Argentina y Chile, una profunda hermandad

Por Santiago Cafiero y Andrés Allamand

Chile y la Argentina comparten lazos de fraternidad desde sus orígenes como repúblicas, en los albores del siglo XIX.

La historia que nos hermana se forjó en las luchas de independencia encabezadas por Bernardo O’Higgins y José de San Martín, cuyos destinos se unieron en las gestas de Chacabuco y Maipú y en el Ejército Libertador del Perú.

Ya en el siglo XX, un gran hito fue el Tratado de Paz y Amistad de 1984. El 29 de noviembre pasado se cumplieron 37 años de ese instrumento que permitió cimentar la paz entre Argentina y Chile. La conmemoración cobra más relevancia aún si recordamos que nuestros países llegaron al Tratado de Paz luego de momentos álgidos que nos acercaron al abismo de un conflicto armado.

 Desde entonces la Argentina y Chile consolidaron un proceso de integración sin precedentes. Pasamos de garantizar la convivencia a ejercer una voluntad sostenida de configurar una relación de naturaleza estratégica.

 En el siglo XXI, el Tratado de Maipú de 2009 representó otro eslabón central en la estructura de la relación bilateral. Reflejó la decisión firme de ambas naciones de avanzar hacia una mayor integración binacional, con nuevos mecanismos y espacios de cooperación.

 La Argentina y Chile tienen hoy una vinculación de notable diversidad y densidad en distintas áreas bilaterales. Es una base sólida para proyectar el futuro. Citemos, por ejemplo, los avances registrados en los últimos 30 años en materia de infraestructura física y conectividad. La facilitación fronteriza. El aumento del comercio y las inversiones. La integración subnacional entre las provincias argentinas y las regiones chilenas. La cooperación en ciencia, tecnología y cultura. O los circuitos turísticos integrados. Otro tanto podemos señalar en el ámbito de la seguridad y la defensa. Comenzamos construyendo confianza. Llegamos a integrar la fuerza binacional conjunta Cruz del Sur.

En el continente antártico nuestros países también cooperan intensamente. Las Fuerzas Armadas llevan adelante todos los años una Patrulla Combinada y promovemos la creación de una Área Marina Protegida en la península antártica, una de las iniciativas más relevantes en materia de protección de la biodiversidad a nivel mundial. La colaboración alcanzó gran profundidad. Acaba de realizarse la XX Reunión del Comité Ad Hoc Argentina-Chile sobre Cuestiones Antártica, con eje en la asociación estratégica en materia de investigación científica.

 La visita de Estado del Presidente Alberto Fernández a Chile, en febrero de este año, representó otra instancia relevante de nuestras relaciones. Los gobiernos acordaron un trabajo conjunto para reactivar las economías y mitigar los efectos de la pandemia. También firmaron acuerdos para facilitar la vida cotidiana, el comercio y el turismo, como el de Reconocimiento Recíproco y Canje de Licencias de Conducir y controles integrados de frontera. Y se convino en impulsar el Proyecto Humboldt, primer cable submarino que unirá a América del Sur con Asia y Oceanía. Además, la Declaración Presidencial suscripta por los mandatarios Sebastián Piñera y Alberto Fernández configura una Hoja de Ruta para continuar perfilando una agenda de futuro. Así podremos insertar el proceso de integración entre la Argentina y Chile dentro del complejo escenario internacional.

 En relación con la Cuestión Malvinas, Chile mantiene una invariable posición de respaldo a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina y de apoyo a la necesidad de encontrar, a la mayor brevedad, una solución pacífica y definitiva a la disputa de conformidad con las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas y otros foros regionales y multilaterales. Los dos gobiernos son conscientes de que ese planteamiento constituye para Chile una verdadera política de Estado que concita la unanimidad de todos los sectores políticos.

Es importante señalar que cualquier controversia que pudiere existir entre uno y otro país debe ser solucionada en el marco del diálogo y la solución pacífica de las controversias, tal como lo dispuso, justamente, el Tratado de Paz y Amistad de 1984.

Ninguna desavenencia ocasional puede alterar la amistad profunda entre nuestros países: se apoya en un macizo entramado que fuimos construyendo paso a paso durante décadas. Ese entramado es la garantía de nuestra relación futura en beneficio de nuestros pueblos.