Del inductivismo al reconocimiento del plan sistemático

Por Maximiliano Rusconi.

La última declaración judicial de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner ha puesto en evidencia, nuevamente, la necesidad de elegir entre dos caminos posibles para reconstruir la lectura de nuestra historia reciente y corregir la dirección de nuestro futuro institucional inmediato.

La recolección de información sobre los últimos años de persecución judicial a un sector político es francamente demoledora. Imputados coaccionados a arrepentirse y dirigir su arrepentimiento al perjuicio de un líder político, peritos forzados a dictaminar falsedades en perjuicio de algunos imputados, prisiones preventivas dirigidas selectivamente sin cumplir con los exigentes requisitos constitucionales y legales para encarcelar inocentes, manipulación de informes judiciales, utilización del aparato inteligencia de modo ilegal para condicionar la política interna, negación sistemática de las peticiones probatorias de los abogados defensores de los imputados políticos a los cuales había que perjudicar, multiplicación hasta el infinito de causas por el mismo hecho, a efectos de impedir una defensa eficaz de los perseguidos, elección fraudulenta de jueces sometidos al plan de persecución, rechazos sistemáticos de la revisión de decisiones injustas en las instancias superiores y, en todo caso, corrección en esas instancias de eventuales decisiones que, a través de algún desliz, reconocieron facultades constitucionales en los imputados destinados a ser destruidos sin miramientos, persecución a hijos e hijas, hermanos y hermanas, esposos y esposas al solo efecto de ablandar y castigar la moral de los perseguidos, direccionamiento descarnada e impúdicamente selectivo de los organismos colaboradores del sistema judicial (Afip, Oficina anticorrupción, etc), colocación de jueces amigos a través de atajos ilegales en todas las instancias, etc. No hace falta seguir.

Cuando esto sucede, los argentinos, tristemente, hemos aprendido que al desarrollo judicial de cada caso se le debe sumar un debido análisis transversal. De ese análisis podemos esperar, y solo de él, una completa comprensión del cuadro de enorme gravedad institucional. Los jueces y fiscales en muchas ocasiones se dejan seducir por las miradas “de enfoque”. Ello también forma parte del recorte de la realidad. Algunos jueces y fiscales le deben a ese famoso y “bien aventurado” “objeto procesal”, la posibilidad de conciliar el sueño.

Sin embargo, sería un enorme autoengaño social y comunitario creer que las arbitrariedades y los sufrimientos tienen una singularidad que impide el análisis en clave “plan sistemático”.

Hay que entender, de una buena vez, que algunos jueces, fiscales, periodistas, agentes de inteligencia, políticos, grupos económicos, no se juntan y coordinan sus acciones solo para forzar la suerte judicial en un caso. Los organismos de derechos humanos nos han enseñado una y otra vez que la reconstrucción ética del país requiere valentía institucional, pero también una enorme generosidad en los perseguidos. Se trata de dejar de ver el ombligo de uno y reconocernos en el sufrimiento de otro.