Carrió: del ridículo (a veces) se vuelve, de la destrucción del estado de derecho no se vuelve más

Por Maximiliano Rusconi.

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La vida política de nuestro país a veces tiene una intensidad tal que hace que en ocasiones tengamos que lamentar mucho el habernos perdido algunos capítulos por distracción, cansancio o auto-preservación. Corremos el riesgo, al volver a “conectarnos” de ya no entender nada. Pero, nada de nada.

Una de las personas de la vida política argentina que posee índices difíciles de creer a la hora de vincular su casi nula atracción de votos con el enorme impacto mediático que a veces logran sus curvas encaradas a velocidad de alto riesgo, es la abogada Elisa Carrió. 

La explicación de esta contradicción (pocos votos versus alto perfil) está dada por la ausencia de límites propios a la hora de expresarse, sus tendencias incansables a degradar a los contrincantes, imputarles cuanta barbaridad asegure la tapa de los diarios, utilizar mecanismos de la más baja inmoralidad como la confesada por ella misma contrainteligencia, aún cuando ello no obstaculice que, al mismo tiempo, se abrace a un discurso auto-legitimante y de auto-adjudicación de un pretendido alto estándar moral y de dignidad personal.

Aparentemente a la abogada Carrió le ha rendido un buen provecho personal el encarar estrategias para uno u otro lado de determinada contienda política o ideológica, con tanta falta de escrúpulos e intensidad que logra un alto nivel de cinismo que se confunde con una aparente valentía (totalmente fraudulenta). 

A veces ataca con tanta impunidad, y es tan favorecida por el arsenal de los medios hegemónicos, que cuando decide abandonar la pelea, y las falsas acusaciones, a quien le ha tocado ser víctima de ese tsunami degradador es natural que lo embargue una sensación de cierta paz y hasta (en una especie de síndrome de Estocolmo mediático) de empatizar con quien ya no dispara más, vaya a saber uno porqué mezquina razón (tan mezquina como la que la impulsó al agravio).

La abogada Carrió recibe impunidad durante las época en las cuales conduce su aparato de contrainteligencia destructiva y algún tipo de empatía en momentos en los cuales decide enviar los falsos ideológicamente mensajes de paz. 

No conozco a nadie en la vida política e institucional de nuestro país a quien se le haya permitido mayores niveles de contradicción, falta de coherencia, idas y vueltas. En definitiva, no conozco a nadie que soporte menos un archivo que la abogada Elisa Carrió, y que se beneficie tantas veces de que nadie decida someterlos al control de su propia historia política o trayectoria de convicciones personales. Lo que normalmente llamamos un archivo.

En el último año ha sido la boca más impune a la hora de insultar, deslegitimar, degradar a la gestión del actual gobierno nacional.

Hace unas horas, sin embargo, se acordó que al actual presidente hay que ayudarlo porque es SU presidente.

El 8 de septiembre de 2016 firmó una solicitada con figuras ilustres como el abogado Aguirre Saravia, el filósofo Federico Andahazi, el abogado Juan José Avila, el economista del derrame Nicolás Dujovne, el empresario Eduardo Elsztain, el patrón rural Luis Etchevehere, el abogado Alejandro Fargosi, el Ex Procurador Juan Gauna, el ex interventor en Santiago del Estero durante el gobierno de Néstor Kirchner en el año 2004 abog. Pablo Lanuse, el denominado constitucionalista, abog. Daniel Sabsay, en donde se pedía la remoción del Juez Rafecas con un argumento digno de una dictadura: la disconformidad con el contenido de un fallo desestimatorio de la famosa y ridícula causa del memorándum

Pero los compañeros de travesuras de la abogada Carrió hace unas horas se deben haber sorprendido con su nueva y gambeteadora aparición en la que solicita el apoyo de Rafecas en su candidatura para ser Procurador General de la Nación.

Rafecas no necesita apoyos como el de Carrió. Pero ese no es el verdadero problema al cual quiero referirme, sino, en todo caso, quiero expresar mi temor de que, por enésima vez, quienes han mantenido con coherencia la defensa del estado de derecho, premien, dejando que vuelva de este lado de la grieta a quien con estos 5 minutos de afecto político pretende hacer olvidar que por décadas no ha hecho más que destruir las bases del sistema institucional y de convivencia democrática.

Como decía un buen amigo mío, contrariando el refrán: “del ridículo (a veces) se vuelve, de la violación del estado de derecho y de la desvergüenza cívica, no”. 

La abogada Carrió ha dado muestras notables a los ciudadanos en relación al lado de la grieta cívica donde ella quiere ubicarse. No hagamos ni fomentemos mudanzas.