Breves reflexiones sobre el 16 de septiembre de 1955: intereses, sentimientos y valores

Por Federico Dávila. Subsecretario de Relaciones Internacionales de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y Vicepresidente de la Internacional de Servicios Públicos (ISP).

En efecto, si hay un hecho en Argentina que expresa más acabadamente dichas palabras en el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955. Una fecha que simboliza, sin duda, un proceso que comienza mucho antes debido a los conflictos de intereses de aquella época y que tienen sus raíces profundas en la construcción de la Nación. Intereses reforzados por el odio, el egoísmo, la avaricia y una serie de sentimientos y valores a veces difíciles de describir en su total dimensión.

Así es, el peronismo, simbolizado en aquel revolucionario 17 de octubre de 1945, fue definido muy claramente Raúl Scalabrini Ortiz: “era el subsuelo de la patria sublevada” … su hecho fundacional. Un pueblo oprimido, olvidado y explotado que encontró una esperanza, un proyecto de emancipación y liberación nacional, que descubrió un líder universal y a su eterna abanderada. Un pueblo, la clase trabajadora, que supo qué es el amor, expresado y realizado en una construcción colectiva y que trascendía las fronteras de la Patria.

Pero, en esta oportunidad, prefiero resaltar centralmente los conflictos de aquella época en el ámbito internacional que incidieron en forma determinante en el acontecer nacional.

Al respecto, sintetizaría un escenario de posguerra, caracterizado por un mundo repartido entre las potencias vencedoras (EEUU, Gran Bretaña y la URSS), recordemos los acuerdos de Yalta y de Postdam, en el que no había espacio para en surgimiento de una nueva potencia industrial, económica, tecnológica, con desarrollo nuclear y, adicionalmente con una enorme cantidad de recursos naturales. Es un hecho que en los planes del nuevo orden mundial (bipolar) deberíamos seguir siendo un país con una matriz productiva agroexportadora: “el granero del mundo”, el sueño eterno de la oligarquía terrateniente existente.

Pero adicionalmente, a este “pecado” del peronismo debemos sumarle otro también muy significativo en términos geopolíticos: el proyecto de Unidad Latinoamericana y la internacionalización de la Revolución Justicialista.

Y es de destacar que en ese sentido, hubo acciones concretas muy elocuentes: la creación de curso de Elevación Cultural a los dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT), la nueva Ley de Servicio Exterior que incorporaba los Agregados Obreros en las embajadas, la creación del ATLAS (Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas), central sindical de la Tercera Posición, el acuerdo de integración ABC (Argentina, Brasil y Chile), y los acuerdos de la Cuenca del Plata que incluían a Bolivia y Paraguay, entre otros.

Dicho esto, podemos concluir que se dieron tres condiciones inaceptables para el establishment de la época y que entiendo son las principales causas de ese 16 de septiembre: un pueblo organizado en base a la clase trabajadora, un proyecto nacional de industrialización (ISI)[1] y un proceso de integración geopolítica regional. Causas que, sin duda alguna, continúan determinando en gran medida las tensiones y conflictos actuales.

Hechas estas breves reflexiones, me gustaría concluir recordando un párrafo del general Juan Domingo Perón, en “La fuerza es el derecho de las bestias”, escrito en Paraguay y Panamá entre 1955 y 1956 durante sus primeros años de exilio y en el que se expresa su más profundo sentimiento ante la posibilidad de haber resistido el golpe de estado:

Amo demasiado al pueblo y hemos construido mucho en la patria para no pensar en ambas cosas. Sólo los parásitos son capaces de matar y destruir lo que no son capaces de crear

Juan Domingo Perón, en “La fuerza es el derecho de las bestias”

Y más adelante reflexionaríaentre el tiempo y la sangre elegí el tiempo”. Y otro en donde don Arturo Jauretche describió con mucha precisión los sentimientos de la época:

La multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor”

Arturo Jauretche

[1] Industrialización por Sustitución de Importaciones