Calidad y Locura

Por Sebastián Ruiz.

“El que tomó Fernandito antes de los 16, no necesita tomar caña con ruda. Ya está cubierto de por vida.” Ese es uno de mis chistes favoritos. Si usted, que está leyendo esto, no conoce qué es el Fernandito, le recomiendo que mantenga esa incertidumbre. Sólo imagine: una bebida alcohólica, mezclada en botella de plástico y que sale más barata que la gaseosa más barata. Si lo batís, funciona como destapa cañerías.

Recordé este chiste porque la fecha lo amerita y porque ayer estaba escuchando música en la interne. Más precisamente en YouTube, que tiene un reproductor automático bastante raro e inentendible: venía escuchando Los Del Fuego y de la nada me tiró un guachín cantando “io tengo todo el moni, moni, moni. Mi carro tiene cuatro rueda, rueda rueda”. ¿Qué pasa, amigo? Pórtate bien. Además: ¿“mi carro”? Yo sabía que los dibujitos doblados a neutro iban a hacer mal; no me imaginaba qué tanto. Dicen que, si escuchas esos temas 3 veces seguidas, te crees un grone del Bronx, te tatúas la cara y a todo el mundo le decís “broder”.  – ¿Me haces una chocolatada, broder? – ¡Soy tu madre, pendejo, háblame bien!

Automáticamente saqué esa canción. “Tururuuuu turu tururuu”, empezó a sonar. “Amor, amor, amor…”, siguió. Cómo te voy a olvidar, de los Ángeles Azules. Se inyectó en mis oídos como una vacuna contra la gilada anterior. La música te saca a pasear y esto no era una excepción. Me llevó a mi dulce juventud, jugando un jueguito en la compu, que habíamos modificado y cuando te robabas un auto y prendías la radio, sonaba esa canción.

“¡Seba!”, gritó uno de los pibes desde la vereda. Yo salí y arrancamos para El Cuervo, un bar del oeste, bien del oeste, que queda frente a la plaza del cañón. “100% Calidad y Locura” es el slogan. Nos sentamos a tomar una birra y pedimos una hamburguesa. “La mía con chimi, Cuervo”, le dije. No se sabe aún qué contiene ese chimi, pero es una maravilla. La pibada más turbia pasa por ahí, pero era una especie de zona franca. Un “pido gancho” a los problemas de cualquier tipo o factor.

Yo he visto malandras de pura cepa decir “no, me estás dando mal el vuelto. Toma, me estabas dando cien de más”. También he visto alguna que otra situación un poco violenta. Como esa mesa de 3 amigos, que de repente se desconocieron y se empezaron a cagar a trompadas. “Yo tengo calle de tierra, gil”, le decía uno a otro, que mantenía una táctica de pelea un tanto particular: recibir golpes. El tercero, optó por una posición más neutra: se reía, me miraba y me decía “no pasa nada”. Era cierto, luego terminaron abrazados, llorando y brindando en nombre de una eterna amistad.

Yo iba por la hamburguesa y aprendí todo.

Párrafo aparte, literal, para Betty. La mamá del Cuervo, que nos “dejó” hace poquito. Ella nos atendía cuando íbamos. Bah, no sólo nos atendía, también nos aconsejaba y nos cuidaba. Será bien recibida por los fisuras que se pegaron una gira mucho más larga de lo común.