Chocobar por la noticia

Daniel Prassel.

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Feliz domingo para todas y todos, como cada entrega vamos a conversar un poco sobre esas cuestiones que tanto nos necesitan, superado ya el episodio policial que nos tuvo en vilo, pareciera que las cosas se empiezan a enderezar, aunque como bien sabemos, este debate recién arranca y tendremos que seguir aunando esfuerzos para lograr las transformaciones necesarias que nos permitan consolidar de una vez, fuerzas de seguridad comprometidas con la democracia, más profesionalizadas y por supuesto con un firme mandato en materia de defender y preservar los DDHH.

Si hiciéramos una rápida lista de hechos trágicos que tienen a la Policía Bonaerense como protagonista observaríamos que realmente no podemos esperar más para meter mano en esa estructura y empezar a dar vuelta esta historia, aclaremos que nadie dice que esto sea una tarea sencilla pero lo que podemos asegurar sin titubeos es que desde el discurso antiyuta, que suele ser atractivo, cool y progre, no vamos a lograr ningún objetivo concreto que mejore la calidad de nuestra vida en democracia.

Primero lo primero, hay una depuración lógica que nadie puede detener y es la relacionada con el paso del tiempo, si bien durante muchos años policías vinculados a la dictadura, cómplices y responsables de delitos de lesa humanidad, gozaron de impunidad refugiados en las fuerzas, poco a poco con el avance de las políticas de memoria, verdad y justicia que a partir de las condenas en los juicos empezaron a iluminar a la sociedad en este sentido, terminan siendo visibilizados, luego enjuiciados y por ultimo condenados.

Ahora bien, hay que ser objetivos, muchos efectivos actuales son resabios de esos cómplices y responsables de los delitos en dictadura, es decir han compartido y se han formado con ellos, principal causal de problemáticas como la violencia institucional y las torturas sistemáticas en los penales y comisarias, es por ello que no queda otra que embarrarse las patas y tomar el toro por las astas como venimos charlando.

Pero no todas son pálidas en este tema, tenemos generaciones enteras de efectivos y aspirantes que han nacido y crecido en democracia, que viven en nuestros barrios, que provienen de familias trabajadoras y que por supuesto muchas y muchos tienen vocación real de servicio, nuestra obligación aparece nítida entonces, hay que trabajar en esa franja para inculcar valores, respeto por los DDHH, contener humanamente entre otras acciones.

Pensaba el otro día como puede ser que un pibe o piba que nace en nuestros mismos barrios, que estudia en escuelas conducidas por docentes esclarecidxs, que conoce bien el maltrato, puede una vez que porta uniforme, reproducir todo lo malo en lugar de pensarse como agente trasformador y revolucionar o combatir injusticias desde su lugar, en fin son diversos factores que hoy no pienso enumerar porque lo único que si voy a citar es que la mayor parte de responsabilidad en esto, como siempre la tiene la política y afortunadamente, estamos empezando no solo a reconocerlo sino a abordarlo de manera seria e integral.

El plan de seguridad integral anunciado previo al incidente policial no es poca cosa, retomo lo dicho en un anterior artículo, hay que apoyar fuerte el Instituto Universitario Vucetich que tendrá la tarea de ofrecer toda esta formación de la que venimos hablando, ahí debemos ir los militantes y referentes políticos a aportar todos nuestros saberes para contribuir a esta pelea histórica.

Nuestro país necesita que estemos a la altura y que estos desafíos actuales que nos presenta la democracia, puedan ser encarados como centrales, ya que además de la necesidad de parar con la violencia institucional y los abusos policiales, sabemos que también la inseguridad merece nuestra plena atención ya que no precisamente son las clases acomodadas quienes la sufren, sino nuestros mismos vecinos en cada barrio, como vemos pareciera estar frente a un monstruo de siete cabezas donde hay que atacar todas al mismo tiempo, y la verdad que sí, eso es lo que hace un proyecto nacional y popular.

Este partido lo jugamos todas y todos, para ganarlo hay que correr los noventa minutos, la militancia pone lo suyo y deberá romper prejuicios, la dirigencia de manera similar deberá romper estructuras, y conjuntamente trabajar incansablemente para terminar con este enfrentamiento entre pobres que nos viene desangrando, no solo hay esperanza sino la decisión política del Gobierno de que así sea, yo humildemente sugiero que hay que meterse en estos temas densos no queda otra.

Y un buen ejemplo siempre es la condena popular, de donde extraigo el título de hoy, aparentemente el efectivo Luis Chocobar que se hizo famoso en una de esas barrabasadas de Macri, imputado por «homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber», estaría cumpliendo funciones en el Hospital Público Arturo Melo de Lanús, la verdad que de confirmarse se debieran tomar las medidas necesarias para que el mensaje político vuelva a ser claro y no deje dudas de cuáles son las funciones de un buen policía, que por supuesto distan de acribillar a un ladrón que se encuentra reducido.

Construyamos fuerzas de seguridad democráticas, respetuosas de los DDHH, bien remuneradas y que entiendan políticamente de una vez, que él nunca más es para todos y que también los necesitamos para que eso sea posible, recomiendo la carta de Hebe del 8 de setiembre pasado, dejamos un tramo a continuación:

“Como dije: soñé y sueño todavía que vivamos tranquilos. Sueño con decirles a los niños y los jóvenes “si te pasa algo, decile al policía de la esquina”. Y no como ahora, que le tenemos que decir: “Vení, vení, si te pasa algo y ves a un policía, sale corriendo”.

Más Estado, Más Solidaridad, Más Comunidad, como nuestrxs 30.000 nos enseñaron.