Todos los “pero” del mundo Uníos…

Por Claudio Posse

Tenías ganas de pegarle un salto al coronavirus y escribir de las nuevas formas de trabajo que se van a imponer en el mundo cuando cese esta pandemia. Quería escribir sobre la robotización y la inteligencia artificial. Pero…

Siempre hay un “pero” en nuestra querida Argentina.

Dirijo hace un año el Espacio Cultural Crece desde el Pie (queda en el barrio de San Cristóbal, Constitución y Pichincha). El jueves pasado gracias a la colaboración de unos compañeros y compañeras conseguimos alimentos no perecederos y pudimos armar algunas bolsas que entregamos a los compatriotas que viven en la zona que la están pasando como pueden (no solo por la cuarentena preventiva por el ataque furibundo del Covid-19, también por el desastre económico y social que dejo el gobierno del empresario de la “Patria Contratista” Mauricio Macri).

Ahí está el permanente “pero” de nuestro país.

Muchos compañeros y compañeras cuestionan los análisis que se estructuran sobre la importancia de profundizar hacia políticas que determinen cambios estructurales en la generación de riqueza y en su distribución. El cuestionamiento siempre, o casi siempre, se basa en la menguada relación de fuerzas que tiene el “Campo Popular” para aplicar medidas estructurales. A mí me parece que termina siendo una trampa, a veces, usarlo como única herramienta de análisis, porque la relación de fuerzas no es un método producto de extraños mitos religiosos o que surge de una ciencia exacta que determina tal o cual procedimiento. La relación de fuerzas, claro está, tiene situaciones objetivas, pero también subjetivas. La relación de fuerzas se construye subjetivamente, porque si no termina siendo casi un arbitrio de la predestinación.

Dicho esto, podemos empezar a analizar cómo se genera la riqueza en nuestro país, y como se debería producir, y, en paralelo, analizar cómo se distribuye, y analizar cómo distribuirla aplicando la justicia social.

Y un día llegó el Virus.

Y ahí lo tenemos posándose en las superficies de todas las cosas, como bien dijo el presidente Alberto Fernández: “No te viene a buscar, salís y lo buscas vos, por eso te tenés que quedar en casa”. Gran verdad y explicada maravillosamente por el compañero Alberto.

Ahí se viene otro “pero”, uno de los compañeros que milita en el “Crece desde el pie”, mientras ordenábamos la mercadería y pensábamos en abrir el local por lo menos un par de veces por semana para darle un plato de comida a la gente, me contaba su situación personal. Walter labura con el padre, pintan en las alturas. Trabajo por demás arriesgado. Una actividad que se denomina del “día a día”. Hasta el maldito Covid-19 venían laburando bien y esto los encontró con un ahorro de mes y medio (para aguantar nomas). Este “pero” ni siquiera se refiere al 40% de pobreza, y ya tenemos un lío bárbaro. ¿Cuál es la actitud de Walter? Ustedes pueden imaginarse que Walter estaría furioso y malhumorado con su situación ¿no? Pues no, Walter está preocupado por su situación, pero me insistió infinidad de veces para que abramos el “espacio cultural” para darle de comer a “su” gente, sus amigos y amigas, sus vecinos… sus compatriotas. El mismo Walter me había dicho hace un tiempo: “Mi lugar en el mundo es Constitución, entre Pichincha y Matheu, por eso quiero que siga el club para que los más de 600 pibes estén contenidos.” Cuanta diferencia entre Walter y los “ricachones” que se la pasan llorando porque, quizás, tengan que poner un mango más.

El jueves volvía caminando las poquitas cuadras que me separan del local y pensé en este artículo, pensaba en el dialogo con Walter, se cae de maduro, ahí empezas a construir la relación de fuerzas. No sé si tanto en la búsqueda de la solidaridad sino en la búsqueda de la justicia desde lo colectivo.

El virus de la (IN) comunicación.

No voy a pedirle al presidente que le hable a Walter, no porque el compañero no se lo merezca, sino porque ya mencioné varias veces lo colectivo y, estoy convencido, que la crítica acá no es a la conducción unipersonal sino a los métodos que tenemos (y me hago cargo también) en la utilización de esa única herramienta que tenemos para modificar la realidad a favor de las grandes mayorías vulnerables: La Política.

Alberto es consecuencia de una construcción colectiva que se transformó en el Frente de Todos, en términos electorales, y que es la síntesis de lo que podemos llamar el “Campo Nacional y Popular”, en términos políticos, siendo su eje el Movimiento Peronista. Vean ustedes, entonces, cuantos actores conviven ahí.

Ahí se viene otro “pero”. Quizás el logro más importante, y con su daño a cuestas, que nos dio la nueva conformación de la “derecha” argentina (que llamamos macrismo) fue la instauración de nuevas formas de comunicación.

No esperen en estas torpes líneas un desarrollo muy profundo del tema, solo que sirva para poder observarnos y debatirnos, tratar por un momento de no creernos los mejores twitteadores del mundo, dejar de creernos (por algunos segundos) los mejores diseñadores de Memes y Flyer. Por un instante, tratemos de no pensar cómo quedará en Facebook o cómo podemos transformar todo nuestro pensamiento, todo, en una foto de Instagram. Tratemos de pensar, solo por un instante, como llegar al otro y, por sobre todas las cosas poder escucharlo, leerlo y observarlo.

Después de eso volvamos a las redes.

Salir de ese esquema tan duranbarbista nos va permitir colocar nuestro ego, que en la política créanme es un tema muy importante de atender, en un lugar equilibrado.

Siento que en la comunicación nos “cacheteo” el macrismo porque de la noche a la mañana o quisimos dejar de hablar de Pueblo y empezamos a decir gente o nos encaprichamos (esa cosa chauvinista de aferrarnos a los discursos melosos de la nostalgia) en que si no decimos Perón y Evita o doctrina u oligarquía somos traidores a la causa.

Y la verdad, compañeres, es que los compatriotas de los sectores populares son peronistas, nos les hace falta que se lo repitas todo el tiempo. Y la verdad, compañeres, es que los diseños tan bonitos que usan para Instagram no llegan al pueblo relegado en sobrevivir contra el Covid-19 y, desde hace años, contra la injusticia social.

¿Estoy diciendo que hay que dejar de hacerlo? NO, así con mayúsculas lo escribo porque otra consecuencia del duranbarbismo es la “militancia y dirigencia emocional”, esos que piensan que todo análisis de la realidad es un ataque personal. Y te meten en un lío porque de un instante a otro te transformas en un anti-Alberto o anti-Cristina. Pues no, tranquilos y tranquilas, todes necesitamos que el gobierno popular vaya por el sendero de la victoria. No conozco en la historia de la humanidad, que con obsecuentes y voluntaristas haya triunfado.

Lo que quiero decir es que complejicemos la comunicación, vayamos al hueso. Porque si nos quedamos en la superficie, como pasa con el virus que tiene en Covid-19, nos mata el duranbarbismo.

Tratemos te interpelarnos e interpelar a los millones de Walter que andan dando vueltas por ahí, y que no son solidarios solamente, ya están en otra fase, en la de la búsqueda de la justicia social.

Y en eso mucho tuvieron que ver Néstor, Cristina (y todes sus ministros perseguidos por el macrismo y el poder judicial) y ahora Alberto que conduce una pelea muy compleja contra el virus sin dejar de pensar y aplicar políticas públicas a favor de los sectores populares.

Todos los “pero” del mundo Uníos.

Por último, cuestionémonos, seamos irreverentes, plantemos las cosas que hay que plantear sin medias tintas. Digamos que la comida que se le entrega al pueblo es de una calidad espantosa, las cosas hay que decirlas: comprar más caro, desde el Estado, la comida y los elementos de limpieza es de “garcas”. No pasa nada, bah… si pasa, lo podemos solucionar y no enfrentar el fusilamiento mediático de Calvo y Feimann.  Clavemos el “pero” porque eso nos permite pensarnos un poco más. Nos da la posibilidad de empezar a pensar el mundo que viene, la robotización y la inteligencia artificial.

Dicen que Arturo Jauretche y Perón estaban un tanto distanciados. Don Arturo tenía algunos “peros” en el bolsillo y se los decía. Lo cierto es que el distanciamiento del intelectual hizo que muchos funcionarios del gobierno se alejaran de él. Cuando fue el primer intento de golpe de estado contra Perón, Jauretche fue a la casa de gobierno y se presentó ante Perón, que lo atendió inmediatamente, sacó un revólver que tenía en la cintura, escondido con el saco, lo apoyó sobre la mesa y mientras lo miraba a los ojos le dijo: “A sus órdenes mi general”.

No sé si la anécdota es cierta, pero estoy convencido que don Arturo estaba lleno de “pero…”