Calentá que entrás, la necesidad de gestionar la crisis

Por Julio De Vido (h).

El acuerdo de palabra entre las nuevas autoridades del ministerio de Agricultura, encabezado por Julián Domínguez, y la industria cárnica y entidades agropecuarias comenzó de forma temprana a mostrar rispideces por la demora en la ejecución y puesta en práctica de los términos y condiciones convenidos.

Domínguez se aseguró, previo a su nuevo desembarco en la cartera, todos los recursos y capacidades disponibles y disponer de la misma, además de entrar en calor su cintura política teniendo a las pocas horas de su asunción una cumbre con el ministro Kulfas para encauzar la resolución de la cuestión de la carne.

La secretaría de Comercio Interior mucho tuvo que ver en ese affaire al que ya nos hemos referido improvisando sobre la marcha e intentando comprender la estructura de la cadena de valor de la misma ubicándose como una especie de interlocutor ciego, sordo y mudo entre Desarrollo Productivo y Agricultura. Así como, aparentemente, en los últimos días dilatando la serie de normas y resoluciones que habilitarían nuevamente la exportación de vaca conserva a la República Popular de China, principal reclamo de la mesa de enlace y la industria frigorífica atendido por Domínguez. 

Ante esta situación es que la ahora ex secretaría de Comercio Interior Paula Español fue desplazada de su cargo y en su lugar aparece Roberto Feletti, cuadro económico del colectivo del pensamiento nacional y de un más que comprobado entendimiento de las cadenas de valor de nuestra economía, entre ellas, del sector agropecuario en su conjunto. A su vez se perfila como un articulador entre las voluntades políticas que hacen a la necesidad de mejorar la performance electoral de cara al 14 de noviembre para lo que se necesita un alto margen de maniobra y de gestión para volcar en la calle, las industrias y, fundamentalmente, las góndolas, el vuelco que le dé Domínguez a la política agropecuaria y lo que de esta derive en su frente interno.

A partir de todo lo sucedido en los últimos años que han ido desde cierres casi totales, exceptuando las cuotas país a aperturas totales sin más que una declaración jurada y carentes de toda planificación sectorial, hoy por hoy se discute y estará en manos de las nuevas gestiones tanto en Agricultura como de Comercio Interior, definir cuál será la política que marque, al menos, el cortísimo plazo, en la búsqueda de controlar los precios internos de la carne bovina con una economía con ingresos más que deprimidos, llegar a acuerdos que estabilicen la relación con el sector agropecuario a los fines de sostener una tensa calma en el contexto de restricciones que seguramente se sostendrán y a su vez brindarle un canal de ingreso de divisas a las magras cuentas nacionales.

Todos estos son ejes de gestión que podrían confluir en un desdibujado punto de equilibrio que se encuentra entre la búsqueda de aumentar la producción a través de sus diferentes caminos, aumento del rodeo o aumento del peso de faena, fortificar las capacidades de control del Estado en una conjunción entre las capacidades de la secretaría de Comercio Interior y el SENASA para evitar la internacionalización de los precios locales, o al menos de las categorías demandas por el mercado estrella del momento que es China y brindar algún tipo de horizonte para la cadena conformada por productores, industriales procesadores y consumidores locales y externos.

Entre otras cosas, en los últimos días mucho se habló sobre si existe una fórmula mágica que derive en un porcentaje de la producción que puede tener como destino la exportación, a modo de ejemplo, el 2007 configuró el año de mayor consumo interno de carne del siglo XXI, 69,43 kilos por habitante, 19 kilos más que en 2020, ese año se produjeron 3.217.000 toneladas, 10.000 toneladas menos que en 2020. En 2007 se exporto el 13,9% (447,469 tns.) de la producción, el precio promedio de la tonelada exportada era de 3264 dólares la tonelada. El precio promedio del asado en diciembre fue de $8,50, el dólar cerró el año a 3,17 por lo que el kilo de asado cotizaba 2,68 dólares, el salario mínimo eran $980, 310 dólares, 115 kilos de asado por salario mínimo. 

En el 2020 se exportó el 22,9% de la producción (738.945 tns.), el precio promedio de la tonelada exportada fue de 3943 dólares, precio del asado en diciembre rondaba los $560, el dólar oficial cerró el año en $86,65, 6,45 dólares el kilo, al blue a una cotización de $163, 3,43 dólares el kilo. El salario mínimo $20.547, 36,6 kilos de asado.

Este análisis rápido que seguramente lo único que hizo fue marearlos, plantea una serie de interrogantes a resolver por las autoridades. 

  • ¿A qué obedece la baja en el consumo per cápita de carne?
  • ¿Cómo compiten el precio interno y externo de la carne?
  • ¿Cómo se modificó la demanda de carne bovina a partir de la modificación de sus socios comerciales y como se configura la integración de la vaca en ese sentido?
  • ¿Existe realmente un porcentaje “de equilibrio” de saldo exportable?
  • ¿Hasta dónde se pueden abstraer las variaciones de los precios en este mercado de la situación macro?