¿“Barril criollización” del agro?

Por Julio De Vido (h).

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Una vez más Argentina supedita su política económica y de desarrollo de mediano y largo plazo a restricciones que ya poco tienen de coyunturales por el solo hecho de que se suceden en un intervalo de tiempo cada vez menor.

Tras los anuncios de la semana anterior por parte de la autoridad monetaria, que cada vez se asemeja más a la AFIP que al BCRA, sobre las nuevas restricciones en compra de divisas extranjeras que dejaron a siete de cada diez demandantes sin acceso al dólar para atesoramiento, esta semana se sumaron las medidas orientadas a fomentar el ingreso de divisas originados fundamentalmente en el sector primario, agro y minería.

El paquete consiste básicamente de un esquema de baja temporal de derechos de exportación de mayor a menor desde el mes en curso hasta el 31 de diciembre, además se volvió a poner sobre la mesa la instrumentación de las devoluciones de retenciones a pequeños productores de soja anunciadas allá por marzo, en la previa del inicio de la cuarentena, medida que tuvo un bajo nivel de ejecución.

De todo el paquete presentado en el salón de las Mujeres Argentinas de la Casa Rosada hay dos puntos interesantes para destacar:

El compromiso para fomentar los flujos de Inversión Extranjera Directa de permitirles a los capitales tener acceso al Mercado Único y Libre de Cambio un año después de realizada la inversión.

La formalización de la utilización de yuanes para operaciones de comercio exterior con China y aquellos países que acepten su uso en este tipo de transacciones. No, al margen de los memes en las redes sociales, no vamos a poder ahorrar en yuanes.

La primera claramente refiere al espíritu de cualquier proyecto de inversión impulsado por un agente privado que busca del mismo una rentabilidad legítima que es el solo hecho de poder disponer de los frutos de la misma y remitirlo a sus casas matrices, la habilidad del gobernante se encuentra en generar el contexto para la re inversión de utilidades en suelo argentino y en el rubro al que se orienten esos capitales pero a priori se realizaba muy poco probable un flujo razonable de ingreso de capitales productivos sin medidas que les posibiliten a los capitalistas la libre disposición de sus recursos.

La segunda es consecuencia del fracaso de la autoridad monetaria en dolarizar los fondos del swap chino, mucho tendrá que ver la geopolítica en este punto, sin embargo a los efectos productivos y del análisis de las cadenas de valor se podría verificar que una importante cantidad de bienes de capital e intermedios para la producción de gran parte de los sectores de la economía provienen del gigante asiático por lo que la medida de ser correctamente instrumentada podría tener un impacto positivo en la sangría de dólares de la institución monetaria.

Volvamos al agro, ya es una norma que cualquier medida orientada al sector desde un gobierno del corte ideológico del actual nunca suele ser recibida con festejos ni grandes discursos de agradecimiento, más bien todo lo contrario. Desconfianza, bronca, aversión política, desconocimiento y hasta odio son algunas de las condiciones que generan esta ruptura de coordinación entre el sector gobernante y el sector agropecuario.

En esta oportunidad se suma un nuevo actor institucional, al cual ya hemos traído a esta sección, que es el Consejo Agroindustrial Argentino, el cual por las expresiones de algunas de las entidades que lo integran parece nuevamente haber quedado dominado por los intereses de las grandes cerealeras y aceiteras, los actores de mayor poder económico en la conformación del Consejo.

A la permanente ausencia de la Sociedad Rural en la integración del mismo se suman las amenazas de los dirigentes de CRA y de Federación Agraria de dejar sus sillas en la conformación del mismo tras entender que se dejaron al margen de la discusión a los productores entendiendo esto por la renovación del diferencial de retenciones a favor de los productos de mayor valor agregado.

Independientemente de las internas del sector lo que vale la pena analizar es el detrás de escena de los anuncios, básicamente refieren al compromiso, seguramente asumido por las grandes compañías asentadas en Rosario y sus alrededores, de adelantar compras de grano para procesamiento por un número desconocido que va desde el promedio histórico de los últimos cinco años de liquidación de divisas por industriales y aceiteras para el mes de octubre que es de $ 1.486.000.000 de dólares hasta esa cifra mágica que anda dando vueltas por distintas voces de 7/8 mil millones de dólares que se dicen estar almacenados en el campo.

Eso miles de millones de dólares expresados en producción se trataría de unas 17/18 millones de toneladas, de ese total unas 8 millones corresponden a lo que se denominan stocks, componente de cualquier actividad económica, por lo que automáticamente el saldo se reduce a unas 10 millones de toneladas por lo que el número en divisas se reduciría a unos 4 mil millones de dólares, monto agregado que se acerca bastante al promedio de liquidaciones del sector entre los meses de octubre y diciembre, sin considerar mismo período del año 2019 que presentó extraordinarias liquidaciones ante el compromiso de campaña de Alberto Fernández de aumentar los derechos de exportación por lo que el sector anticipó sus ventas.

Hay un componente adicional en el saldo final al que llegamos de los 10 millones de toneladas que el gobierno espera sean liquidadas en octubre por la baja temporal de retenciones. Este mes no se trata de uno de los de mayor gasto en el sector dado que las campañas de soja y maíz ya debieran estar planificadas y financiadas, no se debe afrontar la costosa labor de cosecha, los incentivos para vender son pocos, un 4% en pesos solo para el mes de octubre frente a una brecha cambiaria que se acentúa esta vez impulsada por el BCRA que modifico su esquema de depreciación diaria.

El componente adicional al que hacía referencia al principio del párrafo anterior es al hecho que buena parte del grano almacenado corresponde al sector propietario de la tierra, teniendo en cuenta que alrededor de un 70% de la producción se realiza sobre tierras arrendadas y buena parte de dichos contratos se cancelan en grano, hay un sector, el que posee el recurso tierra, que financieramente se puede sentar a esperar tanto a una mejora en los precios internacionales como a especular con una depreciación de la moneda cada vez más anunciada y hoy por hoy ejecutada día a día por la autoridad monetaria.

Esperando, con ciertas dudas, los buenos resultados de las medidas, nuevamente se cae en una política cortoplacista a la que me atrevo a llamar la “barril criollización” del agro, aumentos coyunturales y ficticios en la rentabilidad de ciertos sectores, y claro luego reclamados una y otra vez, que distan de una política sostenida de aumentos en la producción, fomentos a la inversión en tecnología y herramientas de acceso al crédito.