Cómo está el partido en el que se define el futuro de la Argentina

Por Juan Valerdi.

En las últimas semanas el foco de atención de autor de esta columna y de la mayoría de los medios de comunicación, se ha repartido fundamentalmente entre la renegociación de la deuda externa, el caso Vicentin y las consecuencias de la cuarentena sobre la economía argentina.

Aún estamos lejos de poder prever cuándo terminará de negociarse los 66 mil millones de dólares de deuda con acreedores externos bajo ley extranjera denominada en dólares. En esa negociación el Gobierno comenzó con una oferta muy generosa y ha cedido bastante ante las demandas de los acreedores, el que aún no se haya cerrado el acuerdo no hace prever ningún horizonte optimista para el resultado de la negociación.

Es muy difícil poder establecer hoy las posibilidades de pago para una Argentina que, lejos de salir de la cuarentena, en el caso del AMBA vuelve a las restricciones más duras del inicio. Si a eso le sumamos las profundas secuelas económicas y sociales que dejó el paso del Gobierno de CEOs denominado “Cambiemos” el panorama se complica más aún tratando de imaginar cuando van a “sobrar recursos” para enviarlos al exterior como pago de deuda.

Teniendo en cuenta que digo “sobrar” como condición consistente con las prioridades que enunció oportunamente la coalición de Gobierno que triunfó en octubre de 2019. Porque en un país que ya debe estar alcanzando valores del 50% de pobreza en su población cuesta mucho imaginar que en un par de años ya se puedan comprometer pagos de deuda externa. Desde mi punto de vista la negociación de deuda está 2 a 0 en contra del Gobierno.

En el caso de Vicentin se puede ver que el Gobierno Nacional está tratando de salvar a un grupo económico de alta relevancia en las exportaciones Argentina. El salvataje tiene que ver no solo con las consecuencias económicas que tendría el desguace de esa empresa sobre el manejo cada vez más oligopólico de los recursos exportables argentinos y los dólares que esto genera. También se trata de salvar a la empresa para las consecuencias económico sociales del tendal que dejaría la empresa entre empleados, productores, proveedores y empresas asociadas.

Sin embargo, el partido de Vicentin hoy parece estar 2 a 1 en contra del Gobierno. Sus interventores degradados a meros veedores y los vaciadores de la empresa repuestos en sus puestos. Ambas cosas definidas por un juez local que, además, patea para adelante definir si acepta o no la “propuesta superadora” del Gobernador Perotti que dejaría atrás el pantano posible de la expropiación si entrara su proyecto de ley al congreso.

La definición del caso Vicentin y de la negociación de la deuda externa no sólo son relevantes económica y socialmente, más importante aún es su sentido ejemplificador para el poder económico y mediático. De estos casos podrían derivarse comportamientos más desafiantes si se percibe que el poder del Gobierno Nacional se ejerce en forma dubitativo y débil. Y esto difícilmente lleve a facilitar la tarea de encaminar la economía argentina hacia un crecimiento que tenga en cuenta a la gente como prioridad. De 2015 a 2019 vimos las consecuencias de tener un Gobierno cuya mayor preocupación era generar buenas conductas ante “los mercados” y darles rentabilidad a las grandes empresas de servicios públicos monopólicos.

La destrucción del poder adquisitivo generalizada ha empeorado y la cuarentena extendida ha llevado a que ni siquiera se hable ya de paritarias. ¿Cómo podrían la mayoría de los trabajadores amenazar con paros en las condiciones actuales? Lejos quedaron los tiempos en que la discusión caliente de las paritarias y los paros se mezclaban con los pedidos de derogación del impuesto a las ganancias para los trabajadores o al menos de suba del mínimo no imponible.

El Gobierno Macrista estaba claramente del lado de los empleadores y en contra de los trabajadores, pero el actual Gobierno sin duda está hoy en situación de impotencia para impulsar una mejora en los salarios reales y a duras penas logra evitar una suba descontrolada del desempleo.

La mejora en los salarios reales está lejos de conseguir su revancha con el apoyo del Gobierno. Dentro de las posibilidades de negociación el Gobierno Nacional podría haber supeditado las ayudas entregadas por el programa ATP o las rebajas salariales de cuarentena a una participación futura de los trabajadores en las ganancias de las empresas. Ambas ideas fueron desestimadas con rapidez por el Presidente ante los primeros embates mediáticos y empresariales.

El horror al avance del “socialismo” de estas ideas no fue respondido con el ejemplo de Alemania en este modelo de alineamiento de intereses de trabajadores y empresarios.

Los resultados de los frentes descriptos hasta aquí muestran un factor común.

El Gobierno Nacional pierde los partidos antes de empezar por graves falencias comunicacionales.

La población, en su mayoría, no conoce ni entiende lo que está en juego en estos partidos y las consecuencias que tendrá su definición para ellos mismos. Por eso puede haber banderazos y cacerolazos a favor de una empresa manejada por un grupo de vaciadores y fugadores. Por eso más que preocuparse por lo que se promete pagar al exterior en un futuro cercano una parte muy importante de la población está más preocupada por el falso salto al abismo de un default. Las operaciones de los medios masivos de comunicación realizadas por periodistas y economistas mercenarios encuentran poca resistencia para lavar cabezas masivamente.

Y si bien no faltan voces y medios independientes, estos están sostenidos con la voluntad y esfuerzo de miles de personas que cuentan solo con su capacidad de trabajo y esfuerzo para oponerse a la maquinaria masiva. El Gobierno Nacional no solo no brinda apoyo económico sustancial a estas fuerzas, sino que tampoco coordina y orienta esos esfuerzos. No nutre a esa militancia cultural de recursos económicos, pero tampoco de materiales donde se explique claramente el sentido de las medidas y lo que está en juego.

En estas condiciones el campeonato está para perderse por goleada, aunque se mande a todo el equipo a defender frente al arco. Parece ser hora de que el técnico y sus colaboradores definan de modo urgente una estrategia para cambiar el modo de jugar y, por qué no, parte del plantel técnico.