De Roma a CABA

Por Oscar Rodríguez.

En la historia de la humanidad se da el peculiar caso de que hay personajes que tienen puntos en común más allá del lugar y la época que les tocó transitar.

Este personaje que les presentaré se puede asemejar a alguien conocido por estos días.

Y como diría una filósofa contemporánea “lo dejo a tu criterio”.

En el año 60 A.C. Se constituyó en Roma una alianza política denominada Primer Triunvirato, conformada por Pompeyo, Julio César y Craso.

Les presento a Craso, un hombre de origen humilde que a partir de algunos ardides rozando con la ilegalidad consiguió subir en la escala social de Roma.

Las vueltas de la vida lo colocaron del lado de Sila, cónsul de Roma, quien procedió a conformar una lista con sus enemigos, por lo cual se los podía matar impunemente y confiscar sus propiedades para subastarlas posteriormente.

Como se imaginaran, Craso fue el más beneficiado en este asunto.

Desde ese momento nuestro personaje se embarcó a llevar adelante negocios con los incendios que se sucedían en la urbe. Creó un cuerpo de bomberos privado, que por supuesto sólo intervenía cuando los dueños afectados aceptaban a vender la propiedad y obviamente a un precio mucho menor, antes de perder todos sus bienes tomaban el dinero miserable que se les ofrecía. Entonces Craso adquiere los terrenos con el propósito de construir nuevos edificios, de esa forma llegó a convertirse en uno de los mayores promotores inmobiliarios de la época.

El gran desarrollo urbano llevó a la construcción vertical denominadas ínsulas. Eran viviendas mayormente destinadas al alquiler para una franja de la población que no podía darse el lujo de vivir en un domus, que eran viviendas para un cierto nivel económico. Estas ínsulas tenían una elevación de 4 pisos, ante la frecuente ola de incendios que arreciaba a Roma por esa época, los pisos más bajos eran más caros ya que los que habitaban los pisos superiores ante un incendio tenían escasas posibilidades de sobrevivir.

La avaricia hizo que los promotores privados que construian estos edificios pasarán de 4 a 7 pisos de altura y en algunos casos hasta 8. Lo grave de esto fue que los materiales de construcción no variaron, como consecuencia no soportaron el peso y terminaron derrumbándose.

Nada importaba, el negocio inmobiliario lo llevó a Craso a convertirse en uno de los hombres más ricos de Roma, nunca le interesó el destino que pudieran tener las familias que debían vivir en esas construcciones arriesgando sus vidas por el solo hecho de pertenecer a una clase social baja.

La historia de por sí suena terrible, teniendo en cuenta cómo se ponía en riesgo el bienestar de las personas.
Claro que hay que ponerse en contexto de época.

Nuestra hermosa ciudad de Bs As hace un tiempo que se viene desarrollando sin un planeamiento urbano adecuado, que pueda contemplar el grave déficit habitacional que posee.

Había marcado en mi nota anterior los números de los habitantes que se encuentran en barrios emergentes y los que están en situación de calle, más el alto porcentaje de los que alquilan la vivienda.

Ustedes a esta altura de la nota, se estarán preguntando, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Cómo pasamos de la historia de Craso a nuestra actualidad?

El nexo es simple, salvando las distancias coyunturales de cada época, la avaricia con la que se manejan ciertas excepciones al planeamiento urbano en CABA, hace que cada excepción se convierta en un contexto de connivencia ajeno a la transparencia, aparecen empresas que van a ser las beneficiarias que son las que firman un convenio con el jefe de gobierno y luego la legislatura los ratifica. De esta manera la planificación en la ciudad de BsAs está sometida a quien tiene plata para pagarla. No se piensa en el bien común ni en mejorar la calidad de vida de los porteños y porteñas.

El que tiene plata compra normativa, se convierte la planificación en una especulación inmobiliaria.

Las construcciones que se realizan en la ciudad está dirigida para un 3% de la población, no vienen a solucionar en nada el déficit habitacional.

Acá podemos encontrar el punto con la Roma de Craso, la poca importancia que se le da las clases más necesitadas en pos de un negocio que va a beneficiar a unos pocos.

En Roma ya sabemos como terminó el especulador inmobiliario.

La sed de codicia de Craso hizo que sus enemigos terminaran su vida vertiendo oro líquido en su boca.
De ROMA a CABA, lo dejo a tu criterio.