Auctoritas

Por Gustavo Morato.

Diez años antes  del nacimiento de  la  actual senadora y ex jugate conmigo, Felicitas Beccar Varela,  sus tíos junto a los compañeros de ruta de aquel momento,  produjeron un hecho  que no por su relieve político sino por su ridiculez merece ser recordado.
Fue  durante  el mes de julio del año 1966 mientras se realizaba  la inauguración oficial de  la exposición anual de la Sociedad Rural Argentina.
Asistió a esa inauguración quién era el presidente de la Nación en ese momento,  el dictador Juan Carlos Onganía, que acudió a tal evento montado en  una carroza  que había pertenecido a la infanta Isabel.
Ese mismo día, en la puerta de entrada de la exposición un pequeño grupo de personas repartía volantes que interpelaban al Presidente de facto.

Encabezaban la comparsa con estandartes de leones rampantes incluidos, los Beccar Varela. Eran los más reconocidos miembros de la ultra montana y oligárquica secta llamada Tradición, Familia y Propiedad (TFP) cuya sede se ubicaba en un palacete de la avenida Figueroa Alcorta.

El vocinglero y  pequeño grupo entregaba a los asistentes panfletos dirigidos al presidente dónde se leía : ¡¡¡No a la reforma agraria!!!
¿Supondrían los  integrantes del grupúsculo que Onganía  era un infiltrado del marxismo Internacional  que venía imponer el comunismo en estas tierras?
No nos debería  extrañar entonces, que la ex jugate conmigo ahora devenida en senadora provincial y admiradora de la ideología de sus tíos,  fuera la que impulsara, 40 años después de aquel hecho, la raquítica y delirante marcha contra el comunismo de Alberto Fernández.
Pero más allá de la anécdota se hace necesario  hilar más fino: creo que Felicitas Beccar Varela no es más que un mascarón de proa esperpéntico de los poderosos.
Este club de los poderosos, los «dueños de la Argentina», presionan hoy al gobierno en dos direcciones: terminar con la cuarentena y rendirse a las exigencias de los acreedores de la deuda externa (algunos de los socios de este club son también poseedores de títulos de deuda).
Con la excusa de su preocupación por los sectores que objetivamente viven una situación muy dificultosa  y a los cuales ellos nunca le han prestado la mínima atención,  y contando con la complicidad de  algunos medios de comunicación,  quieren forzar a los trabajadores a su vuelta a los puestos de trabajo en cualquier condición, sin importarles ni la salud ni la vida de nadie.

Como bien lo expresa Jorge Alemán, la pandemia ha puesto al desnudo que la riqueza no la generan abstractamente las empresas, ni los Ceos, ni los gerentes, sino los trabajadores.

Si ellos no están no hay generación de riqueza posible.

Por otro lado, los grandes grupos empresarios, encabezados por Paolo Roca- no podía ser de otra manera- exigen que la Argentina no entre en default y «honre» los compromisos de la deuda externa.

Ha quedado claro que la propuesta de pago de la deuda externa Argentina, que ha realizado el gobierno, es una propuesta de buena fe y de máxima racionalidad.  Esto le ha valido el apoyo de referentes de la economía mundial y hasta del propio Fondo Monetario Internacional.
La exigencia del pago de la deuda tal cual lo plantean los grupos económicos concentrados, traería como consecuencia un ajuste inédito,  mayores niveles de pobreza  y una situación  de fractura y descontrol social cuyo único destino sería una represión despiadada.
Ante esto el gobierno viene respondiendo con determinación, firmeza y a su vez con flexibilidad.

Ha evitado inútiles polémicas subalternas esquivando las provocaciones, lo que le ha permitido rodearse de un consenso que supera ampliamente la alianza que le posibilitó ganar las elecciones.

Más allá de la potestad institucional que el gobierno tiene por haber sido elegido democráticamente, ahora ostenta la auctoritas.

Los antiguos  romanos entendían que la auctoritas,  la poseían aquellas personas o instituciones que tomaban decisiones legitimadas socialmente, es decir que estaban rodeadas de consenso social.

Nuestra tarea entonces es acompañar activa y militantemente las políticas del gobierno, relegando  cuestiones  secundarias que puedan debilitar esta auctoritas.

Se hace necesario no sólo para enfrentar en esta etapa a la pandemia, protegiendo la vida de nuestros compatriotas, sino también a futuro.

Vamos a necesitar el máximo de consenso posible para defender las medidas excepcionales y necesarias que seguramente tendrá que tomar el Gobierno  para reactivar y maximizar la producción nacional.