¿Civilización y barbarie? Desprendimientos de la matriz colonial del poder en mujeres violentadas

Por Liliana Etlis.

La idea del feminismo descolonial refiere a los cuatro ámbitos de la existencia humana: el sexo, el trabajo, la autoridad colectiva y la subjetividad, interpelando la organización no como un espacio conceptual heterosexual o patriarcal, sino rescatando además  la cuestión histórica en el sistema moderno/colonial de género.

Los hombres llegados de Europa a América, historiando la idea, estaban influenciados por la iglesia católica y el poder español, la cultura dominante era la judeocristiana y la matriz cristiana. Las mujeres no tenían espacio político ni derechos, tampoco podían ejercer profesiones. El modelo familiar era un contrato de sesgo Europeo.

Por el contrario, en las sociedades precolombinas, la mujer participaba de la política comunitaria, no ejercía la prostitución porque los cuerpos se relacionaban con libertad y practicaba la medicina, entre otras disciplinas. Los europeos nos dejaron categorías de análisis del conocimiento: los cuerpos dominados comenzaron a tener categorías de los cuerpos dominantes.

En los años ‘60 el feminismo replantea la situación relacionada a la reapropiación del propio cuerpo y del espacio. Hay simultáneamente en este período de resistencias un soporte de contraofensiva por parte del poder dominante, introduciendo los conceptos del SAP (Síndrome de Alienación Parental) entre tantos, agudizándose prácticas como la violación de los cuerpos, el comienzo del alquiler de vientres en mujeres provenientes de sectores vulnerables y otras aberraciones fascistoides.

Para agudizar estas miradas atravesadas por el poder, además de las de clase, etnia y género, creo necesaria la recuperación de saberes tradicionales de la América profunda. Rescatar el pensamiento femenino descolonial, recuperar el legado crítico de las mujeres afrodescendientes e indígenas de América Latina así como las miradas que avanzan desde la teoría feminista antirracista y descolonial, facilitando de esta manera la resignificación de aquellos lugares fundantes en la lucha por la soberanía, la libertad, la independencia, la equidad, la solidaridad.

En otras palabras, creo que sería importante bucear desde las disputas históricas como las luchas, las resistencias que se desenvuelven en procesos como el control de los sexos, el trabajo, la autoridad colectiva y la intersubjetividad sumado a una lectura de la matriz de opresión desde un lugar no-eurocentrado, generando una interpretación de la vida colectiva diferente, desde sus prácticas de resistencia hasta sus formas de expresión solidaria.

La violencia política ejercida por aquellos poderes oficiales en nombre de una ideología, la violencia estructural como el tipo de organización económico-política de la propia sociedad que impone una cuota de sufrimiento, la violencia simbólica, que nos remite a las humillaciones y desigualdades legitimadas e internalizadas y la violencia cotidiana que refiere a la violencia interpersonal junto a la violencia moral, mecanismo eficaz de control social, es hablar de relaciones sociales y más precisamente de relaciones de poder en un determinado campo sociocultural.

La perspectiva de género coloca el acento en las relaciones de poder asimétricas entre varones y mujeres relacionadas con otro tipo de relaciones sociales como la clase, etnias, religión, geográficas. Esta mirada no puede quedar al margen de las interpretaciones políticas, sociales y culturales.

Entiendo además el concepto de sexo como construcción social y cultural, incorporando la historicidad y entendiendo las diferencias sexuales como locales y no universales, la presencia de un tipo de pensamiento dicotómico: mente-cuerpo/hombre-mujer/razón-emoción, darle carácter universal y neutral, son principios de la racionalidad biomédica, dimensión que distorsiona realidades locales.

La herencia de estos modos de vivir la vida es una huella muy marcada que en este presente pandémico ayudaría romper con dichos esquemas de pensamiento cartesiano para superar voces de angustia, desesperanzas y crear mecanismos superadores.