Chile en la hora del cambio

Por Diego Gutiérrez – Analista de política Internacional.

El proceso de movilizaciones iniciado en octubre del 2019 desembocó en la reforma de la constitución redactada por el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet. Si bien esta tuvo varias enmiendas a lo largo de los años, la columna vertebral que la convirtió en un emblema del neoliberalismo, continuó incólume. Las protestas fueron iniciadas por la suba del boleto del transporte público, pero en realidad fue el paso de una etapa de movilizaciones por temas puntuales iniciadas muchos años atrás, como el reclamo por la gratuidad educativa y el fin del sistema privado de pensiones, hacia esta movilización, en contra de todo un modelo económico y social.

 El cambio se puede ver en el nombre de la movilización, “no son 30 pesos, son 30 años”, en alusión a los años que llevan las políticas de los gobiernos de la centro derecha y la centro izquierda en Chile. Y sobre todo teniendo en cuenta que la suba de la tarifa solo afectaba a la capital, Santiago de Chile, y no al resto del país. Las machas se fueron dando en otras ciudades como Arica, Iquique, Antofagasta, La Serena, Rancagua, etc., con lo cual podríamos decir que en Chile se ha despertado un movimiento de un alto grado de conciencia popular en contra de un modelo agotado de gestionar la vida.

El gobierno de Piñera reaccionó, como no podía ser de otra manera, violentamente, que es como los gobiernos de cuño neoliberal gustan de hacerlo. Violencia justificada en que los manifestantes poseen alguna clase de ideología que los hace reclamar derechos sociales solo para provocar la caída de sus gobiernos solo por ser de signo contrario. Muertos, miles de heridos, detenidos, torturados y una nueva y sádica manera de ejercer la violencia sobre los que manifiestan, disparos a los ojos. Cientos de personas perdieron sus ojos por disparos de las fuerzas públicas, quizás una manera de castigar a quienes, por fin, abrieron sus ojos. Al igual que en Colombia, o que, en Ecuador, o en Argentina en el 2001 entre otros ejemplos, la derecha neoliberal solo tiene balas y palos para aquellos que reclaman derechos.

Es interesante tratar de comprender este proceso. Chile, al contrario que los países que tuvieron gobiernos de centro izquierda/nacional populares, comienza este camino de cambio a través de estas movilizaciones masivas y continuas, mientras que aquellos, si bien tuvieron manifestaciones populares previas, los cambios provinieron por las políticas que practicaron sus gobiernos, incluso los cambios constitucionales como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia se dieron post elecciones presidenciales con victorias de nuevos partidos políticos emergentes de las crisis neoliberales.

Lo común a estos procesos se puede explicar a través de las crisis de representatividad expresadas en estas marchas, lo que deviene en una fragmentación de los espacios políticos, la perdida de hegemonía de los antiguos partidos del orden anterior, la apatía política de la ciudadanía que se expresa en una menor participación electoral y en el surgimiento de nuevos espacios de representación y líderes o lideresas. Lo podríamos resumir en cuatro momentos, crisis económica como consecuencia del modelo de acumulación por desposesión, crisis social derivada de la destrucción de los lazos sociales, crisis política por la falta de representación de los intereses de los sectores populares de la sociedad y el momento de las movilizaciones destituyentes, pero no de un gobierno, sino de todo un orden económico, social y político totalmente agotado.

Los procesos constituyentes son importantes, las constituciones son importantes. En un principio las constituciones fueron las cartas políticas instituidas por las burguesías liberales como forma de establecer un mapa político para plasmar sus intereses en el plano jurídico y en la conciencia de la nación. Pero tampoco deben convertirse en un fetiche que cambia todo por sí solo. Pinochet sanciono su constitución casi a la mitad de camino de los 18 años de dictadura. Una vez operado el cambio real, se abocó a su institucionalización jurídico política. En este caso, del plano de las movilizaciones se pasó al de conciencia de la necesidad de la sustitución de aquel viejo y ya gastado programa político por uno nuevo que refleje las necesidades y los derechos reclamados por los ciudadanos y ciudadanas de Chile. Es un paso importante, pero no el definitivo, luego, vendrá la hora de hacerlo cumplir en la realidad material, en la de todos los días, esa en la que los y las de a pie, la gente común más lo siente.

El mismo sistema político en su conjunto, y el gobierno de centro derecha de Piñera tuvieron que aceptar y ceder ante las demandas de cambio (que no significa que no vayan a resistirse). Los representantes de los partidos políticos tradicionales como el Partido Socialista, el Demócrata Cristiano, la UDI, el Partido Por la Democracia, etc., sumado a parte de la oposición como el partido Comunes firmaron el “Acuerdo Social por la Paz y la Nueva Constitución”, que definió la forma en la que se conformaría el proceso de sanción de una nueva constitución para Chile.

Como primera medida se decidió adoptar un plebiscito en el cual se decidiría si se aprobaba una nueva redacción de la Carta Magna y la forma de hacerse si esta resultaba aprobada. Con 100% de constituyentes elegidos o una mezcla entre una mitad de representación del Congreso y la otra mitad elegida para la convención. El apruebo a la reforma gano con un porcentaje abrumador del 80% y la forma elegida fue la de una Convención Constituyente con todos sus integrantes elegidos por el voto popular. Mas adelante se decidió por incorporar la paridad de género en la composición de la Constituyente y la incorporación de 17 lugares para los pueblos originarios. La participación en la elección fue del 51% de los habilitados para votar, en línea con la apatía gral, pero en sintonía con lo que fueron las últimas elecciones presidenciales.

Ya definido que se realizarían las elecciones constituyentes, solo bastaba la conformación de listas y candidatos para el histórico evento. También fue habilitada la participación de candidatos independientes por fuera de los partidos tradicionales o fuerzas que ya están en el Congreso. Se presentaron una gran cantidad de candidatos y candidatas en una cantidad de listas que denotan la fragmentación del espacio político y la perdida de hegemonía de los partidos tradicionales.

Pero vamos a analizar los números finales del total de las candidaturas que terminaron en las 155 bancas elegidas para la Constituyente. Fueron una gran cantidad, 1468, con lo cual se demuestra el gran interés por participar, de estos 51% fueron mujeres y el 61% correspondieron a independientes, y con esto nos referimos a aquellos que fueron en listas de partidos o en listas de independientes. Otra de las novedades es la edad de los participantes, la cual promedio unos 44 años, las mujeres 43 y los hombres 45.  La baja experiencia previa en política es otra de las características de los integrantes de las listas. Aquellos con experiencia política son un 23% y con experiencia en cargos públicos un 27%. Los que más experiencia reúnen son parte de las coaliciones políticas con partidos políticos tradicionales como la Lista del Apruebo, Vamos por Chile y Apruebo Dignidad. Entre las profesiones u oficios más ejercidos se encuentran los de abogado/a con 21,1% y profesor/a con un 15,4%. La cantidad de abogados/as asciende a 48% entre los independientes y a 26% entre los militantes de los partidos políticos.

De estos números se corrobora todo lo anteriormente mencionado, fragmentación política, participación de más independientes que de políticos de partidos tradicionales y como un dato añadido, la participación de un segmento de mayor juventud que la que compone la clase política tradicional.

Yendo al resultado de esta histórica jornada, podemos decir que se hubo grandes ganadores y castigos. La fragmentación siguió pintando el paisaje político, pero, aun así, los grandes derrotados fueron los partidos de la coalición oficialista Vamos por Chile, que logro un 20,56% de los votos y 37 lugares de los 155 totales. Con este resultado, la derecha chilena no podrá tener el tercio necesario para vetar las iniciativas de los sectores opositores, ni tampoco podrá utilizar su porcentaje como para lograr consensuar alguno de los puntos que se vayan a tratar.

Los ex partidos de la Concertación también tuvieron un mal resultado, solo obtuvieron el 14,16% de los votos, revelando que el malestar con el orden actual también los involucra como responsable del estallido de octubre del 2019. la diferencia es que como pertenecen al espectro del centro izquierda, tendrán más puntos de contacto tanto con los partidos independientes como con el otro sector de la izquierda. Esta izquierda reunida en el partido Apruebo Dignidad, está formada principalmente por el Partido Comunista y el Frente Amplio, y lograron el 18,74% con 28 constituyentes. La Lista del Pueblo, una lista de independientes por fuera de los partidos, logró importante 16,27% y 26 convencionales, lo cual también la pone por delante de la ex Concertación.  La lista de los Independientes x una Nueva Constitución, que obtuvieron el 8,84% sumarán 11 escaños e independientes por fuera de las listas de coaliciones tendrán los 11 sitios restantes. Sumados a los 17 lugares reservados a los pueblos originarios conforman los 155 que conformaran la Convención Constituyente.

¿Como queda entonces la composición de la constituyente desde la pertenencia política?

Los militantes políticos de partidos tradicionales quedaron en 50, que son el 38% del total sin contar los 17 integrantes de los pueblos originarios, o sea, de 138. Un escaño es para un independiente de los que no participo dentro de una coalición o pacto. Los independientes que si fueron en listas de coaliciones políticas pero independientes son el 34%, 47 lugares, y los independientes que fueron en las coaliciones de partidos políticos tradicionales sumaron el 29% con 40 lugares. La asamblea queda así con una mayoría de 88 independientes, todo un síntoma de los tiempos que corren.

Por último, vamos a referirnos a las propuestas que más consenso tienen entre los demandantes del cambio constitucional. Derechos como el acceso al agua, cambiar el sistema de jubilaciones, la educación, los recursos naturales, la creciente desigualdad y los derechos de los pueblos originarios han estado en el centro de los reclamos de las movilizaciones iniciadas en octubre del 2019. el Observatorio de la Nueva Constitución, un portal creado por académicos de universidades chilenas para monitorear y asesorar en el proceso, analizaron las propuestas hechas tanto por los partidos como por los candidatos de manera individual. Las propuestas eran de carácter obligatorio a presentarse ante de la elección.

Las propuestas se dividieron en 6 categorías, Valores y principios, las propuestas más mencionadas se refirieron a principios democráticos, ecologistas y feministas, valores como la dignidad humana, la igualdad, la probidad y transparencia, los fines del Estado y soberanía. La siguiente categoría está relacionada con el régimen político, la propuesta más mencionada fue sobre un cambio hacia el semipresidencialismo, mientras que el parlamentario si bien fue mencionado, no parece tener un consenso demasiado extendido entre los y las candidatas. También hubo propuestas referidas hacia mantener el presidencialismo y a algún tipo de cambio en la separación de poderes. Como tercera cuestión preponderante se encuentra una de las más mencionadas, los Derechos Sociales. En esta categoría entraron los derechos de los trabajadores/as, el derecho a la educación, la salud, la seguridad social, y acá se hace eje en la reforma del sistema privado de pensiones, y la vivienda. Para estos temas se plantea una cláusula de reconocimiento constitucional y de protección de los derechos sociales.

En cuarto lugar, se planteó una serie de Nuevos Derechos, la categoría con más propuestas a incorporar al nuevo texto constitucional. Los temas más planteados fueron Género y diversidad sexual, medio ambiente, recursos naturales, derechos de niños, niñas y adolescentes, cultura, ciencia y tecnología y ciudadanía. La siguiente categoría se concentró en las propuestas para los Pueblos Indígenas, que apuntaron a considerar si Chile debe declararse como un Estado Plurinacional, el reconocimiento constitucional de los Pueblos Originarios, su institucionalidad y mecanismos de participación, si deben tener lugares asegurados o no en el Congreso Nacional, formas de autonomía para organizarse, el respeto a la igualdad de trato y lo referido a la propiedad indígena y el uso de la tierra y los recursos naturales.

Como último de presentaron propuestas relativas al Modelo Jurídico de Estado. La descentralización como eje de las propuestas, descentralización política, fiscal y administrativa. Estas abarcan tipos de Estado, regionalización, municipalización, administración del Estado, principio de subsidiaridad y desarrollo.

Las bases de la Convención se encuentran planteadas, las ideas y los protagonistas están preparados y listos para esta histórica tarea no solo para Chile sino para toda América Latina. Quizás este el primer intento de plantear democracias más inclusivas, en donde los pueblos no solo tengan la pasividad de votar cada 2 o 4 años y delegar en sus representantes todas las responsabilidades de la vida política de sus países. Las verdaderas democracias son aquellas en donde los pueblos toman las riendas de sus destinos, para bien y para mal, y parece que en Chile están dando un gran paso en ese sentido.