Criminología mediática

Por Oscar Rodríguez.

Recuerdo que, al mirar los noticieros en la década ganada, veía con sorpresa la enorme cantidad de hechos delictivos que se daban en los noticieros.

Horas y horas de imágenes, ríos de tinta en los medios, gráficos millones de palabras en los medios radiales.

Con la lógica reacción de los ciudadanos, preocupación y pedido de que salga la gendarmería y el ejército a detener la “ola delictiva”.

En 4 años de macrismo, dentro de muchas de las cosas que pasaban por mi cabeza, una de ellas era la pregunta, qué cálculo se hacían muchos, cómo puede ser presidente este personaje.

En sus discursos daba la sensación de que ni siquiera había terminado la primaria o no sabía leer en español. A lo mejor lo suyo son los discursos en inglés.

En fin, historia pasada gracias a la reacción del Pueblo.

Otra cosa que realmente no llegaba a comprender era cómo habían bajado los casos de inseguridad.

Miraba los noticieros y casi ni había de esos casos. Esta problemática había caído en las encuestas dejando el primer lugar en la preocupación de la sociedad. La inseguridad daba paso a las noticias glamurosas. 

Muy livianito todo. Lo que pasaba no era reflejado en los medios monopólicos.

De inseguridad poco y nada. ¿raro no? Como si el cambio de presidente mágicamente hubiera resuelto este tema. Sobre todo, con un gobierno que tiraba gente por la ventana, poniendo a gran porcentaje de la población por debajo de la línea de pobreza, cierre de empresas, aniquilación del mercado interno, aumento de la indigencia, cierre de escuelas; en fin, lo sabido que hizo “el mejor equipo de los últimos 50 años”.

Sigo con la película y avanzo la cinta. En diciembre de 2019 con la vuelta al ejecutivo de un gobierno progresista y con la garantía de asegurar los derechos de los más vulnerables. Surge la estrella neoliberal, los noticieros del monopolio, otra vez con el latiguillo de “LA INSEGURIDAD”.

La oposición al no tener nada bueno para ofrecer y ya pensando en el próximo año electoral, apela a la conjunción entre política y medios hegemónicos, empiezan a socavar el gobierno de Alberto Fernández, somos testigos del intento de desestabilización.

El papel de los medios en la Instalación de sensaciones entre muchas otras atrocidades que llevan adelante.

En la contingencia del COVID-19, luego de la recomendación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para cuidar la salud de los reclusos frente al hacinamiento y evitar una masividad de contagios en las cárceles, diversos tribunales del país, dispusieron la salida de presos que estaban próximos a cumplir la pena.

Horas y horas en noticieros del grupo hegemónico de incomunicación, hasta hicieron nuestra una noticia que había sucedido en Turquía.

Nada nuevo bajo el sol, el lado Magnetto de la vida. Como dice VHM. Desinformación y generación de realidades distorsionadas.

Ya en 1896, el socialista Jean Jaurés denunció en la Cámara de Diputados francesa el silencio cómplice de la prensa ante la masacre de armenios, la manipulación mediática invisibilizaba una noticia trágica porque los directivos de los medios eran beneficiarios de empresas otomanas.

Esta práctica de manejo de la información, fue importada por el grupo de incomunicación más grande de Argentina, creado a partir de torturas para apropiarse de papel prensa.

El grupo Clarín y la Nación: la herencia mediática que nos dejó la dictadura y la privatización de los canales televisivos. Herencia que nos dejó el neoliberalismo menemista.

Dicho esto, volvemos a la imposición de realidad, sabemos que los medios hegemónicos de incomunicación tienen la capacidad de fijar un imaginario social dominante y están comprometidos con el control selectivo de información. Manejan la agenda y nos hacen correr atrás de las noticias que imponen.

En estos meses del nuevo gobierno podemos observar como comienzan a imponer nuevamente, después de 4 años de invisibilización, la problemática de la inseguridad. 

¿Cómo se pueden medir realmente los casos de inseguridad?

La forma apropiada es investigando las manifestaciones más crudas, que sin duda son los homicidios, conforme a las clásicas preguntas criminalísticas: qué, cómo, dónde, cuándo, quién, por qué. De estas investigaciones empezamos a tener los verdaderos números de hechos graves.

La criminología mediática prescinde de estas investigaciones y comienzan a instalar sensaciones.

Se empieza a justificar la ley del talión, se vuelve a pedir que salga el ejército y la gendarmería a combatir la “ola delictiva”.

“Ellos” y “nosotros”.

Ellos como la escoria de la sociedad, la fantasía creada de que la justicia es demasiado blanda o simplemente la frase “en este país la justicia no existe”.

Comienza una estereotipación que genera más marginalidad y la profundiza.

La población en general vivencia la violencia conforme a lo que los medios le informan.

Fijate que un hecho de inseguridad lo repiten horas y horas por los distintos medios que poseen y da la sensación que un hecho se convierte en cientos.

Ya generaron sensación. Obviando los datos empíricos.

PETER L. BERGER Y THOMAS LUCKMANN, en su libro La construcción social de la realidad, marcan cómo es la construcción a partir de la dialéctica establecida entre la realidad construida y el propio conocimiento que uno tiene de esa realidad.

Es por eso que para combatir esa imposición de realidad se hace imperioso el acceso democrático a la información y al conocimiento, importante función de los bibliotecarios en esta coyuntura de imposición mediática que limita la generación de pensamiento crítico.

La criminología mediática en la definición de Eugenio Zaffaroni es “la creación de la realidad a través de información, subinformación y desinformación en convergencia con prejuicios y creencias”

Lo que percibimos de la inseguridad es lo que nos transmiten los medios hegemónicos. De esa realidad creada dependen nuestros temores que determinan nuestra conducta.

La agenda setting queda determinada por las noticias que mueven nuestras emociones metiéndonos en una realidad creada que poco tiene que ver con los hechos objetivos.

Volvamos a lo que nos dice Eugenio Zaffaroni: “El mensaje es que el adolescente de un barrio precario que fuma marihuana o toma cerveza en una esquina, mañana hará lo mismo que el parecido que mató a una anciana a la salida de un banco. Por ende, hay que separar de la sociedad a todos ellos y si es posible eliminarlos”

Caemos en la estereotipación. Percibimos lo que los medios nos imponen.

En el experimento del gorila invisible se nota perfectamente cómo se limita nuestra percepción y también la resistencia de aceptar que muchas veces somos ciegos frente al mundo que nos rodea.

Nuestra percepción del conocimiento que poseemos nos hace pensar que sabemos mucho más de lo que en verdad sabemos.

La importancia de comprender cómo los medios de comunicación construyen socialmente el fenómeno de la criminalidad, mediante discursos vengativos y represivos, generando estereotipos criminales y frases muy peligrosas, (está bien que lo haya matado, pobre jubilado), nos puede hacer interpretar los hechos de una forma más crítica, y va a impedir que caigamos en la dialéctica victimista en la que nos sumergen los medios.

Cerramos citando al profesor Zaffaroni:

La sociedad civil y el Estado deben de contribuir a despertar a nuestras poblaciones del letargo televisivo, erigirse en un freno al actual genocidio por goteo, romper los paradigmas que hay sobre criminalidad, asegurar los derechos elementales de los habitantes, jugarse decididamente por el modelo de sociedad inclusiva y, para todo eso, otorgar prioridad doctrinaria y jurisprudencial al derecho, al desarrollo humano, íntimamente relacionado con el derecho a la vida individual y colectiva de la humanidad en el planeta».

Raúl Eugenio Zaffaroni