Continuidades

Por Daniel Prassel.

Hablar de dictaduras transitando el año 2020 poco tiene que ver con hechos pasados más por el contrario, vemos como las dictaduras latinoamericanas dadas sus características y singularidades enmarcadas en un plano general (Plan Cóndor), nos han legado continuidades y secuelas que nos siguen interpelando a diario.

Situándonos en las sociedades del presente no es difícil advertir como ciertas cuestiones residuales (y no tanto) de aquellos años se siguen manifestando en distintos ámbitos ya sean políticos, sociales o culturales, esa bajada de línea que pretende siempre enmascararse u ocultarse, está ahí nomás, bien cerca nuestro, donde sectores reaccionarios con un alto grado de sentir antipopular, reflexionan; adhieren y reivindican permanentemente prácticas y hechos negativos que nos han marcado a fuego como Pueblo, acaso nadie escucha de vez en cuando la frase  “Con los militares no había inseguridad”, perfecto ejemplo que combina un elemento del pasado reciente (Militares ilegalmente en el poder) con un elemento del debate político actual (Lucha Contra la Inseguridad), es justamente ahí donde se debe enfocar gran parte de esta pelea que consiste en generar la conciencia que promueva el respeto y defensa de los DDHH de nuestros compatriotas, recordando y enseñando lo que representaron los aberrantes vejámenes sufridos en cada Pueblo pero también repensando y elaborando las políticas públicas que hagan del ejercicio de la memoria un lugar común para todas y todos los ciudadanos que integran una comunidad.

Hay que desarrollar y diagramar necesariamente un vasto entramado de acciones y decisiones políticas en todos los estamentos administrativos, educativos, institucionales y sindicales, para que se desarrolle, vigorice y ejerza la conciencia, verdadero mecanismo de defensa popular ante los avances y embates de esa violencia silenciosa que persiste aún hoy y en diversas formas cuando observamos los casos de violencia institucional, las torturas en las cárceles y comisarías, las causas judiciales armadas, las estigmatizaciones a los dirigentes políticos, el indigno negacionismo esgrimido por funcionarios públicos que a veces incluso son de mayor gravedad por tratarse de rangos más altos, a saber no es lo mismo que un concejal de un pueblito objete la cantidad de desaparecidos a que lo haga un presidente constitucionalmente elegido como nos pasó con Mauricio Macri y muchas otras violaciones a las que habitualmente pretenden querer acostumbrarnos, sea desde los medios de comunicación que construyen enemigos internos o incluso desde ámbitos académicos que tienen matrices de pensamiento liberal.

Menuda tarea la que debemos encarar entonces, vale decir que las dictaduras no han sido iguales en cada país ni mucho menos los procesos democráticos posteriores a las mismas.

Por ende, cada sociedad ha recorrido distintas etapas respecto de sus propias lógicas para complejizar lo sucedido en esos años, como también respecto de sus agendas políticas.

Y si bien el Plan Cóndor fue una estrategia política-regional de los Estados Unidos para detener el avance de gobiernos populares o populistas como bien gustan decir ciertxs analistas de dudosa imparcialidad, cada dinámica interna de cada país se fue desenvolviendo de acuerdo a su idiosincrasia; su cultura y porque no, de sus preferencias como ciudadanos, porque aunque duela decirlo si no se logra que la demanda de los derechos sea acompañada por grandes mayorías, lo que puede pasar es que ante lo positivo de conseguir reivindicaciones para las minorías como viene sucediendo, el Pueblo como expresión colectiva termine cada vez más fracturado sin poder volver a sintetizar jamás, un verdadero proyecto político que represente sus verdaderos intereses, donde también entran el goce pleno de los derechos de esas minorías.

Cuando surgió el movimiento de DDHH durante la dictadura era compacto y tenía objetivos específicos, por una lado resistir a la dictadura y por el otro buscar la verdad y la justicia, además ya en democracia, al reabrirse los juicios y empezar a pensar la memoria como una construcción histórica y dinámica a la vez, esa agenda siguió manteniendo una enorme vigencia, ahora bien es un hecho que la Democracia como forma de gobierno no solo no resuelve todas las contradicciones sino que es territorio en permanente disputa, como explicamos sino, la existencia de las distintas violencias extendidas y estructurales que citábamos previamente, ante esta realidad debe ampliarse de manera exponencial su abordaje y es ahí donde coincido plenamente con expresiones de Víctor Abramovich, referente en materia de DDHH que afirma que “esa violencia y sus problemas están muy vinculados con procesos de exclusión social, es ahí donde se agranda más la agenda de los derechos humanos que deben bregar por la igualdad, por los derechos civiles y los derechos sociales”.

Mientras seguimos avanzando en el tema es imposible no detectar como esos procesos dictatoriales han desgarrado tanto el tejido social hasta pulverizarlo, donde han generado campo propicio para que el individualismo exacerbado y la ya famosa meritocracia puedan abrirse camino pululando en las sociedades actuales impidiendo que podamos llegar con el discurso político más fácilmente a muchísimos lugares donde debemos dar ciertos debates.

Es necesario y urgente priorizar siempre desde la política, la atención de esta problemática de manera integral e interdisciplinaria poniéndola siempre al tope de la misma, porque como vemos la posibilidad de que se sucedan hechos semejantes si bien pareciera una posibilidad distante viendo los sucesos actuales en países vecinos, como la represión inusitada en Chile hasta hace poco, el golpe de una alianza militar-policial en Bolivia volteando un gobierno constitucionalmente elegido y lo que está viviendo Ecuador en materia institucional, vemos claramente la delicada situación que hoy enfrentamos los Pueblos Latinoamericanos, cada quien con sus realidades a cuestas, que han quedado en segundo plano dado este contexto pandémico, pero que nos obligan a seguir profundizando para dar respuestas democráticas a toda esa escalada de violencia y avasallamiento de derechos que debe ser detenida en algún momento en pos de recuperar el camino hacia una Patria Grande, justa, libre, soberana y respetuosa de la defensa irrestricta de los DDHH para todas y todos sus habitantes.

Los derechos humanos no se violan solo por el terrorismo, represión o asesinato, sino por estructuras económicas injustas que crean enormes desigualdades”  Papa Francisco

Más Estado, Más Solidaridad, Más Comunidad, como nuestrxs 30.000 nos enseñaron