Dar vuelta el paradigma

Por Julio De Vido (h).

En el artículo del domingo anterior en Identidad Colectiva trajimos nuevamente a colación el episodio de la resolución 125, no para agitar el avispero sino, como siempre se busca desde esta sección, trabajar en el presente para generar futuro teniendo en cuenta el pasado.

Dicho episodio como todos sabemos fue un antes y un después en la política agropecuaria del kirchnerismo que generó que en los siete años de gestión posteriores en definitiva solo se tuvo como política pública, en el mejor de los casos, una contención de daños con más retrocesos que avances en líneas generales excepto en las áreas en las que se había trabajado fuertemente durante la presidencia de Néstor Kirchner como ser los sectores de los biocombustibles, el sector aviar y porcino.

De cualquier manera, una vez más, se están combinando todas las situaciones para generar ese clima de conflicto tras las “nuevas” medidas de la Secretaría de Comercio Interior, las declaraciones de la funcionaria que encabeza dicha secretaría sobre factibles aumentos de retenciones en el trigo y en el maíz como así también de cierres a las exportaciones de carne y por otra parte el más que anunciadísimo por esta sección conflicto por el vencimiento de la ley 26.093 de promoción a los biocombustibles, exitosa política del gobierno de Néstor Kirchner con el Ministerio de Planificación a la cabeza y un sector empresario que acompaño dicha normativa con inversiones que ascendieron a alrededor de 3 mil millones de dólares, vaya si el país las necesita.

La situación en la que la Secretaría de Comercio Interior hace política agropecuaria tiene límites más aún cuando está marcada por un desalentador cortoplacismo que poco tiene que ver con la “reconstrucción Argentina” que tanto se pregona desde la pauta oficial en este preocupante contexto de pandemia. Más grave aun cuando se avanza sobre competencias del Ministerio de Agricultura y de sus organismos descentralizados que tanto tendrían para aportar en la discusión sobre como potenciar la producción y generar un virtuoso circulo entre el sector primario, industrial, mercado interno y exportación.

Solo para detenerme un párrafo más en la cuestión ganadera, Argentina tiene un vecino, el único que habla otro idioma, tuvo un líder y estadista de la magnitud de Néstor Kirchner, saco a cuarenta millones de personas de la pobreza y profundizo el posicionamiento de su país como potencia mundial, no necesito recurrir a la contraposición del San Pablo industrial con el interior agropecuario, todo lo contrario.   En 1974, gobierno peronista, Argentina exportaba cinco veces más carne que Brasil. En 2019 exportaron tres veces más que nosotros. En el mismo período Argentina redujo su consumo per cápita de 76 kilos en 1974 a los mínimos históricos que estamos teniendo por estos meses de 50 kilos por habitante, con fuerte incidencia de los últimos años a partir de la destrucción de ingreso sostenida del gobierno macrista, mientras que Brasil lo elevó pasando de 28.36 kg por habitante en 1987 a 37.40 kg por habitante en la actualidad.

Argentina debe necesariamente continuar un sendero de crecimiento en su stock bovino para garantizar su oferta interna y externa, la única posibilidad de que esto suceda es garantizando un horizonte de previsibilidad a su sector ganadero productor y reglas claras para el sector industrial cárnico que incluyan los controles adecuados en cuanto a trazabilidad, sanidad y comercialización pero como suelo insistir que quien tenga más trabajo no sea su sector administrativo por reglamentaciones absurdas de carga de datos que el Estado ya posee sino que se agreguen turnos en su línea de producción.

El potencial aumento de retenciones al trigo y al maíz solo genera conflictividad dados determinados factores, el trigo es el cultivo de invierno por excelencia en la región pampeana por lo que la baja en la producción derivada de un aumento en las retenciones solo lograría tener lotes vacíos en lugar de dos producciones consecutivas y su efecto multiplicador en las distintas economías regionales, también se podrían observar escenarios de escasez.

Ocupándonos del maíz, el cultivo que compite lote con la soja, no hay motivos claros para ir contra el dado el mayor volumen de inversión por hectárea que demanda y los usos posteriores que este tiene particularmente en lo que refiere a nutrición animal y generación de energía. Estados Unidos es el principal productor de maíz del mundo con alrededor de 360 millones de toneladas, solo exporta entre un 10 y un 20 por ciento, y destina entre un 35 y 40 por ciento de esta cosecha a la producción de etanol, tan atacada por estos días por el inconsistente proyecto de ley oficial de biocombustibles. Argentina produce 50 millones de toneladas, exporta más del 60% de su producción como grano y destina apenas el 3,5% a la producción de etanol y sus derivados como por ejemplo burlanda de altísima calidad nutricional y bajo costo.

Para muchos plantear estas cuestiones dentro del movimiento nacional es una contradicción, el problema no es del peronismo, es del gobierno, o más bien del Estado planteando a este como continuidad de gobiernos y conjunto de actores donde nos encontramos todos. Nuevamente insisto, la salida no es sectorial por más que desde esta sección observemos la realidad agropecuaria, ni tampoco los problemas son lineales, más bien multicausales y seguramente muchos de ellos afecten a muchas industrias en simultáneo, la dirigencia tiene que estar a la altura de poder afrontarlo para coordinar y planificar el camino a seguir, la mayoría de los actores de todos los estratos del poder político no lo están haciendo bien.