaido, autoproclamado en una plaza, como presidente de Venezuela, el rol jugado en el golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia y el reconocimiento inmediato del gobierno de facto de Jeanine Añez se encuentran entre las más nefastas políticas de la organización continental en los últimos años. Aún en los años previos a la llegada de Almagro, poco y nada hizo ante los golpes en Honduras y Paraguay. Tibias reacciones que no cambiaron las acciones de los golpistas para luego reconocer a los gobiernos surgidos tras ambas destituciones. Actitud similar a la que luego se le sumaría el golpe blando a Dilma Rousseff, ya con Almagro al mando, quien en un primer momento criticó la destitución, para luego convalidar con su silencio el proceso posterior.

Yéndonos más hacia atrás en el tiempo, tenemos el vergonzoso proceder de esta institución en las elecciones haitianas del 2000 y del 2010, en las que contribuyó al golpe de Estado en contra de Aristide en el 2004 y en el aval al fraude que permitió la llegada al gobierno de Michel Martelly a pesar de haber quedado tercero en las elecciones presidenciales.

La histórica actuación de la OEA durante los años de la Guerra Fría, siendo el brazo político de los intereses de los EEUU junto a tratados e iniciativas como el TIAR y la Alianza para el Progreso, jamás trajo soluciones a los problemas latinoamericanos, y por lo tanto, las demandas para que nuevos ámbitos de discusión política y de integración. Ya durante los años 80`s se crearon foros como el Grupo de Contadora y el Grupo de Río, y durante los últimos años la creación de la UNASUR, la CELAC y el ALBA-TCP.
La CELAC fue creada en el 2010 con el propósito de reunir a todos los países del continente menos Canadá y los EEUU en un momento de pleno auge de los gobiernos progresistas de América Latina.

Atendiendo estas necesidades históricas, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador propuso, a través de un discurso a fines de julio, en una reunión de la CELAC, la creación de un organismo que reemplace a la actual OEA como ámbito de discusión política latinoamericana. La propuesta, dijo, “es ni más ni menos que construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras identidades”. Pero no fue el único de los presidentes que se pronunció al respecto. El presidente argentino, Alberto Fernández, quien en un encuentro virtual del Grupo de Puebla, también se refirió a la organización como “una suerte de escuadrón de gendarmería para avanzar contra gobiernos populares”, y agregó, “La OEA tal como está no sirve. El primero que tiene que hacer un mea culpa es el señor Almagro por la cantidad de cosas que ha hecho”. También  extendió sus criticas hacia los últimos gobiernos estadounidenses. Específicamente a la “institucionalidad de EEUU por haber propuesto y sostenido a un hombre como Almagro”. Este fue elegido durante el período de Barack Obama y su mandato ya se extiende a las dos siguientes administraciones, la de Donald Trump y la actual de Joe Biden.
Sobre la CELAC afirmó que esta “puede ser un instrumento”. José Mugica, ex presidente del Uruguay y Luis Arce, el actual de Bolivia, también se manifestaron a favor del reemplazo de la OEA.

Está claro que esta idea pudo ser retomada debido a la derrota de varios de los gobiernos de derecha  que se habían impuesto algunos años atrás. Tanto México como Argentina son los que vienen liderando este reclamo con varios de los integrantes del Grupo de Puebla. Los gobiernos que sucedieron a las izquierdas latinoamericanas del siglo XXI se dedicaron a vaciar o destruir directamente los mecanismos de integración. La UNASUR se desmanteló y la CELAC se paralizó al igual que el ALBA. La nueva correlación de fuerzas alcanza para impulsar este nuevo momento pero todavía falta mucho para lograr que un organismo como la CELAC logre la suficiente institucionalidad para ser un contrapeso significativo de la OEA. Otro de los obstáculos es la ausencia de Brasil, quién se retiro de la organización luego de la asunción de Bolsonaro en enero del 2020. La razón que adujo fue que la CELAC “brinda un escenario para regímenes no democráticos como Venezuela, Cuba, y Nicaragua”.

Por lo tanto, un ámbito nuevo (que no es nuevo) de discusión política como se pretende colocar a la CELAC, depende más de un alineamiento ideológico o de fuertes intereses en común entre los países de la región. La OEA, mal que mal, tiene más de setenta años de institucionalización e institucionalidad, y los países con menos peso relativo de la región y más propensos a acomodarse al calor de Washington necesitarían muchos incentivos que los hicieran renunciar a un organismo en donde se encuentra la potencia hegemónica mundial.

Por ahora, Argentina y México son los que llevan la “batuta” del cambio, aunque quizás este movimiento pueda ser en realidad una forma de forzar la salida de Almagro y negociar la llegada de algún candidato de consenso entre las partes (menos propenso a la injerencia descarada del actual) y con mas afinidad a la estabilidad regional. En este sentido, dos congresistas demócratas de la cámara de representantes presentaron un proyecto para que la OEA rinda cuentas de su actuación en las elecciones que terminaron con el golpe de Estado del 2019, en especial el rol de su Sec.Gral. Este proyecto se aprobó como parte de la Ley de Asignaciones Estatales, Operaciones Extranjeras y   Programas Relacionados del Congreso de los EEUU. Esto es debido a que el gobierno estadounidense aporta el sesenta por ciento del presupuesto de la organización continental. Lo interesante de esta medida es que fue tomada solo unos días después que AMLO lanzara la propuesta de la sustitución de la OEA.

La CELAC, en busca de ser el contrapeso de integración política y solución de controversias, cerró su sexta cumbre el 18 de septiembre en el palacio presidencial del estado mexicano. A 10 años de su creación, con la ausencia de Brasil, que se retiró desde la victoria de Bolsonaro como jefe de estado, el bloque que nuclea a 33 países del continente, sigue avanzando en su compromiso inicial de lograr un equilibrio entre las diversidades políticas, sociales y culturales de más de 600 millones de habitantes. Así lo manifestó en la apertura del encuentro Manuel Lopez Obrador, Presidente Pro Tempore 2020-2021, donde insistió sobre la voluntad de construir un bloque económico regional similar a la Union Europea, bajo tres principios básicos: la no intervencion, la libre autodeterminación de los pueblos, la cooperación para el desarrollo y la ayuda mutua para combatir la desigualdad y la discriminación.

Con la la participación de los representantes de la CEPAL y el BID, el líder mexicano invitó a los organismos internacionales “acompañar un verdadero desarrollo del mercado interno de cada uno de los países del caribe y sudamerica, para producir lo que consumimos e impulsar un nuevo plan marshall regional”. Al mismo tiempo sostuvo eliminar las políticas del bloqueo y sanciones económicas, que dañan por completo el progreso y la soberanía de los pueblos. 

Pese a contemplar el campo de la economía y el desarrollo -con otras aristas y aspiraciones- el punto de visión de Obrador y Almagro se encuentran en sus antípodas sobre el “modus operandi”: el primero sostiéndose sobre los principios de derecho internacional de no intervención en asuntos internos de terceros países, y el uruguayo por su parte, ha demostrado operar de manera directa para Washington. Es decir, quien afecte sus intereses y ponga en jaque su dominio sobre la región -ya sea comercial o financiero- se constituye automáticamente en un sistema político autoritario, antidemocrático y populista. Siendo la República Bolivariana de Venezuela y la República de Cuba las más atacadas en la última década en la libertad de intercambiar bienes y servicios, mediante las políticas de sanción y bloqueo. Bolivia, por su parte, padeció un golpe de estado en 2019 donde el Secretario General de la OEA legítimo el gobierno de la dictadura de Jeanine Añez.

Lucho Arce, el jefe de estado boliviano, en su discurso ante la cumbre volvió a denunciar a el acontecimiento, y al igual que Obrador, instó en construir la equidad regional y fortalecer el bloque de la CELAC para sustituir la OEA.

En materia económica, para la salida de la crisis de endeudamiento externo que azotan a los países de renta baja y media, el Presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada, propuso crear el “Fondo para Aliviar la Economia Covid 19” que tiene como fin asistir a las naciones de la región en materia financieria con tasas de crédito al 0%, con un plazo de 40 años y sostenido con medio trillón de dólares por las economías más desarrolladas a nivel mundial. Es decir el 0,07% del PBI de los países mas adelantados que representan el 80% del PBI global.