De cuando la información desinforma

Por Oscar Rodríguez.

El nombre de la rosa, una espectacular novela de Umberto Eco, que transcurre en una abadía benedictina en la edad media.

Quien haya leído esta maravilla literaria, comprenderá porque la mencionó en la introducción de esta nota.

Sus páginas nos llevan a visualizar cómo era el acceso a la información y al conocimiento en la edad media.

Este acceso fue variando con el transcurso de los siglos. Pero no todos fueron cambios a pesar del paso del tiempo.

A partir de este número trataremos de ir desarrollando algunos puntos sobre cómo acceder a la información. Cómo detectar y evitar las noticias falsas.

En esta edición hablaremos de qué es la información. Para qué sirve, quién la genera cómo se distribuye.

“La Biblioteca Nacional venderá su sede y pasará a funcionar 100% online”

“El gobierno nacional pondrá en manos de privados la distribución de vacunas contra covid 19”

Con solo leer el copete nos podemos imaginar que estamos ante una falsedad informativa.

Noticias falsas, fake news o simplemente MENTIRAS.

Hoy los medios hegemónicos se han convertido en los campeones mundiales en el arte de mentir.

La información en este mundo hiperconectado nos invade constantemente desde los medios de comunicación, los portales web, las redes sociales, los noticieros, los periódicos, etc.

Esta hiper conexión termina convirtiéndose en desinformación que se transfiere en desconocimiento y en el peor de los casos en desinterés.

Hay que desarrollar una fuerte actitud escéptica y procurar tener habilidades de filtrado y verificación para no ser víctima de burdas operaciones mediáticas.

La manipulación de la información la define el poder real en base a sus propios intereses.

La Real Academia Española define a la información como:

-Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.

-Conocimientos comunicados o adquiridos mediante una información.

En la formación de conocimiento entra en juego lo subjetivo, aquello que ya viene con nosotros, en la nota anterior decíamos, que la realidad es ideológica.

El significado nos brinda el concepto, pero el significante nos da la percepción que nosotros captamos o incorporamos de ese concepto.

Entra en juego nuestro entorno socio cultural.

Esto quiere decir que la información, más el entorno, más nuestra subjetividad es igual a la generación del conocimiento, y ese conocimiento subjetivo que vamos incorporando es el que va construyendo nuestra percepción de la realidad.

                                                    I + E + S = C + PR

Desde la hiper conectividad de hoy, se produce una enajenación informacional.

Una visión apocalíptica de la comunicación.

Eco en su libro “Apocalípticos e integrados” describe a la perfección como la cultura de masas mata la originalidad y manipula al público de forma inconsciente.

A pesar de esto, para Eco ese no es el problema, el problema está en la interpretación superficial de los contenidos, en aquello que nosotros llamamos realidad ideológica, que es la que hace que se incorpore cierta parte de la información y se transforme en conocimiento.

Ahora bien, si esa información que nos llega es manipulada malintencionadamente para generar confusión y caos. Obviamente el conocimiento y la realidad que vamos a percibir va a estar distorsionada.

Las tecnologías de información y conocimiento han hecho variar la cultura de masas, estas se han transformado en productoras de contenido.

La variación de la web 1.0 a la web semántica ha posibilitado que el protagonismo pase al usuario. (Tema para desarrollar en otro artículo)

Entonces ¿quién genera la información? ¿Cómo se distribuye?

Si retomamos la lectura de El nombre de la rosa podemos apreciar que en toda la antigüedad y en la edad media se generó un monopolio de información en manos del sector dominante de la época.

Pasaron los siglos, cambian los soportes, pero los monopolios informativos siguen existiendo y son cada vez más poderosos. ¡Y peligrosos!, porque no solo poseen el manejo de la información, sino que también generan desinformación, apatía y desánimo.

La política mediática mundial quedó en pocas manos, las corporaciones son las que manejan la generación, y la distribución de la información.

El verdadero poder real, los que manejan la agenda política.

Aquel que saca presidentes, lo vivimos en América Latina, Lula, Evo, Cristina.

Aquel que pone presidentes, Bolsonaro, Macri.

El grupo monopólico que hay en nuestro país ha abusado de la falta de política estatal en el control de la comunicación, creciendo a partir de la apropiación de papel prensa.

Desde ese crecimiento monopólico, este grupo posee el 83% del mercado comunicacional

Claro que pelear contra esto es una lucha desigual, pero se puede hacer mucho.

Hay que organizar una guerrilla semiótica que active pensamientos críticos en la interpretación de los mensajes mediáticos, y genere filtros a la información que nos llega.

Debemos ir por una renovación dialéctica de los significados para modificar el sentido común impuesto.

Para el próximo número de identidad hablaremos de: Clasificación y soportes de las fuentes de información.