D’Alessio, Mühlberger, la pandemia económica y los medios de comunicación

Por Maximiliano Rusconi.

A veces el poco sano acercamiento de un medio de comunicación al origen de una noticia termina multiplicando el daño institucional que está en juego y anula la capacidad de autocrítica de la prensa que debiera ser un eje ético (junto con la neutralidad u objetividad) esencial.

Hace dos años todos asistimos impávidos a ciertos fenómenos que tienen que ver con la creciente influencia comunitaria de los medios de comunicación.

Quiero aportar alguna mirada crítica, pero no de modo deductivo, es decir partiendo de la observación que hace eje en estos medios como grandes grupos económicos, sino de modo más bien inductivo: pretendo ayudar a ver cómo ciertos eventos aumentan su capacidad de daño al ser manipulados desde el origen por un entendimiento incorrecto del rol comunicacional.

Para lograr el objetivo de esta nota, quiero comenzar por el principio. Cuando pensamos en medios de comunicación, o los llamados mass media, pareciera que damos por sentado un rol de la imagen, el sonido o lo impreso que se mantiene en un rol intermediador entre el hecho fáctico, lo que llamamos noticia y el receptor, el televidente, el lector del periódico u oyente de la radio.

Incluso a salvo de ingenuidades vergonzantes me siento en la obligación intelectual de remarcar algo que, para los ya iniciados –no es mi caso-, puede generar un “chocolate por la noticia”: el que crea que los medios de comunicación toman una noticia del mundo real y sólo la comunican (incluso dando margen para los diferentes sesgos que cada periodista o comunicador le sume inclinando la balanza hacia alguno de los lugares interpretativos posibles (algo que la hermenéutica ha investigado de modo muy profundo: ver el libro “Verdad y Método” de Hans-Georg Gadamer), debe revisar su idea del fenómeno.

Quiero decir que los medios de comunicación no sólo tienen el pecado (¿?) de presentar la noticia de un modo u otro, sino que, como veremos, directamente construyen, configuran, determinan, delinean, arman aquello que llamamos “noticia”. En este sentido, si uno imagina el segmento noticia-comunicador-receptor, hay que decir que el “medio” (comunicador) se ha corrido a la izquierda (no desde el punto de vista ideológico). Con esa frase (correrse a la izquierda) hago referencia a que en estos tiempos la noticia muchas veces no antecede al medio, sino que forma parte del medio, es construida por el medio.

Para quien crea que he descubierto América, me ocuparé de “desilusionarnos” (al lector, a mí mismo, y a mi artificial autoestima), ya que en la ciencia de la comunicación este fenómeno ya se estudia: se denomina newsmaking.

El fenómeno del comunicador que condiciona el mensaje de la noticia encuentra variadas presencias histórica, muchas batallas se han iniciado, terminado, continuado, modificado no por la noticia que traía el mensajero, sino por propias decisiones del portador del mensaje (en la excelente serie de Netflix, “The Last Kingdom” hay varios ejemplos de este fenómeno).

En los últimos años, hemos visto como, por ejemplo, incluso ya el juego mediático de “publico/no publico una determinada tapa” en perjuicio de alguien ha determinado decisiones de privación de la libertad sin ninguna razón procesal, o hemos asistido incrédulos a confabulaciones de una Ministra de Seguridad, con Jueces, periodistas, y otros seres, sólo para construir la imagen/noticia de un ex ministro disfrazado, como muchos otros ex funcionarios, al efecto de la construcción estigmatizante.

Allí claramente, la falta de objetividad del medio de comunicación ha multiplicado el daño personal, familiar, institucional y social.

Más cercanos en el tiempo los medios han construido un especialista en prevención del narcotráfico (el famoso D’ Alessio), armaron la imagen de seriedad, falsearon o maquillaron sus antecedentes y le dieron el lugar como para poder seguir construyendo nuevos y fraudulentos casos/noticias, en coautoría con algunos funcionarios (jueces y fiscales) que sufrieron el mismo síndrome que los medios. Esto es, en vez de juzgar o investigar un hecho histórico, ellos fueron parte de la construcción del hecho utilizando para ello cualquier camino por más inmoral que fuera.

La sinonimia es correcta tanto que al hecho a investigar se le llama en el proceso penal, históricamente, como “notitia criminis”. También los jueces y fiscales han aprendido de los medios a construir la “notitia”.

Pero estos procesos tienen sus propios niveles de degradación institucional: La distancia que existe entre el fenómeno del newsmaking y los casos recientes de Fakenews (divulgación consciente de noticias falsas) es la misma que hay entre las decisiones arbitrarias de los jueces y fiscales sobre un determinado hecho a investigar y el directo Tsunami que implica el montaje o armado artificial de un caso.

Hace pocos días hemos asistido a la destrucción mediática de un médico con una pseudo trayectoria construida en los mismos medios de comunicación que hoy se codean para destrozarlo.

Las pantallas en donde de modo acrítico e irresponsable se posibilitó que ese sujeto (el famoso Mühlberger) promoviera soluciones mágicas tanto para rejuvenecer en tiempo récord como para evitar la muerte en una pandemia, ahora investigan con velocidad inmerecida qué parte de la vida de ese señor quedó sin destruir públicamente para ostentar el raro título de ser los primeros en la devastación de este asistente medicinal del mundo fashion.

Este popular pionero de los caminos “ortho-moleculares” no fue alguien importante primero, al cual los medios ayudaron a difundir después, sino que el atrevimiento del médico y la amoral audacia de los medios de comunicación fueron co-constructores del personaje en cuestión.

Tanto en el caso D’ Alessio como en el caso Mühlberger, los medios de comunicación se acercaron tanto al origen de estos procesos, perdieron tanta objetividad, que generaron, no cabe ninguna duda, una multiplicación muy relevante del daño a realizar por estos señores en la vida comunitaria.

Ahora, debo decir, que se extraña una mínima autocrítica: algún periodista que se atribuyera el error y la responsabilidad de no haber chequeado las credenciales de un señor como D’Alessio que no tenía un sólo mérito para ser preguntado, ni pública ni privadamente, de nada, francamente, de casi nada.

Me hubiera gustado ver a algún panelista, periodista, conductor, o integrante de ese raro grupo de personas a los cuales denominamos vaya a saber uno bajo qué criterio como “famosos”, pararse frente a una cámara para asumir la responsabilidad de no repreguntarle algo a ese médico oriundo de Luján cuando se despachó con alguna de las barbaridades que, ya a simple vista, no podía ser admitida.

Nada de esto sucedió. Hoy vemos una y otra vez (aunque cada vez menos) las participaciones mediáticas de estos personajes, en el marco de informes previos a que alguna nueva supuesta víctima (a la que tampoco, para variar, se le repregunta mucho) diga las tremendas cosas que le han sucedido, y que para finalizar los diferentes planteles de panelistas terminen de dar forma al previsible linchamiento mediático que dará seguramente tanto rating como el que fue originado en la difusión de las bondades de los señores ahora ejecutados.

Por último y para finalizar, aunque quizá desde otro lugar de observación, hay que decir que hoy vemos a algún sector de los medios de comunicación que nuevamente NO son quienes trasladan al receptor comunitario la opinión siempre erosionante de la oposición. Si así fuera, se debería poder distinguir las acciones opositoras de Macri, Vidal, Carrió, etc., etc. Pero ello no sucede. Esos representantes de la oposición, por las razones que fueran, no tienen hoy día ningún protagonismo. ¿Pero es que no hay una oposición? Sí la hay, se trata de vientos opositores con una capacidad exfoliante del poder digna de mejores causas.

¿Qué es lo que pasa? Lo que sucede es que son los propios periodistas, firmando o no sus notas, los que, nuevamente operando y construyendo aquello que luego se divulga, se encuentran, por lo menos en parte, ejecutando una gran oposición al quienes ejercen en la actualidad el gobierno.

El daño aquí también puede ser tremendo y será potenciado por la del fenómeno de la construcción/divulgación mediática.

¿Habrá en el futuro una autocrítica?