De Caravana

Por Daniel Prassel.

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El pasado martes se cumplieron 48 años del regreso del general Perón, hecho político significativo que ha representado un premio a la militancia desplegada durante casi 18 años de proscripciones, fusilamientos, persecuciones y represión hacia el Pueblo. Una gesta que por supuesto, mas allá de los miles de abordajes que tuvo, en términos concretos nos demuestra cómo no es posible doblegar la voluntad popular cuando esta se halla bien esclarecida y consciente de sus intereses.

Ante eso siempre decimos que difícilmente hubiera habido un 1976 sin un 1955, porque en el medio paso de todo, y en ese derrotero, los enemigos históricos del Pueblo se fueron animando cada vez a más, en su escalada de violencia a efecto de imponer la supremacía de sus intereses. Tal es así que no solo advertimos a un bombardeo asesino sobre la plaza de mayo, sino que le fueron siguiendo fusilamientos, distintas persecuciones, desapariciones, represiones hasta llegar a la dictadura más feroz que nos hubiésemos imaginado.

No pretendemos, con esta estricta y brevísima síntesis, resaltar tres aspectos de la lucha por la liberación nacional, en primer lugar la necesidad de un líder, aclarando que cuando hablamos de verticalismo de ninguna manera significa renunciar al pensamiento crítico o debate democrático, por el contrario creemos en la conducción, que debe obligatoriamente sintetizar el proyecto político y pregonar con el ejemplo.

En segundo lugar, la presencia del Pueblo movilizado, ya que no hay cambios posibles con una comunidad ajena a la participación directa, esa que tanto nos gusta y que se juega, definitivamente, en las calles, porque pueden existir miles de medios para estar conectados, pero eso como dijimos varias veces no garantiza nada, menos que menos sabiendo que esos medios son más manipulables que nunca. Por último, tener bien identificado al enemigo, porque ojo acá, cuando nos pretendan disfrazar a este sujeto como si fuera un adversario político y nada más, con ese discurso liberal que habla de las alternancias democráticas, donde las propuestas mayoritarias serian más o menos lo mismo con mínimas diferencias, eso no solo no es verdad sino que es peligrosísimo en términos reales, el enemigo lo sabe bien y parte de su trabajo ha sido camuflarse históricamente.

Teniendo en cuenta estos tres aspectos, podrá tener lugar, una aproximación que nos ayude a comprender el 17 de noviembre como fecha fundante de una manera de vivir, la militancia, no porque naciera ese mismo día como praxis, sino porque el amor, categoría política única en el mundo y concebida en el seno del Peronismo, se materializaba después de años de dolor transformado en lucha.

Lo que paso después ya lo sabemos, murió Perón y se inició el capítulo más oscuro y complejo de los últimos tiempos, donde la falta de ese líder también contribuyo a un avance del terror de manera arrasadora, con objetivos bien definidos y con la orden clara del Imperialismo Yanqui de destruir las chimeneas que había levantado el Peronismo, y en esas chimeneas llevarse puesta la organización política, sindical, conquistas sociales, logradas hasta ese momento.

No fue gratis todo ese periodo, nos arrebataron personas brillantes, cuadros excepcionales y militantes destinados a transformar la Patria, con sueños, convicciones y convencidos de que nuestro País puede y debe contener a todos y todas. Los primeros años de democracia nos mostraban cabalmente, como nos habían diezmado, abundaban los politiqueros y faltaban políticos, salvando la ropa algunas pocas excepciones hasta la llegada de Néstor y Cristina, que permitieron que no se perdieran generaciones enteras de jóvenes que ya andaban por la vida desesperanzados de todo y pudieron volver a creer en construir una Patria tal cual la soñaron y la seguimos soñando.

Hoy la situación sigue siendo limite, y a escasos dos días de un nuevo aniversario de la vuelta de Obligado, donde conmemoramos la lucha por nuestra soberanía, debemos seguir vigorizando la militancia política, convocando a mas actores, protegiendo a nuestros jóvenes, promoviendo a las y los más idóneos, generando masa crítica para avanzar en temas estructurales y no desatendiendo nunca nuestra identidad política, porque es ahí donde se juega gran parte de la batalla en estos días, si permitimos que el enemigo nos robe o corrompa esa identidad, sin dudas el panorama será desolador.

Como reza nuestra columna, Justicia Social y Derechos Humanos van de la mano, no se puede concebir una cosa sin la otra, caminemos en unidad hacia la realidad efectiva, de garantizarlas para siempre. Hay un Pueblo de pie, por más desanimo que le quieran infundir, hagámonos fuertes en nuestras coincidencias, el trabajo, la educación, la salud, la memoria y todo elemento mayoritario de cohesión que nos evite caer en las trampas que nos proponen a diario.

«Si el pueblo fuera feliz y la Patria grande, ser peronista sería un derecho. En nuestros días, ser peronista es un deber”

Cra. EVITA

Más Estado, Más Solidaridad, Más Comunidad como nuestrxs 30.000 nos enseñaron.